Durante los días 7 y 8 de mayo se ha cebrado en Tenerife el XXIII Congreso Salud Mental España, con el lema Juventud con salud mental, futuro con esperanza. En el Congreso se han presentado experiencias y reflexiones muy valiosas desde el punto de vista de personas que han sido diagnosticadas y tratadas por problemas de salud mental, de familiares, de asociaciones, de voluntariado, de profesionales de la sociología, el trabajo social, la psicología y la psiquiatría, la policía local, la pedagogía, la terapia ocupacional, el activismo social, la comunicación, o la política. Son ejemplos de cómo se pueden hacer bien las cosas, con un enfoque de prevención, abordando el contexto y los condicionantes sociales y con unos servicios centrados en la persona, con respeto a sus derechos humanos y sus preferencias.
El Congreso sirve para mostrar caminos para la mejora de la salud mental. Y es fundamental que prestemos atención a esta cuestión, porque la situación no es buena. Los problemas de salud mental y el sufrimiento psíquico en los jóvenes y en la sociedad han aumentado y debemos abordar con decisión las medidas que permitan revertir este proceso.
Plantearé aquí algunos datos y algunas reflexiones para contribuir al debate y a la búsqueda de soluciones.
1.La salud mental es importante. Es necesaria para poder trabajar y cooperar con otras personas creativamente. También es necesaria para aprender a amar y ser amado, disfrutando de los afectos y de la amistad. El sufrimiento psíquico puede llegar a incapacitar a una persona, rompiendo su programa de vida, su posibilidad de disfrutar de las pequeñas cosas, su derecho a vivir con dignidad.
En la Encuesta Nacional de Salud de 2023 en torno al 10% de las persoanas encuestadas declaraban haber sido diagnosticadas de algún problema de salud mental. Es un peso importante.
2.En los últimos años la incidencia y la prevalencia de estos problemas ha aumentado significativamente.
La crisis económica que impactó en 2008-2013, como consecuencia de la desregulación financiera y la codicia de los más ricos, supuso una reducción del Producto interior bruto en España de casi 9 puntos, y una destrucción de 3,4 millones de empleos y centenares de empresas. La Unión Europea planteó rescatar a los bancos con dinero público, lo cual agravó el déficit. Y para evitar que éste creciera más, impuso recortes en los gastos sociales, entre otros, en la sanidad. Entre 2009 y 2014 se redujo más de un 20% el gasto sanitario público, recortando plantillas, reduciendo tiempo disponible de los profesionales, reduciendo inversiones, etc.
Una de las áreas más afectadas fueron los servicios de salud mental, sobre todo los programas de apoyo, centros especiales de empleo, centros ocupacionales, y programas de acompañamiento. Pero también se redujeron las plantillas y el tiempo de atención, etc. Sin duda, la pérdida de empleo, la incertidumbre sobre el futuro, el aumento de las exigencias laborales con peores condiciones de trabajo, la sensación de vulnerabilidad, afectaron a miles de personas más expuestas, aumentando el sufrimiento psíquico, al mismo tiempo que se reducían los recursos para atender estos problemas.
Cuando la economía española empezaba a recuperarse recibimos el impacto de la pandemia de la COVID-19. La pandemia afectó duramente a un sistema sanitario público que ya estaba muy debilitado. El Producto Interior Bruto cayó un 11% en 2020, y se destruyeron casi un millón de puestos de trabajo. La respuesta de la Unión Europea en este caso fue más solidaria y se impulsaron programas de recuperación muy importantes. En España, estos programas y la acción de gobierno permitieron mantener empresas y empleo que de otra forma se hubieran destruido. Pero el aumento de la demanda sobre unos profesionales muy presionados supuso una sobrecarga imposible de gestionar. El impacto en la salud mental de la población, sobre todo de los más jóvenes, fue importante: el miedo al contagio, la enfermedad y la muerte, el aislamiento derivado del confinamiento y de las medidas preventivas, la incertidumbre sobre el futuro, la aceleración del proceso de sustitución de relaciones personales por el uso de internet, etc., etc., provocaron aumento de la ansiedad, de las depresiones, del acoso escolar, de los trastornos del sueño, de las autolesiones, en definitiva del sufrimiento psíquico.
Distintas encuestas, estudios e informes muestran claramente el aumento de los problemas de salud mental.
Según el informe elaborado por Ipsos para el día mundial de la salud mental 2025, el 62% de la población general identifica la salud mental como el principal problema de salud que afrontan los españoles, tres veces más que en 2018 cuando solo un 23% pensaba que era el principal problema de salud.
Como consecuencia, la demanda de servicios de salud mental ha aumentado. Según la Encuesta Nacional de Salud, si en 2011 solamente un 3,5% de la población española decía que había consultado a un profesional de salud mental (psicólogo, psiquiatra, etc.) en los últimos 12 meses, en 2023 era el doble, 7,1%.
Por otra parte, el porcentaje de personas registradas en la base de datos de atención primaria del sistema nacional de salud, con diagnósticos de problemas de salud mental, han pasado de un 25% en 2016, antes de la pandemia de la COVID, a un 35,6% en 2023. Un aumento de 42,4% de prevalencia registrada.
Otro dato importante nos lo muestran las bajas laborales. En 2024, 671.618 personas necesitaron darse de baja por problemas de salud mental, frente a las 283.999 que se dieron de baja por esta causa en 2016. Más de un 100% de aumento de incidencia en ese periodo.
Parte de estos problemas pueden expresar la medicalización de malestares (p.e. tristeza por la muerte de un familiar querido), o una mayor visibilización de los problemas mentales. Pero buena parte del aumento de la demanda se debe situaciones de sufrimiento psíquico severo, que requieren un acompañamiento profesional.
3.¿Por qué aumentan los problemas de salud mental?
Los factores demográficos (aumento y envejecimiento de la población), epidemiológicos (como la pandemia de la COVID), económicos y laborales (como la crisis financiera, con incertidumbre, precariedad, estrés, competitividad, desigualdad), las dificultades de acceso a una vivienda, la digitalización acelerada de las relaciones sociales, el cambio de modelo familiar, los fenómenos climáticos extremos, el impacto emocional de la violencia y las guerras y masacres televisadas, etc., en definitiva, un escenario que algunos estudiosos definen como “poli-crisis”, están ocasionando una sensación de vulnerabilidad, de aceleración e inestabilidad, que provocan un aumento de la incidencia y prevalencia de problemas de salud mental, en un momento en que el SNS también está en crisis.
4.La respuesta del sistema sanitario público no ha sido proporcionada y es muy insuficiente.
El abordaje de estos problemas debe ser integral, bio, psico social. Enfocado a la prevención y a una buena atención sanitaria. Sin embargo, el SNS destina solo un 5% del gasto sanitario público, frente a una necesidad de 10-20% (carga de enfermedad). Es absolutamente insuficiente.
Disponemos de la mitad de psiquiatras por 100.000 habitantes que en los países avanzados de la UE (10 frente a 20). La tercera parte de psicólogos clínicos (7 frente a 21). Falta igual o mayor de enfermeras de salud mental, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, expertos en primera persona como asistentes personales o monitores, etc. Es preciso que los gobiernos de las CCAA, con el apoyo del gobierno de España, diseñen una propuesta para duplicar el gasto en salud mental en los próximos 5-10 años.
Pero, además, lo que se gasta actualmente no se orienta bien.
Casi la mitad del gasto sanitario público en salud mental se destina a gasto farmacéutico, un 40% del total, (hay una sobre medicación, con un 26,4% de la población consumiendo algún tipo de psicofármacos). Otra buena parte se destina a hospitalización (el 45%).
Este gasto en medicamentos y hospitalizaciones va en detrimento de la salud mental comunitaria a la que solo se destina un 15% del presupuesto, totalmente insuficiente.
Como consecuencia, la calidad de la respuesta a los problemas de salud se deteriora. Así, la espera para una primera consulta, en promedio, es de 97 días, más de 3 meses. En algunas zonas la espera para consulta desde que el médico de familia o el pediatra solicitan la atención es de más de un año.
Además, el tiempo de atención por paciente es reducido. Para disminuir los tiempos de espera algunas Administraciones Sanitarias piden que se reduzca más el tiempo de atención y que se espacien más las consultas entre sí.
Por otra parte, la situación de las plantillas hace que muchas veces no haya continuidad en el profesional que atiende a una persona.
Esta insuficiencia, esta saturación y debilidad de la sanidad pública se constata en un dato: la mitad de las personas que solicitan una atención especializada de psiquiatría o psicología lo tienen que hacer en la sanidad privada. Los que pueden pagar. El derecho a una atención sanitaria pública universal y de calidad está siendo vulnerado.
La carencia de recursos y de coordinación de los servicios es más sensible en la atención a niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Así, en el Informe sobre la atención a la salud mental infanto-juvenil elaborado por la Confederación Saluld Mental España, y presentado en su XXIII Congreso se manifiesta: “En cuanto a los servicios públicos, los diferentes agentes destacan la insuficiencia estructural del sistema de atención a la salud mental infanto-juvenil. Se identifican importantes limitaciones relacionadas con la escasez de recursos humanos y materiales, las largas listas de espera, la rigidez de los modelos de intervención, la falta de continuidad asistencial y las dificultades para llevar adelante una atención personalizada. Además, existe una gran fragmentación entre los sistemas sanitario, educativo y social, lo que genera dificultades de acceso, seguimiento y derivación, especialmente para los casos complejos. A pesar de ello, los servicios públicos siguen siendo reconocidos como fundamentales en los procesos de atención, por lo que se afirma la necesidad urgente de emprender transformaciones en los modelos que permitan atener a las necesidades de niños, niñas, adolescentes y jóvenes”.
5.Es preciso un relanzamiento de los programas de Salud Mental comunitaria, promoviendo la participación de la persona afectada por sufrimiento psíquico severo y el apoyo a la familia. Es indispensable reforzar el apoyo a los profesionales, facilitando los recursos necesarios, el tiempo de trabajo suficiente para cada paciente y la continuidad de la atención, además de una formación independiente de la industria. Debemos incorporar la participación de expertos en primera persona. Y debemos recuperar el trabajo en equipo, que permita la Intervención sobre el contexto y las condiciones de vida, intervenciones sociales, coordinación con dispositivos intermedios de los servicios sociales, con el ámbito educativo, laboral, vecinal, etc… Poner el foco en la persona, y tratar de llegar antes, con la prevención y la atención temprana.
6.En resumen: Los problemas de salud mental son importantes y preocupan a la sociedad. Estos problemas han aumentado sensiblemente en los últimos años. Los recursos, que ya eran la mitad de los necesarios antes de la pandemia de la COVID-19, ahora están completamente desbordados.
7.La situación es complicada, pero hay esperanza. La economía española ha crecido, y con ella el número de trabajadores y los ingresos fiscales. El país dispone de recursos. Hace falta orientarlos a las prioridades sociales que consideremos importantes. Podemos, y debemos, impulsar un cambio en la prevención y en la atención sanitaria y social precisas, para contribuir a mejorar la salud mental y revertir la tendencia negativa. Por eso es importante que desde diferentes ámbitos demandemos e impulsemos los cambios necesarios.
Referencias
Ministerio de Sanidad. Salud mental en datos: prevalencia de los problemas de salud y consumo de psicofármacos y fármacos relacionados a partir de los registros clínicos de atención primaria. Base de Datos Clínicos de Atención Primaria. Fecha del informe: diciembre 2020. Datos de 2017.
https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/estadisticas/estMinisterio/SIAP/Salud_mental_datos.pdf
Ipsos. Encuesta en el día de la Salud Mental. 2025.
https://www.vademecum.es/noticia-251008-la+salud+mental+se+consolida+como+el+mayor+problema+de+salud+para+la+poblaci+oacute+n+espa+ntilde+ola_634134
Ministerio de Sanidad. Informe anual SNS 2024 (2025).
https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/sisInfSanSNS/tablasEstadisticas/InfAnual2024/INFORME_ANUAL_2024.pdf
Ministerio de Sanidad. Barómetro sanitario 2025. (2026)
https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/BarometroSanitario/home_BS.htm
Confederación Salud Mental España. Mutua Madrileña. La situación de la Salud Mental en España 2023.
https://www.consaludmental.org/publicaciones/Estudio-situacion-salud-mental-2023.pdf
UGT. Salud mental y trabajo. 2025.
https://www.ugt.es/sites/default/files/informes/Informe_UGT_Salud_Mental_Trabajo_2025_0.pdf
Confederación Salud Mental España. La atención a la salud mental infanto-juvenil.
https://consaludmental.org/centro-documentacion/estudio-atencion-salud-mental-infanto-juvenil/
No puedo estar más de acuerdo con este artículo. Sólo destacar cómo la desigualdad socio-económica y la inseguridad laboral y financiera de una parte creciente de la población -en particular entre las generaciones jóvenes- aboca al deterioro de la salud mental, sin que reciban la atención necesaria.
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