viernes, 7 de diciembre de 2012

Se quemaron las mujeres. ¿Se quemaron también nuestras conciencias?



Hoy he leído un comentario en The New York Times: el horrible incendio ocurrido el 24 de noviembre pasado en Bangladesh revela fallos en las condiciones de seguridad de la fábrica que ponen en cuestión el papel de algunas Grandes Cadenas de Tiendas.


En la ciudad de Ashulia, muy lejos de aquí, murieron abrasadas 112 mujeres en el incendio de la fábrica de ropa Tazreen Fashions Ltd., mientras cosían las camisas y los pantalones que compraríamos después en las tiendas de Europa y EEUU. Ocurrió también cien años atrás, en otra fábrica de camisas, la Triangle Shirtwaist de Nueva York, cuando el 25 de marzo de 1919 murieron 146 mujeres, porque los propietarios habían bloqueado las salidas para evitar robos. Aquél pavoroso incendio sacudió la conciencia mundial, y provocó el cambio de las leyes, mejorando la seguridad en las fábricas y los derechos de las mujeres. En conmemoración a esa tragedia y a la lucha de las mujeres trabajadoras la ONU estableció el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo).

¿Se han visto conmovidas nuestras conciencias con la tragedia de Bangladesh, o no va con nosotros porque está muy lejos?

¿Y qué leyes podemos cambiar? ¿Qué podemos hacer?

En fábricas como la Tazreen trabajan millones de personas en todo el mundo fabricando nuestra ropa para que salga más barata: en India, China, Marruecos, Turquía... Allí las trabajadoras cobran 31 euros al mes, 20 o 30 veces menos que una trabajadora en España, sin seguridad social, en unas condiciones de trabajo (horario, seguridad, salud) mucho más precarias, que aquí, en Europa y en EEUU, estarían prohibidas.

Las Grandes Cadenas de Tiendas que nos venden esas camisas dicen que supervisan las fábricas para asegurar que no haya trabajo de niños o condiciones de poca seguridad o dignidad. En esta ocasión no fue suficiente.

TheNYT denuncia que los Grandes Clientes de estas fábricas se reunieron a mediados de 2011 con los fabricantes, con funcionarios de la administración y con ONGs. En esa reunión se pidieron mayores medidas de seguridad y mejorar las condiciones de las fábricas, porque el invierno anterior habían muerto en varios incendios docenas de trabajadores. El representante de una importante Cadena de Tiendas de ropa dijo que no eran posibles las mejoras porque supondría demasiado coste.



Las mujeres que murieron trabajaban para nosotros. Para que nos salga la ropa más barata, y podamos comprar más. ¿Es razonable? ¿Nos da igual? ¿Podemos cambiar las cosas?

Sin duda alguna podemos y debemos cambiar las cosas. De la misma manera que hace 100 años se promovieron leyes en Europa y EEUU, ahora debemos apoyar movimientos globales que apoyen reformas legales en todos los países para regular la mejora de las condiciones laborales.

Mientras tanto, aquí, debemos exigir a las Grandes Cadenas de Tiendas que nos aseguren que los productos que nos venden se hicieron en fábricas y por trabajadores en condiciones dignas. Es mejor comprar una camisa algo más cara, que tener sobre la conciencia la esclavitud y la muerte. Debemos rechazar activamente la compra en Tiendas y Cadenas Comerciales que no aseguren su compromiso con el Comercio Justo.

Además, cada uno de nosotros puede mejorar sus hábitos de consumo. Fomentar el consumo responsable. Un consumo que sea prudente, adecuado a nuestras necesidades, sin estar mediatizado por las modas y el bombardeo del marketing que nos fuerza a comprar aunque no nos haga falta. Un consumo que busque productos de calidad, fabricados en condiciones garantizadas, donde no haya trabajo infantil, ni trabajo esclavo, que se realice en condiciones de seguridad laboral que eviten tragedias como la de Bangladesh, que cuide el medioambiente y evite el deterioro irreversible de recursos naturales. Un consumo respetuoso con las personas, con sus derechos, y con la naturaleza.

Debemos tener claro que el capitalismo global, si no le frenamos con la lucha de todos los trabajadores, no se va a conformar. Las conquistas sociales de Europa y EEUU no son irreversibles. Pueden quitar derechos laborales, pueden bajar los sueldos, pueden despedirte, pueden quitarte el derecho a la sanidad o bajar su calidad, pueden recortar servicios sociales y educación, y todo ello, en aras a la supuesta competitividad, para acercar nuestras condiciones de trabajo (nuestros costes de producción) a los de Bangladesh, con la amenaza permanente de llevarse las empresas a otros países (deslocalizar). Está pasando aquí, y ahora, en Grecia, en España, en Portugal, en Irlanda, en Italia…

El capitalismo financiero es la máxima expresión de la codicia que busca acumular poder,  aumentar los beneficios de forma continua aún a costa de la destrucción de las empresas, de los países, o de las vidas de las personas. Aquí ponen rostro a esta batalla las personas que se quitan la vida por los desahucios y las que empeoran su salud o mueren en las listas de espera por demorarse su atención. Frente a este capitalismo desbocado, debemos defender los derechos sociales y laborales; defendiendo los nuestros, defendemos los de las mujeres de Bangladesh, defendiendo los de las mujeres de Bangladesh, defendemos los nuestros.

Claro que podemos hacer algo. Mucho. Siempre que no dejemos que nos quemen la conciencia.

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