jueves, 2 de marzo de 2017

Prevenir el suicidio sigue siendo una prioridad de la salud pública.

Cada vida perdida por un suicidio “son demasiadas” (Margaret Chan). Por eso el que 3.602 personas (10 cada día) se quitaran la vida en 2015 es una tragedia. Las instituciones, los profesionales sanitarios y el conjunto de la sociedad debemos seguir trabajando para prevenir el suicidio y reducir así estas muertes evitables.



Sin embargo, los datos de la estadística sobre Defunciones según causa de muerte del INE (1), publicada el pasado 27/2/2017, muestran un aspecto esperanzador. Después de 3 años consecutivos de aumento del número de suicidios en España en 2015 disminuyó un 7,9%. Es una buena noticia, aunque queda mucho por hacer.

Recordemos que, en la presentación del documento “Prevención del Suicidio, un imperativo global” (WHO 2014), se decía: “El impacto en las familias, amigos y comunidades, es devastador y perdura mucho después de que la persona querida decidiera acabar con su propia vida”. En este documento, así como en el Plan de Acción sobre salud mental 2013-2015, la Organización Mundial de la Salud insta a los gobiernos a situar la prevención del suicidio como una prioridad.

En el documento de la OMS citado, se presentan las siguientes conclusiones:

-Los suicidios se cobran un precio demasiado alto.
-Los suicidios se pueden prevenir.
-Se debe limitar en lo posible el acceso a medios para suicidarse (pesticidas, medicamentos, armas, etc.)
-Los servicios sanitarios tienen que incorporar la prevención del suicidio como un componente principal de sus actuaciones. Son indispensables la identificación temprana del riesgo y la atención necesaria adecuada.
-El refuerzo del papel de la comunidad en la lucha con el estigma y en el apoyo y acompañamiento a las personas en situación de riesgo son claves.

Es importante que en España el Ministerio de Sanidad y todos las Consejerías de Salud consideren la prevención del suicidio como una prioridad de la salud pública. Aunque la tasa haya descendido en 2015 cada suicidio que se podía haber evitado debe ser un acicate para que las personas que lideran estos programas sigan impulsando acciones que reduzcan cada vez más este fatal riesgo.



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