jueves, 15 de octubre de 2026

(palabras pronunciadas en la apertura de los actos de celebración del 40 aniversario del SATSE, 14 de octubre de 2026) 


Buenas tardes. Autoridades. Señoras y señores.

 

Agradezco a la presidenta del SATSE su invitación a participar en esta celebración. Es un verdadero honor.

 

Mis primeras palabras son para felicitarles a todas ustedes, felicitar al sindicato, a sus miles de afiliadas, y a todas las personas que lo hicieron posible y lo han venido impulsando durante estos 40 años. 

 

También quiero tener un cariñoso recuerdo para el ministro Julián García Vargas, fallecido recientemente, y con quien tuve el privilegio de colaborar. 

 

Pero volvamos a 1986. Pocos meses antes del congreso fundacional del SATSE, se había aprobado, con el liderazgo de Ernest Lluch, la Ley que creaba el Sistema Nacional de Salud, caracterizado por: cobertura universal, catálogo de prestaciones completo, financiación a través de impuestos, redes integradas de servicios, gestión fundamentalmente pública o directa, y fuerte descentralización en las Comunidades Autónomas.

 

Desde entonces, la sanidad española ha demostrado eficacia y eficiencia, fortaleciendo a la vez el desarrollo económico y la cohesión social de nuestro país. Y es de justicia, reconocer la relevante contribución del SATSE en estos procesos, tanto en el ámbito nacional como en el autonómico.

 

Sin embargo, la crisis financiera de 2008-2013, los recortes que se implantaron en el Sistema Nacional de Salud, con una reducción del 20% del presupuesto, el aumento de la demanda, y también algunas ineficiencias estructurales en el gobierno del Sistema, provocaron el deterioro del funcionamiento de la sanidad pública. Después, cuando empezaba a recuperarse, llegó la pandemia de la COVID-19, con nuevos incrementos de la demanda, nueva crisis de recursos y más problemas de gobernanza. 

 

Es verdad que, a día de hoy, todavía disfrutamos de un excelente sistema sanitario público, pero está en riesgo. Permítanme que les llame la atención sobre algunos datos que ejemplifican este deterioro:

 

-El tiempo de espera para ser atendido, que ya era elevado, se ha duplicado desde 2010 hasta hoy. De esta forma, el problema de acceso hace que la universalidad y el derecho a la atención se vean conculcados “de facto”, y que muchas personas no puedan recibir la atención adecuada.

 

-Como consecuencia de estas largas listas de espera, quien puede recurre cada vez más a la sanidad privada, con seguro o sin seguro. Así, el porcentaje de personas que contrata seguro privado se ha más que duplicado en este período. Y, al mismo tiempo, las personas que valoran que la sanidad funciona bien o muy bien han pasado del 74% en 2010 a solo el 52% en 2025: 22 puntos menos. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas la sanidad es ya el tercer problema que más afecta personalmente a los españoles, después de los problemas económicos y la vivienda.

 

-Y citaré otro dato más, que me parece muy relevante: En el estudio “Situación Laboral y necesidades percibidas por las enfermeras en España, 2024”, un 39,4% de las enfermeras encuestadas manifestó su intención de dejar la profesión en los próximos diez años, por motivos profesionales. Estas tendencias deben preocuparnos mucho.

 

Ciertamente, la mayoría de los profesionales siguen dando lo mejor de sí mismos, y la calidad de la atención, cuando el paciente consigue acceder, es excelente, y se valora con notables o sobresalientes. El problema es que los recursos son insuficientes, y no se puede acceder cuando lo necesitas. 

 

Tenemos que insistir: hacen falta más recursos para atender las necesidades reales. Pero también hay problemas de gobierno y supervisión del Sistema Nacional de Salud, que se expresan en el aumento de la desigualdad: con grandes diferencias en tiempos de acceso a la sanidad, en gasto sanitario por habitante, en dotación de personal, como la enfermería, con ratios que oscilan desde 4,8 a 8,8 enfermeras por 1000 habitantes, según las Comunidades Autónomas, o en los niveles salariales y las condiciones de trabajo. El Estado debe garantizar el derecho a una atención sanitaria de calidad a todos los españoles, en todo el territorio nacional. Y no lo estamos haciendo.

 

Ahora bien, no todos salen perdiendo. En esta situación, la sanidad privada va ganando terreno. No solo en los seguros privados, sino en los conciertos, las externalizaciones de servicios, los servicios sociosanitarios, etc. También aumentan los beneficios de la industria farmacéutica. 

La tendencia actual perjudica a los pacientes, y también a la gran mayoría de profesionales. Pero beneficia a fondos de inversión y potentes grupos empresariales.

 

La disyuntiva no es menor. Si dejamos las cosas como están, la inercia, animada por fuertes intereses económicos particulares, conducirá a que el   Sistema Nacional de Salud se debilite como una viga de madera atacada por termitas.

 

Pero también podemos apostar por un futuro renovado para la sanidad. Y ahí, el SATSE debería influir decisivamente.

 

En mi opinión, habría que insistir en 7 líneas de acción.

 

Fortalecer el gobierno del Sistema y la coordinación entre el gobierno de España y las CCAA, reforzando la capacidad ejecutiva del Consejo Interterritorial y sus comisiones y Agencias Nacionales; y reforzando el Ministerio de Sanidad y la Alta Inspección.

 

Financiación suficiente, destinando dos puntos más de PIB, en la media de los países más avanzados socialmente. Esos fondos, enmarcados en un nuevo pacto de financiación autonómica, deben ser finalistas, con control de gasto y resultados, y con medidas correctoras en caso de incumplimiento. Sería la mejor inversión que podría hacer España: porque la salud es la base del progreso y la equidad.

 

La tercera línea es la dotación de personal adecuada a las necesidades. Por ejemplo, en enfermería faltan 100.000 profesionales. Un 30% más.

Hemos de remediarlo con urgencia. Personas bien formadas, bien remuneradas, con estabilidad y reconocimiento, con participación y proyecto compartido. 

 

La cuarta: enfoque preventivo, de cuidados y de autogestión de salud, reforzando la Atención Primaria, la Salud Mental y la Salud Pública, para dar respuesta a las nuevas necesidades demográficas y epidemiológicas.

 

La quinta: política farmacéutica eficiente. Gastamos 10.000 millones de euros de más cada año en sobre precios y sobre prescripción. La formación continuada y la investigación, también en cuidados, deben tener financiación pública y no patrocinada. 

 

La sexta: gestión mayoritariamente pública, controlando y limitando las Concesiones, las Externalizaciones y los Conciertos.

 

Y la séptima: contribuir, a través de las organizaciones internacionales, tanto profesionales como gubernamentales, a promover la salud global, corrigiendo inequidades y construyendo una sola salud planetaria.

 

No es imposible. Algunas de estas medidas se incluían en el Dictamen de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica, aprobado con amplio acuerdo por el Pleno del Congreso de los Diputados en julio de 2020, en respuesta a la pandemia, y deberían formar parte de un gran Contrato Social para recuperar y blindar los servicios públicos, junto con una reforma fiscal progresista y justa.

 

Amigas y amigos: 

 

En esta disyuntiva el SATSE tiene un importante papel que cumplir en defensa de la enfermería, pero también del SISTEMA NACIONAL DE SALUD, porque, en definitiva, cuidando al Sistema Nacional de Salud estamos cuidando a la enfermería, y viceversa.

 

¿No les parece que la próxima legislatura debería ser la legislatura de un gran Contrato Social que incluya como prioridad la sanidad pública? Estoy convencido que el SATSE podría intentar sumar voluntades políticas y profesionales y tratar de lograr un amplio respaldo para recuperar y consolidar el derecho a una atención sanitaria pública de calidad y para todos. 

 

Por eso, confío plenamente que este aniversario les dará fuerza y ánimo, para seguir liderando otros 40 años de futuro con esperanza, para el Sistema Nacional de Salud y para todas ustedes.

 

Muchas gracias por su atención, y mucha suerte.