sábado, 30 de noviembre de 2019

La reducción de los gastos en personal en el SNS coincide con el aumento del gasto farmacéutico y se traduce en aumento de la Lista de Espera

Entre junio de 2009 y junio de 2019 la Lista de Espera (LE) para ser atendido en el Sistema Nacional de Salud  (SNS) ha aumentado de forma importante. Para intervenciones quirúrgicas se ha pasado de un Tiempo Medio de Espera de 63 días a 115 días. Si en 2019 estaban en lista de espera quirúrgica 9,42 de cada 1.000 personas, ahora están esperando 14,85 /1000. Al mismo tiempo las personas que están esperando más de 6 meses para ser operados han pasado de un 4,99% del total a 15,8% del total.

Este aumento del tiempo que los pacientes deben esperar les provoca sufrimiento, pérdida de autonomía y, en algunos casos, un deterioro de la salud con consecuencias muy negativas.

La razón principal de este aumento de la LE es el desajuste entre la oferta y la demanda. Los recortes de gasto sanitario producidos en 2009 no se han recuperado. El gasto en Personal, en moneda constante, en los centros de atención especializada del SNS pasó de 24.830 millones de euros en 2010 a 22.793 millones de euros en 2017. Esto supone 2.037 millones de euros menos, un 8,2%, equivalente a los salarios de muchos profesionales sanitarios.

Sin embargo, en el mismo periodo, el gasto farmacéutico en hospitales del SNS pasó de 4.836 millones de euros a 6.376 millones, 1.540 millones más, un 31,84% más. Este aumento se debe, fundamentalmente, a los precios excesivos e injustificados de los nuevos medicamentos. Al haberse recortado el gasto sanitario público, el aumento injustificado de gasto farmacéutico resta de otras partidas, como personal, y está deteriorando la capacidad de respuesta del SNS, uno de cuyos efectos son las Listas de Espera.

Evolución de las Listas de Espera en el SNS 2009-2019

Junio 2009
Junio 2019
% variación
Tiempo Medio Espera, días
63
115
+79%
% personas que esperan + 60 días
4,99%
15,8%

Personas en Lista de Espera / 1000 h 
9,42
14,85

Fuente: Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Sistema de Información sobre Listas de Espera en el SNS.

Evolución de los Gastos de Personal y de Farmacia en Hospitales públicos del SNS. 2010-2017

2010
2017
Difer. Absol.
Difer. %
Gasto de Personal
24.830
22.793
-2.037
-8,2
Compras de Farmacia
   4.836
   6.376
+1.540
+31,84
Fuente: Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Sistema de Información de Atención Especializada. Información Estadística de Hospitales. Estadística de Centros de Atención Especializada. Millones de euros en moneda constante.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El presidente de los médicos de familia ingleses considera que los médicos sobre-prescriben estatinas y otros medicamentos porque están bajo presión

El doctor Martin Marshal, presidente del Royal College of General Practitioners considera que los médicos hacen sobre-diagnóstico y sobre-tratamiento (tests y medicamentos). https://amp.theguardian.com/society/2019/nov/26/rcgp-chair-martin-marshall-gps-do-less-patients-nhs-under-pressure?__twitter_impression=true

Por ejemplo, señala que se sobre-utilizan las estatinas y los antibióticos para situaciones que podían tratarse de otra forma o que no necesitan intervención farmacológica o médica.

La razón, en parte, es la falta de tiempo, la falta de condiciones para hacer un buen trabajo.

Es importante, según Marshal, reducir o eliminar el uso de tratamientos donde la evidencia sugiere que no funcionan, o no funcionan suficientemente bien para justificar el uso de recursos costosos, o pueden tener efectos adversos más perjudiciales para el paciente.

“Un Médico de Familia necesitaría 10 a 15 minutos para explicarle a un paciente que no necesita estatinas, pero como no tienen tiempo y están bajo presión, algunos médicos deciden el camino más fácil de prescribir el medicamento”.

Es un círculo vicioso. También en España vemos como se han disminuido los recursos para profesionales de Atención Primaria y ha aumentado el gasto farmacéutico. Y al aumentar el gasto farmacéutico se reducen los recursos disponibles para contratar personal y ofrecer unas condiciones de trabajo estables y dignas. Es necesario romper ese círculo.

¿Por qué la Iniciativa Legislativa Popular "Medicamentos a un precio Justo"?

Varias Organizaciones de la Sociedad Civil hemos planteado una iniciativa legislativa popular con la intención de cambiar la Ley del Medicamento y facilitar al gobierno herramientas para poder frenar la escalada de precios de las medicinas.

La razón es que si no cortamos la hemorragia de los altísimos precios de los nuevos medicamentos la sanidad pública se va a desangrar (y nosotros con ella). Analicemos la situación con detalle.

1.- Los precios de los nuevos medicamentos están aumentando de forma descontrolada desde hace años

EL PROBLEMA

.- Los precios de los nuevos medicamentos son una verdadera hemorragia para el Sistema Nacional de Salud. Los últimos tratamientos aprobados en 2019 tienen un precio de más de 300.000 euros por paciente. Ahora se anuncia para el año que viene un medicamento con un precio de 2 millones de euros. El gasto en medicamentos hospitalarios ha aumentado un 31% entre 2014 y 2018 y sigue subiendo. Si continúa esta escalada de precios de medicamentos contra el cáncer, las enfermedades neuromusculares, las enfermedades reumáticas, las enfermedades cardíacas y otras, no vamos a poder pagarlas.

.- Estos precios no tendrían que ser tan caros. El coste de fabricación es mucho menor. Y el coste de investigación no tiene nada que ver con los precios. Los precios son especulativos, lo máximo que la empresa pueda cobrar: 10, 100 y en ocasiones 1.000 veces más caro que los costes de fabricación e investigación. Por ejemplo, el coste de fabricación de los nuevos medicamentos para la Hepatitis C es de 100 euros por tratamiento. El coste de investigación, repartido entre todos los tratamientos que se van a vender en 20 años sería de 200 euros por tratamiento. En total 300 euros por tratamiento. En España hemos pagado una media de 19.000 euros por tratamiento. Como hemos tratado a más de 130.000 pacientes deberíamos haber pagado 39 millones de euros y hemos pagado 2.500 millones. Es injusto. Es abusivo. Y así ocurre con el resto de los nuevos medicamentos. ¿Pagaríamos 19.000 euros por un teléfono móvil que cuesta 300?

.- Las empresas farmacéuticas, con estos precios abusivos, tienen enormes ganancias: más de un 40% sobre ventas, frente a un 5% sobre ventas de las otras empresas industriales. Y eso incluye los gastos de investigación y todos los gastos. Ese exceso de beneficio se dedica en buena parte a marketing, a propaganda, y a presión sobre políticos, médicos y opinión pública. Con esa presión consiguen mantener el actual sistema de fijación de precios. Y consiguen también que los médicos prescriban más medicamentos y más caros. También destinan parte de las ganancias a recomprar acciones y aumentar la remuneración millonaria de los altos ejecutivos.

.-La industria farmacéutica invierte un 16% en investigación pero gasta más de un 23% en marketing. Ese gasto en publicidad y lobby, más de 35.000 millones de euros en la UE es innecesario y sale de unos beneficios injustos que pagamos los pacientes y los sistemas de salud. Gran parte de la investigación innovadora (el 75%) se hace en centros de investigación públicos, con financiación pública. Muchas veces las empresas compran los resultados de investigación de los equipos públicos a precio de coste y luego ponen precios abusivos a los medicamentos desarrollados.

.-Los altos precios hacen que a veces los sistemas de salud no puedan pagar y retrasen la aprobación de los nuevos tratamientos. O establezcan un racionamiento (solo para los más graves). Los altos precios de los nuevos medicamentos hacen que las compañías retiren los medicamentos más baratos, que son igual de eficaces en muchos casos: se producen desabastecimientos y se fuerza a recetar los más caros. 

.-La presión sobre los médicos, con las ganancias excesivas por los altos precios, hace que a veces se recete de forma innecesaria, provocando efectos adversos innecesarios. En la Unión Europea mueren más de 100.000 personas al año por efectos adversos evitables de los medicamentos.

.-El precio excesivo de los nuevos medicamentos hace que los gobiernos pongan copagos a los pensionistas y quiten la financiación pública a muchos medicamentos útiles, para que en vez de pagar el sistema de salud se lo pague cada uno. Por este motivo más de 1.400.000 personas no pudieron comprar las medicinas que les habían recetado en la sanidad pública en 2018. Y esto no es en un país pobre. Es en España.

.-El exceso de gasto en medicamentos, por precios injustos y prescripción innecesaria, se resta al gasto en personal, en equipos médicos, en instalaciones, en servicios sociales, en dependencia, en prevención de la enfermedad, en promoción de la salud y la autonomía personal. De esta forma se deteriora la calidad de la atención sanitaria y de la los servicios sociales públicos y aumentan las listas de espera, provocando sufrimiento innecesario y muertes evitables.

.-Si se mantiene esta situación en los próximos años la sanidad pública va a quebrar o a sufrir un deterioro muy grave, con lo que cada uno, si puede, tendrá que pagarse la sanidad privada, incluyendo los medicamentos.

LA CAUSA: el monopolio de las patentes y otras “exclusividades”

.-La causa de los altos precios de los nuevos medicamentos es monopolio de las patentes y otras exclusividades, que permite a las empresas imponer su precio. Las patentes de medicamentos estuvieron prohibidas mucho tiempo para evitar que se produjera este problema. Pero en 1992 se empezaron a aplicar en España y en 1994 se generalizaron en todo el mundo, por la presión de la industria farmacéutica. A partir de entonces las empresas tienen un monopolio durante 20 años y pueden subir los precios de forma exagerada. 

.-Los gobiernos no han podido controlar el aumento de los precios. El monopolio se concedía para que con esos sobreprecios la empresa pudiera pagar los costes de investigación durante 20 años. Pero las empresas recuperan esos costes mucho antes (en uno, dos o tres años), debido a los altísimos precios, y luego todo son ganancias.

LA SOLUCIÓN: poner un precio justo a los medicamentos.

.-A medio y largo plazo es preciso alcanzar un nuevo acuerdo internacional sobre acceso justo a los medicamentos en el marco de la UE y de Naciones Unidas. Este marco debería volver a prohibir la utilización de patentes en medicamentos, quitando el monopolio que permite el abuso de la industria. La financiación de la Investigación tiene que hacerse con fondos públicos y de entidades sin ánimo de lucro, a través de un Fondo Global, con fijación de prioridades en función de necesidades de salud, y con investigación abierta y colaborativa. Las empresas deben fabricar a precio de coste, con un beneficio industrial razonable, en torno al 5%. 

.-Entre tanto es importante aumentar la capacidad de negociación de las Administraciones Públicas y de los Servicios de Salud para negociar y fijar precios justos con la máxima transparencia posible. Para ello hemos propuesto la Iniciativa Legislativa Popular “medicamentos a un precio justo”.


2.-Existen importantes conflictos de intereses en medicina que pueden influir en los altos precios y en la prescripción inapropiada.

EL PROBLEMA

En 2017, la industria farmacéutica gastó en España 182,5 millones de euros en pagos a profesionales sanitarios en pagos directos e indirectos, que incluyen honorarios y abonos por viajes, cuotas de inscripción a congresos y jornadas. Además, 18 profesionales sanitarios recibieron más de 50.000 euros de un único laboratorio. Sumado a lo que recibieron de otras empresas farmacéuticas, el total percibido ascendió a 1,6 millones de euros, de los que más de 1 millón de euros correspondió a honorarios. Durante ese mismo período de tiempo, la industria farmacéutica abonó 130,5 millones de euros a las sociedades científicas y médicas. En 2016, por su parte, los laboratorios gastaron casi 6 millones de euros en patrocinios, donaciones o servicios a diferentes asociaciones de pacientes del territorio español. 

La publicación de los pagos, que la industria describe con el eufemismo de "transferencias de valor", está regulada por las propias farmacéuticas. Y ello porque no existe ninguna norma que desarrolle la regulación de estos vínculos económicos por parte de las administraciones públicas. Pese a que la publicidad sobre las transferencias destinadas a viajes y congresos ya fue incluida en el artículo 78 del Real Decreto Legislativo 1/2015, de 24 de julio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios, no se ha realizado un reglamento que regule estos pagos, tal y como prevé la ley. 

Por este motivo, es la propia industria farmacéutica la que establece cómo se lleva a cabo la publicación de los pagos que ella misma realiza. La Federación Europea de las Asociaciones e Industria Farmacéutica (EFPIA, en inglés) aprobó un código en 2013 para dar a conocer las transferencias, que fue adoptado por Farmaindustria, la patronal española. En nuestro país, los pagos se publican desde el año 2016 y, desde 2018, se comenzaron a difundir los datos personales de todos los profesionales sanitarios que reciben transferencias de los laboratorios. 

De este modo, cada compañía farmacéutica publica de forma individual los pagos que realiza a organizaciones y profesionales sanitarios. Sin embargo, los laboratorios deciden cómo se realiza esta difusión y su publicación en los formatos actuales no ayuda a comprender en qué contexto se realizan las transferencias ni promueve la transparencia. Ello se debe a la falta de regulación por parte de la administración pública, al contrario de lo que sucede en otros países, como Francia, Bélgica y Estados Unidos. Allí sí existen normas que establecen cómo ha de llevarse a cabo la publicación de estos vínculos económicos. 

LA SOLUCIÓN

Que las transferencias relacionadas con la fabricación, elaboración, distribución, prescripción y dispensación de medicamentos y productos sanitarios, que engloben tanto pagos directos, en forma de honorarios, ofertas de premios y becas, como indirectos, en forma de contribuciones y subvenciones que supongan el abono de viajes, desplazamientos y cuotas de inscripción a reuniones, congresos, viajes de estudio y actos similares, se publiquen en la forma en la que se determine reglamentariamente. Además, se deberá difundir las fuentes de financiación en los artículos científicos, programas, publicaciones de trabajos y ponencias de reuniones, congresos y actos similares. 


3.-Hay opacidad en las razones para aprobar un medicamento y fijar su precio, así como en los precios reales que se pagan en la compra pública.

EL PROBLEMA

En la actualidad, la compra de productos farmacéuticos está regulada por la Ley de Contratos del Sector Público, es decir, no cuenta con una normativa específica que determine de forma específica cómo se realizan estos procedimientos. En otras palabras, la adquisición de productos farmacéuticos se rige por la misma legislación que regula cualquier contrato de suministros. Sin embargo, y pese a que existe la obligación de difundir los precios unitarios a los que se adquieren los fármacos, lo normal es que se oculte el precio real que se paga por los medicamentos. ¿El motivo? Los acuerdos de confidencialidad con las compañías farmacéuticas, que impiden que las administraciones públicas difundan los precios negociados con los laboratorios.

Otro problema importante es la opacidad existente en las negociaciones entre las administraciones públicas y la industria farmacéutica. En ese sentido, el Ministerio de Sanidad publica en la actualidad los precios máximos que está dispuesto a abonar por la compra de cada medicamento, un resumen de las sesiones donde se delibera acerca de estos precios y la composición del ente que regula estas cifras, la Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos. Sin embargo, existe mucha opacidad sobre qué precios reales pagan los laboratorios, los documentos y los acuerdos que se alcanzan en dichas reuniones o los conflictos de intereses sobre los participantes.

LA SOLUCIÓN

En primer lugar, que el Ministerio publique una fuente pública de información, de la forma en la que se determine reglamentariamente, donde se den a conocer los datos sobre la adquisición de medicamentos por parte de las diferentes Administraciones públicas. Esta base de datos debe publicarse en formato abierto y reutilizable e incluirá de forma específica los precios unitarios por los que se han licitado y adjudicado los medicamentos, además de los datos relativos a su identificación, como código nacional, principio activo, forma farmacéutica y empresa farmacéutica, junto con la información adicional que se determine reglamentariamente.

En segundo lugar, que se dé a conocer la información exhaustiva acerca de las negociaciones y los acuerdos establecidos en la Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos. Así, se deberá publicar el orden del día de las reuniones, las actas completas de las sesiones, el listado de asistentes y la relación completa de conflictos de intereses, los documentos aportados de cada producto farmacéutico para el debate y la decisión de financiación o no financiación del mismo, el debate sobre la fijación de precio y la relación de este precio con los costes reales (auditados) de fabricación y de investigación, así como los resultados de las votaciones sobre la decisión de financiar o no cada medicamento, y sobre el precio.


LA ILP PROPONE CAMBIAR LA LEY DEL MEDICAMENTO PARA LOGRAR

            1.Que los precios se fijen en relación con el coste de fabricación y los costes de investigación debidamente auditados.

            2.Que la negociación sea transparente. Las empresas deberán facilitar toda la información sobre estos costes al gobierno y el gobierno deberá publicar esta información, así como la deliberación seguida para fijar el precio. La información es poder. Y la transparencia en asuntos tan importantes es un derecho de ciudadanía. 

            3.Que se publiquen los pagos realizados a profesionales sanitarios, tanto directos como indirectos, para prevenir y evitar conflictos de interés.

            3.Que se cree un fondo para financiar investigación y formación independiente, para que ni los médicos ni las asociaciones de pacientes tengan que ser patrocinados “por las empresas” (con el dinero que les damos los pacientes y los sistemas de salud a través de los sobreprecios). Este fondo se financiará con el dinero ahorrado al fijar precios más justos, y con aportaciones por volumen de ventas de medicamentos al Sistema Nacional de Salud. 


EN DEFINITIVA

.-La ILP pretende lograr un debate social importante, que permita movilizar un apoyo a las medidas que los gobiernos adopten para fijar precios justos. Solo de esta manera podremos mantener y mejorar una sanidad pública de calidad y para todos.

.-Para que se discuta la ILP en el Congreso de los Diputados es preciso reunir 500.000 firmas entre ahora y finales de junio de 2020.

.-Gracias a la ILP se podrían destinar 1.500 millones de euros anuales al fondo de investigación y formación independiente. En el medio y largo plazo, el ahorro en el gasto excesivo en medicamentos alcanzaría los 8.000 millones de euros anuales respecto al gasto actual.

Los precios abusivos de los medicamentos se explican por la “necesidad” de aumentar las ganancias, no por los costes de la Investigación ni de fabricación.

La revista Neurology publica un interesante estudio de la Oregon Health & Science University (OSHU), titulado “Estudio cualitativo sobre el precio de los medicamentos para la Esclerosis Múltiple”. El estudio está realizado por Daniel Hartung, L Alley, K Johnston y Dennis Bourdette (1).

Se realizaron entrevistas estructuradas a cuatro ejecutivos de la industria farmacéutica responsables de la fijación de precios de nuevos medicamentos para la Esclerosis Múltiple. Preguntados por cuáles eran las razones del crecimiento de los precios, comprobaron, en palabras de Dennis Bourdette, director del Centro para Esclerosis Múltiple de la OSHU y coautor del artículo, que “lo que está provocando el aumento de los precios de los medicamentos es la carrera para ganar más dinero y nada más”.

Uno de los ejecutivos explica: “Yo diría que la razón para los precios altos es puramente maximizar las ganancias” y procurar el crecimiento de la empresa que nos reclaman los accionistas. Los costes de fabricación y de investigación no tienen una influencia significativa en los precios.

Según estos ejecutivos, los altos precios iniciales se fijan teniendo en cuenta los altos precios que ya se están pagando por otros medicamentos. Señalan que si ponen un precio menor parecería que su medicamento es de inferior calidad. 

De esta forma se consolida la escalada imparable de precios, basándose en precios existentes que ya eran abusivos e injustificados y cuya única justificación era también maximizar las ganancias.

Como señala Erik Robinson, al comentar este artículo en la página web de OSHU: lo que impulsa el crecimiento de los precios de los medicamentos para la Esclerosis Múltiple es aumento de los beneficios (2).

Ya era algo conocido, pero es conveniente que los profesionales sanitarios y la sociedad sean conscientes de ello para animar a los gobiernos a cambiar esta dinámica.

1
2

lunes, 11 de noviembre de 2019

El PSOE ha ganado las elecciones. Ahora debe buscar los acuerdos para el mejor gobierno del país.

Después de que las fuerzas políticas no fueran capaces de formar gobierno con los resultados de las elecciones de abril, pareciera mucho más difícil que ahora se logre alcanzar un acuerdo. Sin embargo, la ciudadanía ha votado nuevamente expresando su voluntad. 24.365.850 personas han votado a diferentes partidos, sin otorgar mayorías claras, mostrando la diversidad de opiniones y visiones de la realidad que existe en nuestro país. Al mismo tiempo, 10.506.203 personas que podían votar se han abstenido. 2,1 millones más que en abril. Estos son los resultados que debemos gestionar.

En un análisis simple vemos que el PSOE ha perdido 728.000 votos que han ido sobretodo a esa abstención. Ciudadanos ha perdido 2,5 millones de votos de los que un millón y medio han ido a PP (662.000) y Vox (962.000) y otro millón a la abstención. Y Unidas Podemos ha perdido 636.000 votos que han ido, sobretodo a Más País (554.000) y a la abstención.

Podíamos pensar que parte del electorado de PSOE y UP se vio decepcionado por no ser capaces de formar un gobierno progresista sobre la base de las políticas sociales dibujadas en el fallido proyecto de Presupuestos Generales del Estado, que no llegó a aprobarse, pero que apuntaba en la buena dirección.

En cuanto a Ciudadanos, pareciera que su electorado le ha castigado por el giro a la derecha extrema, apoyando a Vox para formar gobiernos en Andalucía y en Madrid, aprobando iniciativas regresivas, en lugar de apoyar a la lista más votada en esas CCAA, que fue el PSOE, con el que podían haber impulsado políticas progresistas.

Ahora, el PSOE, como partido más votado, tiene la responsabilidad de intentar formar gobierno. Un gobierno de España liderado por Pedro Sánchez debería plantear, al menos, tres objetivos. Por un lado, afrontar la crisis catalana y la cohesión territorial del Estado. Por otro lado, gestionar una situación de inestabilidad económica, afectada por las tensiones mundiales, preparando a nuestro país para una posible crisis y fortaleciendo su capacidad de respuesta. En tercer lugar, impulsar las políticas sociales que se vieron recortadas en la crisis económica de 2009 y que debemos recuperar para ahormar la cohesión social y garantizar los derechos de todas las personas. Es fundamental invertir decididamente en sanidad, educación y ciencia, y servicios sociales, consolidar el sistema de pensiones, y recuperar derechos laborales, entre ellos unos salarios dignos y unos empleos estables. 

Para poder formar un gobierno en torno a esos objetivos todos los partidos que quieran contribuir a la estabilidad del país tienen que ser conscientes de que no será posible alcanzar el máximo que propone cada uno en sus respectivos programas. Y que ceder para lograr un acuerdo no será traicionar a su electorado, siempre que la orientación del gobierno permita avanzar en aspectos en los que todos coincidan. Se trata de encontrar un mínimo común denominador que permita sumar para formar un gobierno estable que trabaje por todos los españoles.

No parece posible en esta legislatura resolver el problema de la cohesión territorial y la crisis catalana, porque las posiciones están muy encendidas, las heridas están muy abiertas. Es preciso abrir nuevos puentes, nuevas perspectivas, con plazos realistas. Cualquier solución tiene que estar dentro de la ley y de la Constitución. Y si la solución acordada requiere modificar una Ley, se puede hacer cuando se tenga el grado de apoyo social y parlamentario suficiente. Pero ningún gobierno podrá actuar incumpliendo la Constitución vigente. Los partidos independistas catalanes tienen que asumir este mínimo. Y ahora eso es muy complicado, con líderes políticos presos, un expresidente fugado y con unas elecciones catalanas a la vista.

Por eso creo que el acuerdo para el gobierno de España debe venir de la suma de los partidos progresistas y moderados. Los números salen si se suman los escaños de PSOE (120), UP (35), Más País (3), PNV (7), PRC (1), CCA-P (1) y Ciudadanos (10): 178 diputados. Con el acuerdo de estos partidos para votar sí a la investidura (apoyo parlamentario, o incorporación al ejecutivo en algún caso), se podría formar gobierno sin necesidad de contar con el apoyo o la abstención de partidos independentistas catalanes. En otros momentos, el apoyo de ERC hubiera sido interesante para un gobierno progresista. Ahora no me parece aconsejable por la coyuntura política en Cataluña.

El cambio de posición de Ciudadanos, que pasaría de rechazar el acuerdo con el PSOE a facilitar el gobierno de la lista más votada, supondría volver a su antigua filosofía de partido moderado, que promovía la regeneración democrática, y que fue capaz de ponerse de acuerdo con el PSOE en Andalucía. De hecho, podría volver a hacerlo también en esa Comunidad Autónoma y en la Comunidad de Madrid, ya que la lista más votada en las dos CCAA en las últimas elecciones fue la del PSOE.

También sería complicado para muchos votantes del PSOE y de Unidas Podemos aceptar un acuerdo parlamentario con Ciudadanos después de sus últimos posicionamientos. Pero todo depende del programa de gobierno que sean capaces de pactar. Un programa progresista, de mínimo común denominador, no de máximos, puede ser razonable. Sobretodo, sabiendo que no hay muchas más alternativas.

¿Cabría la posibilidad de la abstención de Ciudadanos y de ERC en aras a la estabilidad política y sin contrapartidas (logrando 168 votos a favor, 159 en contra y 23 abstenciones)? La veo más difícil que la posibilidad anterior.

Y si no se lograran esos acuerdos, la otra alternativa sería buscar el apoyo del PP para su abstención, o para formar la “gran coalición” que piden algunos. Me parece una solución peor. Y la política no es hacer lo que a uno le gustaría, la política es el arte de lo posible. Y desde luego, repetir elecciones sería inaceptable.

Los resultados de las elecciones han sido complicados. Pero han sido los mejores, es decir los que han querido los españoles. No nos echemos la culpa de que no nos ha gustado y hagamos esfuerzos de entendimiento para construir un futuro común. Si nos decimos demócratas, hemos de ser conscientes de que esta es la democracia, votar en elecciones libres y participativas. La ciudadanía ha hablado. Ahora, los representantes políticos tienen la responsabilidad de defender esa democracia logrando acuerdos de gobierno, para que España mantenga y mejore la convivencia y el bienestar de todos y contribuya a resolver los grandes retos europeos y mundiales. 

jueves, 20 de junio de 2019

¿Es el precio de Zolgensma (2,1 millones de dólares) un precio justo?

Es bueno que se descubran nuevas terapias que den respuesta a importantes problemas de salud. Es muy bueno que pueda haber tratamientos que den esperanza a los niños que padecen atrofia muscular espinal y a sus familias. Es admirable la solidaridad de miles de personas que han contribuido a apoyar a los investigadores. Y es encomiable el trabajo de estos investigadores a lo largo de muchos años. También hemos de resaltar la inversión pública que hay detrás de la investigación básica y el esfuerzo de algunas empresas farmacéuticas. Sin embargo, debemos preguntarnos si son justos los precios que están pidiendo algunas compañías farmacéuticas por estos tratamientos.

La investigación inicial de esta terapia la realizó Martine Barkats, en un laboratorio francés sin ánimo de lucro (Généthon) fundado y financiado por la Asociación Francesa de Miopatías (AFM-Théléthon que, a su vez, se financia con donaciones de miles de personas y con ayudas públicas) y por entidades y ayudas públicas (Inserm, CNRS, Unión Europea…). Otros centros públicos de EEUU y de otros países también han colaborado en los avances que han producido estos resultados, y numerosas entidades sin ánimo de lucro han recaudado fondos para los investigadores, como señala KEI (1). Así, Brian Kaspar, del Nationwide Children Hospital, Ohio, replicó los estudios de Barkats, y su centro también cedió la patente a Bio-Life-AveXis, pasando Brian Kaspar a ser el Director Científico de AveXis.

Según la información publicada (2, 3), la investigación de esta terapia costó a Généthon entre 12 y 15 millones de euros. El laboratorio obtuvo la patente. Faltaba el desarrollo: últimas fases de ensayos clínicos, autorización y comercialización.

Entonces llegó una empresa norteamericana, AveXis. El 8 de marzo de 2018 compró los derechos de la patente a Généthon por 13,3 millones de euros (más entre el 3,75% y el 5% de royalties), con lo que Généthon recuperó la inversión realizada. ¡Un mes más tarde, el 9 de abril, Novartis compró AveXis por 7.700 millones de euros! ¿No nos recuerda el caso de Pharmaset y Gilead con el sofosbuvir?

Fijémonos en que el precio de esta venta no tiene que ver con lo que ha costado la investigación y el desarrollo de la terapia; tiene que ver con la expectativa de beneficio de la empresa y con los incentivos para las personas involucradas en la operación de compra-venta. La expectativa de beneficio dependerá del precio a que el laboratorio venda el producto. Y, a su vez, ese precio dependerá de la fuerza de negociación, basada en el monopolio que conceden las patentes (poder de mercado); patentes que tienen su justificación en la necesidad de cubrir los costes de la I+D.

¿Cuánto costó el desarrollo del tratamiento (dos ensayos clínicos con 15 y 21 pacientes respectivamente)? Supongamos que costara 500 millones de euros. ¿Cuánta ayuda recibió AveXis en subvenciones públicas, bonus, desgravaciones fiscales? Vemos que el medicamento se pone a la venta a 2,1 millones de dólares (1,86 millones de euros) por tratamiento, y en EEUU, Europa y Japón hay 1.000 nuevos pacientes cada año. ¿Cuál es la expectativa de beneficios? La patente debería permitir recuperar a lo largo de 20 años los costes de I+D, es decir, los 12-15 millones que gastó Généthon, los supuestos 500 millones que pudo gastar AveXis y los gastos imputables de investigaciones fallidas. Para ello la empresa debería pedir un sobre-precio proporcionado y ajustado por encima de los costes de fabricación. ¿Es razonable pedir un precio que recupere los costes de I+D en los primeros 3 ó 4 años de ventas y continuar con la patente y los sobre-precios a partir de ahí otros 16 años? ¿No podrían calificarse de precios abusivos? ¿No pierden el sentido que tenían las patentes para medicamentos? ¿No habría que tener en cuenta al fijar el precio qué parte de investigación básica y clínica ha recibido donaciones altruistas y fondos públicos? ¿No tendrían que analizar los gobiernos cómo repercute esta compra-venta de empresas en las enormes ganancias de los directivos de las mismas, y cómo estos incentivos fomentan este tipo de operaciones financieras? (4).

El argumento para fijar precios tan altos es que resulta “coste-efectivo” porque los medicamentos actualmente utilizados también son muy caros. Pero los precios de esos medicamentos son muy altos sin ninguna justificación. Una vez se fija en EEUU, donde no hay control del gobierno, el precio más alto que sea posible, se acepta como punto de partida para negociar el precio en Europa. Y así, continúa una escalada de precios donde cada nuevo producto se encarama sobre el anterior utilizando el análisis coste-efectividad. No se pregunta lo que cuesta la fabricación, ni lo que costó la investigación, que es lo que habría que retribuir. Hemos de insistir una vez más que el análisis coste-efectividad puede servir para aceptar o rechazar la financiación pública de un medicamento, pero no para fijar su precio.

Tampoco parece razonable justificar el precio preguntando ¿cuánto vale una vida? Una vida vale todo lo que tengo. Por la vida de mi hijo lo daría todo. Pero, entonces, cualquier acción que salva vidas (una operación quirúrgica, la cura de una herida abierta, el rescate de un bombero, etc.) ¿tendría que pagarse a dos millones de euros por intervención? Claro que no, se paga lo que cuesta el trabajo realizado.

Para evitar la discusión del precio, las empresas farmacéuticas suelen decir que ayudarán a los gobiernos y los pacientes a pagar en plazos, o que exigirán el precio completo solamente si hay resultados positivos. Pero no aceptan fijar los precios por lo que cuestan realmente esos tratamientos, como ocurre con el resto de tratamientos de los sistemas de salud.

Preguntado por el caso, el Presidente de AFM-Téléthon, Laurence Tiennot-Hermet dice que: “no puedo contar los ministros y los presidentes (incluido Emmanuel Macron) a los que he interpelado para convencerles de crear una empresa farmacéutica que termine el proceso de desarrollo del medicamento hasta la fase de industrialización y comercialización”.

Este ejemplo muestra que es urgente sustituir el sistema de patentes como forma de financiar la investigación de medicamentos. Y, muy especialmente, no se deberían autorizar patentes para terapias que son realmente procedimientos. Por otro lado, es necesario que, mientras tanto, los gobiernos de los países de la UE analicen en detalle los costes de I+D a la hora de fijar los precios. Y es vital que se decidan a impulsar el desarrollo de estas terapias y de otros medicamentos innovadores hasta la fase de comercialización en instituciones públicas y sin ánimo de lucro. Si las terapias génicas se utilizan como instrumento de especulación financiera, y se siguen fijando precios injustos, los sistemas de salud van a terminar quebrando.

(información de Knowledge Ecology International, Stéphanie Benz, L’Express, 3 junio 2019, e Isabelle Barré, Le canard enchaîné, 5 junio 2019)

(1)
https://www.keionline.org/charity-nih-funding-related-to-zolgensma

(2)

(3)
http://shaarli.guiguishow.info/?-sGUjA

(4)
https://www.chicagobusiness.com/article/20180411/BLOGS10/180419983/novartis-avexis-deal-will-enrich-ceo-nolan-cofounder-kaspar



martes, 21 de mayo de 2019

Sanidad Pública: si sumamos fuerzas podemos cambiar las cosas


Apuntes para mi intervención en las XIX JORNADAS NACIONALES DE CELADORES Y RESPONSABLES. ALMANSA 8-10 MAYO DE 2019

Muy buenos días y muchas gracias por invitarme a participar en vuestras jornadas nacionales. 

En primer lugar, quiero mostraros mi gratitud y mi enhorabuena por el valioso trabajo que lleváis a cabo cada día en los hospitales y los centros de salud de toda España. Y quiero agradeceros también que un año más hayáis organizado vuestras Jornadas Nacionales para debatir cómo hacer mejor las cosas, cómo mejorar en humanización, en calidad del servicio, en el desarrollo de trabajo en equipo, y en la seguridad de los pacientes.

A lo largo de los años, como paciente, como familiar de paciente, como médico y como responsable sanitario, he visitado y he pasado muchas horas en hospitales, en centros de salud, y en urgencias. Se podría decir que la sanidad ha sido mi casa.

Y en esos años, he visto muchas veces cómo trabajabais. Cómo salíais rápidamente a la puerta de urgencia para recibir a una persona herida, cuidando su posición en la camilla para facilitar una atención segura; he visto cómo ayudabais a una Auxiliar de Enfermería a lavar a un paciente que no podía asearse por sí mismo; he visto el respeto con que trasladabais a una mujer para ser operada, vigilando al mismo tiempo los goteros y las sondas y dándole palabras de ánimo; he visto también cómo pedíais silencio en una planta de hospitalización, o cómo informabais a un paciente despistado, o cómo echabais una mano a un compañero. Recuerdo, por ejemplo, a Jose y a Vicente, celadores de psiquiatría en el hospital de Parayas en Santander, donde hice la especialidad. Eran muy buena gente, que hacían su trabajo con rigor, respondiendo a situaciones a veces muy difíciles, y colaborando eficazmente con las enfermeras, la trabajadora social, los terapeutas ocupacionales, y los médicos. Desde luego, aprendí mucho de ellos y de sus compañeros en las horas que compartimos.

Como señala Manuel García López, Presidente del Comité Organizador de estas Jornadas, vosotros sois los profesionales más cercanos y accesibles a los pacientes, en su llegada al hospital y en su día a día. Sois una pieza clave, en el engranaje de distintas áreas y categorías profesionales, para que el hospital ruede bien, para que pueda hacer bien su trabajo, que es atender a los pacientes con seguridad, calidad y agilidad. Si el servicio que prestan los celadores se para, se para el hospital. Vosotros actuáis como vasos comunicantes. Garantizáis la interconexión y la información entre las diferentes unidades. Si no hay celadores para llevar a los pacientes a su hora a quirófano, la sesión quirúrgica se retrasa, o se suspende, y se acumula la tarea, o se genera lista de espera. Lo mismo ocurre con el funcionamiento de los diferentes servicios centrales, donde es fundamental el traslado seguro y a tiempo de los pacientes desde y hacia las plantas de hospitalización. Y lo mismo ocurre también en las diferentes áreas de especialización, en urgencias, en los centros de salud, en salud mental, etc. Si no está la persona, o la información, o el material necesario en el momento necesario, se pondrá en riesgo la atención, la seguridad y la calidad.

En efecto, la buena calidad del SNS depende, también, y de forma muy importante, de vuestro trabajo. Por eso os animo a que sigáis formándoos y motivándoos a hacerlo mejor, día a día.

En el trabajo, lo mismo que en la vida, cada uno de nosotros hace la diferencia. Vosotros sabéis bien que no es lo mismo entrar en la habitación del paciente sonriendo que entrar con cara de pocos amigos; no da lo mismo tratar a esta paciente mayor como un número: “la 113”, o como una pieza del cuerpo: “la de la cadera”, que tratarla como una persona y con humanidad; no da lo mismo entrenarse en las tareas específicas y seguir los protocolos consensuados, que improvisar; no es lo mismo procurar llegar a tiempo que llegar tarde; no es lo mismo tratar al compañero con amabilidad que con mala leche. El ambiente cambia, la atención cambia, la precisión y la seguridad en la atención cambian. Y también cambia la eficiencia. Y todo eso depende de nosotros.

Ahora bien, está claro que no todo depende de uno ni de su buena voluntad; uno solo no puede hacer las cosas. Si falta personal, las cosas no van a salir bien. Se necesitan medios adecuados. Se necesita una plantilla suficiente, bien formada y motivada. Se necesita una organización bien diseñada, buenos protocolos y buen liderazgo. Por eso las autoridades sanitarias, los gerentes, y los responsables de personal harán bien si se preocupan por vuestro desarrollo profesional, y por dotar los medios apropiados, apoyándoos para que podáis hacer mejor vuestro trabajo, porque eso irá en beneficio de los pacientes y de la sociedad.

 Vosotros, celadores y responsables, formáis parte importante del Sistema Nacional de Salud. Es decir, de una de las organizaciones más necesarias y más útiles de nuestro país. Pero este gran Sistema de Salud está hoy en riesgo de desmontaje. Por eso, aprovechando vuestra invitación a estas Jornadas, quiero transmitiros mi preocupación y pediros vuestra ayuda.

A lo largo de los años la sanidad pública española ha logrado ofrecer una buena atención sanitaria a todos los ciudadanos. Una sanidad universal, con unas prestaciones muy completas, tanto en salud pública, como en atención primaria, y en atención hospitalaria. Una sanidad que se basa fundamentalmente en centros de titularidad y gestión pública. Una sanidad que se financia con el esfuerzo de la mayoría de las personas, con unos impuestos que deberían ser progresivos, aunque, como veremos a continuación, ahora no lo son.

Una sanidad que, todavía, tiene unos excelentes resultados en salud. 
En efecto, la esperanza de vida al nacer de más de 83 años en 2016, es la más alta de la UE, una de las tres más altas del mundo, después de Japón y de Suiza, y cinco años más alta que la que EEUU.

Los datos de mortalidad prevenible y tratable están entre los 3 mejores de la UE. Muchos de nosotros lo hemos comprobado personalmente: a mi, el SNS ya me ha salvado la vida 3 veces. Dicho de otra forma, sin la sanidad pública no estaría hoy aquí. No estaría vivo.

Por eso el SNS tiene una buena valoración por parte de la sociedad, un 65% piensa que funciona bien o muy bien. Sin embargo, y aquí empezamos a ver el problema, antes, en 2010, las personas que valoraban bien o muy bien el SNS eran un 74%, 10 puntos más. Y esto es así, porque desde la crisis económica de 2008 se empezaron a producir una serie de recortes que a partir de 2012 afectaron a la sanidad pública de forma severa.

Veamos las grandes cifras. En 2009 el Gasto Sanitario Público alcanzó los 70.700 millones de euros. Si gastáramos hoy lo mismo que en 2009, teniendo en cuenta la inflación de estos años, deberíamos haber dispuesto de 77.000 millones, pero tenemos 67.000, 10.000 millones de euros menos. Y eso es mucho dinero. Eso se nota. 

La mayor parte de esa reducción ha sido en gasto de personal. Menos plantillas, con contratos menos estables, con peores condiciones salariales. También se han reducido los equipamientos y las obras de mantenimiento. Hasta hace diez años se decía que los mejores equipamientos, los mejores aparatos, los más modernos, estaban en la sanidad pública. Y era verdad. Ahora los equipamientos más avanzados están a veces en la sanidad privada, porque se ha reducido el gasto en inversiones públicas a un tercio. 

Mientras tanto, buena parte del gasto sanitario se va en nuevos medicamentos que tienen unos precios abusivos impuestos por la industria farmacéutica. Así, al mismo tiempo que en los hospitales se reducían las plantillas y el gasto en personal en 2.000 millones de euros, se aumentaba el gasto farmacéutico en la misma cantidad. Y en atención primaria lo que se hizo es trasladar parte del gasto farmacéutico al bolsillo de los pacientes, aumentando los copagos y quitando la financiación pública a más de 400 medicamentos. De esta forma, el gasto de bolsillo en medicamentos ha pasado de 4.200 millones en 2009 a 8.200 en 2016, un 100% de aumento. Esto es privatizar el gasto sanitario. Hacerlo más injusto. Porque se hace pagar al paciente dos veces. Y porque, además, muchos pacientes no pueden pagar: 1.400.000 personas no pudieron comprar los medicamentos recetados en la sanidad pública el año pasado.

Como hay menos personal y menos equipamiento, se disminuye la capacidad de trabajo y de resolución de los centros sanitarios y aumenta el tiempo de espera. Y, lamentablemente, las listas de espera demasiado prolongadas se traducen en más riesgo para los pacientes y en mayor descontento de los pacientes y de los profesionales.

Cuando las listas de espera en la sanidad pública aumentan, quienes tienen medios económicos van a la sanidad privada para acelerar la atención. Y así observamos que el gasto sanitario privado ha aumentado en estos años en la misma proporción que bajaba el gasto sanitario público. Ha pasado de 24.000 millones a 29.000 millones: 5.000 millones más. Es decir, la proporción de gasto sanitario público sobre el total, ha bajado. La sanidad se está privatizando.

Si seguimos con la misma tendencia la sanidad pública dejará de ser un orgullo para todos nosotros. Se convertirá en una beneficencia, una sanidad para pobres. Y el resto, que se pague, si puede, una sanidad privada. El modelo de EEUU.

Pero ¿por qué está ocurriendo todo esto? Sencillamente, por lo que yo llamo la revolución de los ricos.

Durante casi toda la Historia, los más poderosos se han aprovechado de los menos poderosos. Los señores feudales, los grandes propietarios, se han apropiado de la riqueza generada por los labriegos y los trabajadores manuales. Sin embargo, en el siglo XIX, la industrialización, la enorme acumulación de capital por los empresarios y los banqueros, las grandes penurias de los trabajadores y la enorme desigualdad, propició la aparición de un movimientos obreros y campesinos que reivindicaban justicia, mejores salarios, más derechos. El poema de Miguel Hernández sobre el niño yuntero nos lo recuerda. Escuchad algunos fragmentos:

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello

Nace como la herramienta
a los golpes destinado
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento 
revuelve mi alma de encina

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.


 Así, durante diez décadas, en la segunda parte del Siglo XIX, y a lo largo de la primera parte del Siglo XX, en medio de las tragedias de la primera y la segunda guerra mundiales, gracias a la lucha surgida del corazón de los jornaleros y los obreros, los capitalistas aceptaron devolver parte de la riqueza a los trabajadores y las clases medias. 

Por el miedo a una revolución de los trabajadores, los poderosos aceptaron mejorar los salarios y pagar impuestos. Fijémonos bien, porque esto es importante: a principios del Siglo XX lo ricos no pagaban nada. A lo largo del Siglo XX los ricos fueron obligados a pagar, es decir, a devolver parte de lo que se habían apropiado de la sociedad, en forma de mejores salarios, reducción de la jornada laboral, y pago de impuestos. Y así, el tipo marginal del impuesto a las rentas más altas llegó a fijarse en más del 60, del 70 y del 80% en EEUU y en varios países europeos. De esta forma se pudieron obtener unos ingresos fiscales de hasta el 50% de la renta nacional. Con esos importantes recursos, se pudieron financiar la sanidad pública, las pensiones, las bajas laborales, la educación pública y otros servicios. El llamado Estado del Bienestar.

No nos equivoquemos y que no nos confundan. Sin impuestos justos y progresivos, no hay derechos. Cuando algún político dice que va a bajar los impuestos, es que nos van a quitar algún derecho, y que quienes van a pagar menos dinero son los ricos.

Y esto es lo que empezó a pasar a finales del siglo XX. Lo decía bien claro Warren Buffet, uno de los multimillonarios más ricos del mundo, en una entrevista que le hicieron en 2004: "Claro que sigue habiendo lucha de clases, pero esta la hemos empezado nosotros, y la vamos ganando". Ya no había amenaza de revolución proletaria. Las mejoras en las condiciones sociales y laborales hicieron que muchos trabajadores no sintieran la necesidad de organizarse y defender unos derechos que ya habían conseguido. Pensaron que como pequeños propietarios les vendrían mejor las políticas liberales, con menos servicios públicos. Y, por otra parte, las grandes empresas se hicieron multinacionales, de enorme tamaño, más fuertes que un gobierno nacional y sin estar sometidas a sus leyes. Por eso en los años 80 del pasado siglo los ricos empezaron una ofensiva desde las universidades y los grupos de presión, utilizando los discursos de Hayek, Friedman y Popper, financiando medios de comunicación para promover el neo-liberalismo, y aplicando leyes favorables a los grandes empresarios y los grandes bancos a través de gobiernos propicios, como el de Reagan y Thatcher. Y así, progresivamente, lograron escaparse de pagar impuestos. De tal manera que hoy los ricos no pagan, como pasaba a principios del siglo XX. Hoy toda la carga fiscal la soportan las clases medias y los trabajadores. 

Pero, además, las grandes corporaciones financieras querían ganar más y generaron una banca tóxica, especulativa, que provocó la crisis financiera de 2008. En esa crisis los grandes ejecutivos se enriquecieron más todavía, pero los bancos quebraron y hubo que rescatarlos, en EEUU, en Francia, en Alemania, en Inglaterra y también en España. Para rescatarlos les dimos mucho dinero en diferentes tipos de ayudas, más de un billón de euros en toda Europa, más de 100.000 millones de euros en España. Lo peor es que, como no teníamos ese dinero, lo tuvimos que pedir prestado a los bancos, y ellos nos prestaron el dinero que, a su vez, les prestaba a ellos el Banco Central Europeo, o sea nosotros, al 0%. 

Parece increíble, pero es así. Muchos ejecutivos de la banca generaron la crisis y se enriquecieron antes, durante y después de la crisis. Es un verdadero robo legal. Es lo que yo llamo la revolución de los ricos.

Lo mismo ocurre en el sector farmacéutico. Son grandes corporaciones multinacionales que imponen precios abusivos, como en el caso de la Hepatitis C: un medicamento que cuesta 100 euros por tratamiento y por el que nos han obligado a pagar 20.000 euros. Imaginaros que nos obligaran a pagar 20.000 euros por un teléfono móvil que costara 100. 

El impacto negativo sobre la dignidad y las posibilidades de vida de las personas es tremendo. Como denuncia el Papa Francisco, “Así como el mandamiento “no matarás” pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy debemos decir “no a una economía de la exclusión y la inequidad”. Esta economía mata”. 

¿Por qué los gobiernos no lo impiden? Porque estas grandes empresas son más fuertes. Para hacerles frente se necesitaría una gran movilización social, bien organizada, pero la sociedad está fragmentada, atrapada en la pantalla de su teléfono móvil y su watsap. Tratando de sobrevivir con su sueldo de trabajo temporal o de falso autónomo. Ayudándose para acabar el mes con el banco de alimentos o volviendo a vivir a casa de sus padres porque no pueden pagar el piso.

Según una encuesta de la Fundación Foessa presentada el miércoles pasado, un 12% de los trabajadores están en situación de exclusión, es decir, no pueden cubrir sus necesidades básicas, y eso que tienen trabajo. Es el nuevo precariado, en lugar del antiguo proletariado. Pero la diferencia es que los obreros de principios de siglo pasado no tenían nada que perder y se agrupaban para defender sus derechos. Muchos trabajadores de hoy se aferran a los derechos conquistados, aunque se estén desmontando paso a paso, y no se unen. Prima el individualismo y el sálvese quien pueda.

Mientras tanto, los gobiernos no tienen fuerza suficiente porque siguen siendo de ámbito nacional, mientras las empresas son multinacionales. Si ponen una ley fiscal justa en un país, las grandes empresas trasladan su sede fiscal a un país que no les cobre, a un paraíso fiscal. Y contratan potentes bufetes de abogados para que usen los vericuetos legales para desgravar y acabar con impuestos cero. Por eso los ingresos por el impuesto de sociedades en España han caído y, precisamente por eso, no se puede pagar la sanidad pública o la educación, o las pensiones. 

Para cerrar el círculo, como los trabajadores y las clases medias ven que han empeorado sus condiciones de trabajo y sus expectativas de futuro, se sienten inseguros y descontentos. Esto no funciona, dicen. Y entonces, para que no se vuelvan contra el poderoso que les está explotando, los ricos manipulan la opinión pública diciendo que la culpa es de los inmigrantes, o de la Unión Europea, o del gobierno municipal o autonómico, o de las mujeres, o de los parados, o de los pensionistas que viven demasiados años, etc., etc. Es decir, crean enemigos entre los pobres, entre los trabajadores y las clases medias para que se peleen entre sí y no vean quién es el verdadero adversario.

Esto no es un invento nuevo de los poderosos de hoy. Ha sido siempre así.
Aquí, en las tierras donde celebráis estas Jornadas, Felipe de Anjou, francés, nieto de Luis XIV de Francia y el Archiduque Carlos, austríaco, hijo de Leopoldo I, se disputaron el Reino de España en la famosa batalla de Almansa. Poco tenían que ver con los intereses de los almanseños los dos ejércitos que el 25 de abril de 1707 combatieron sobre estos campos regándolos de sangre. El duque de Berwick comandaba a los franceses, y el duque de Galway, junto con el Marqués das Minas, a la coalición de austríacos, holandeses, ingleses y portugueses. En esta batalla se disputaban el poder las casas reales de varios países, y también querían su parte los nobles de los diferentes territorios de España apoyando a los franceses o los austríacos. No se discutían los intereses ni las condiciones de vida de los campesinos, de los artesanos, de la gente sencilla, ni de los de Almansa, ni de los de Francia, ni de los de Austria, ni de los de ningún país. La guerra y los ejércitos arrasaron estas tierras y arruinaron las cosechas y los ganados, provocando la hambruna de los almanseños, centenares de soldados muertos y mutilados, miles de familias destrozadas. En cambio, lejos de allí, Felipe V sería rey de España y poco después Carlos VI sería emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, disfrutando los dos de los placeres de sus cortes y de los tributos de los pobres. 

Estas guerras no eran para defender los derechos de la gente, para mejorar sus condiciones de vida. Eran para reforzar los privilegios de los nobles y los reyes.

Ahora los poderosos repiten la táctica. Financian grupos populistas que enarbolan la bandera de los nacionalismos, echando la culpa a los trabajadores y los pobres de los otros pueblos, las otras regiones, los otros países. Cuando la culpa de la desigualdad, de la precariedad, de los bajos salarios, del deterioro de los servicios públicos, no la tienen los trabajadores, ni los pensionistas, ni las mujeres, ni los inmigrantes. La culpa es de los poderosos que no pagan impuestos y utilizan su poder de monopolio para fijar precios abusivos, aumentando de forma escandalosa su riqueza. Estos son los adversarios que están poniendo en riesgo la sanidad pública y quieren convertirla en un negocio para ganar más dinero todavía.

Pero, ¿Qué podemos hacer nosotros? 

Para volver a recuperar unos salarios dignos y unas condiciones de trabajo estables y motivadoras. Para garantizar una sanidad pública de calidad y para todos. Para asegurar unas pensiones suficientes. Para que la educación pública recupere su calidad. Para ofrecer un futuro mejor a nuestros hijos y nuestros nietos, es preciso que cada uno de nosotros haga un esfuerzo. Un esfuerzo personal, pero también un esfuerzo colectivo.

Un esfuerzo en su ámbito personal, día a día, con nuestras decisiones de consumo responsable, y con el compromiso de un trabajo bien hecho.

Un esfuerzo en nuestro ámbito laboral, asociándonos, como hacen ustedes al organizar estas Jornadas Nacionales. Sumando fuerzas, ideas, perspectivas. Compartiendo. Buscando construir un futuro mejor, una sanidad mejor. Y hacerlo no solo en el ámbito nacional, sino también en el europeo, porque como he dicho, los poderes económicos son multi-nacionales.

Y también, un esfuerzo en los foros de opinión, en la prensa, en iniciativas ciudadanas y en las organizaciones políticas o sindicales, movilizándonos para defender la sanidad pública una y otra vez. 

Porque si sumamos fuerzas podemos cambiar las cosas.

En Castilla-La Mancha, hace unos años, nos unimos y dimos la batalla por el Hospital de Almansa. Primero para que se construyera y se pusiera en funcionamiento. No fue fácil. Pero finalmente, después de las transferencias, el Gobierno de Castilla La Mancha impulsó y realizó este proyecto.

Después, con el cambio de Gobierno se intentó privatizar la gestión del hospital. Y tuvimos que volver a movilizarnos. Recuerdo un acto precisamente en este mismo teatro, con Paco Doñate, en el que defendíamos la gestión pública, integrada, para garantizar que el hospital siguiera adelante como un servicio público para todos. Y también ganamos esa batalla.

Cuando las personas suman sus esfuerzos, con un objetivo claro, pueden lograr el éxito. Por muy difícil que sea. Por eso tenemos que sumar esfuerzos para mantener y mejorar un Sistema Sanitario Público de calidad y para todos. Tenemos que exigir una financiación sanitaria suficiente, recuperando y mejorando la que alcanzamos en 2009 y 2010. Y para ello debemos exigir a todos los gobiernos, coordinados en la Unión Europea, que eliminen el fraude fiscal y apliquen unos impuestos reales progresivos, donde pague más quien más tiene.

Y en esta lucha, en este noble proyecto de mantener y mejorar la atención sanitaria como un derecho de todas las personas, los celadores y responsables tenéis también mucho que decir. Por eso os pido vuestra ayuda, vuestra reflexión, y vuestra movilización cuando sea necesaria, sumando fuerzas con otras compañeras y compañeros sanitarios, y con el conjunto de la sociedad.

Entre todos podemos lograrlo. 

Termino ya, leyendo este poema que escribí hace unos años 



¿POR QUÉ NO PUEDO YO SOÑAR?

Si volar por el aire en un pájaro de hierro
sobre los verdes valles y sobre aquellos cerros no es solo un sueño,
¿por qué no puedo yo soñar?

Si hablar contigo desde Sofía,
y oír tu voz como si estuvieras a mi lado no es imposible, 
como tampoco lo es 
tomar el corazón desde el costado de un hombre fallecido
y plantarlo a que dé vida a esta mujer,
que casi ya se moría,
¿por qué no puedo yo  soñar?

Si el Moisés de Miguel Ángel y el Cristo de Goya
y la Novena Sinfonía
no son sólo fantasía sino que de verdad son
y han nacido de las manos de mujeres y hombres 
paridos de madre como tú y como yo,
¿por qué no puedo yo soñar, vida mía,
que una mañana al alumbrar el sol al firmamento
se quedará boquiabierto porque ningún niño, ningún viejo, 
ni nadie
ha muerto de hambre en ese día?

Por qué no puedo yo soñar que en ese día inesperado
ningún hombre, ningún muchacho, ni ningún soldado,
ha muerto clavado de un disparo.

Soñar también que ninguna mujer
fue violada en el atardecer 
de ese día misterioso.

Soñar que nadie se desespera ni humilla ante nadie
por conseguir un trabajo que le dé de comer. 

¿Por que no puedo yo soñar 
en una tierra imaginaria
donde todos los pueblos dibujen
(de una puñetera vez 
y para siempre)
una paz entera y planetaria?

¿Por qué no puedo yo soñar hoy,
si tú me has querido tanto
siendo yo como soy?

Soñaré este sueño porque me da la gana
y soñaré que un día 
(gracias a nuestro esfuerzo tozudo y cotidiano)
el sueño dejará de ser sueño
y lo imposible habrá sido 
como han sido ya verdad
y lo están siendo
tantas y tantas cosas 
vida mía.

  
Almansa, 10 de mayo de 2019