viernes, 20 de marzo de 2026

SALUD MENTAL Y DIGITALIZACIÓN. RIESGOS Y OPORTUNIDADES.

(artículo publicado en Cuadernos de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha, número 2, marzo 2026.


Resumen


La introducción de la digitalización y las redes sociales en los últimos años del siglo XX y primer cuarto del siglo XXI impacta en la salud mental, pudiendo contribuir a generar diversos problemas. Por otro lado, la digitalización también influye y condiciona las formas de prestación de la atención a la salud mental. Es importante investigar estas cuestiones y debatir estrategias para minimizar los riesgos y aprovechar las oportunidades de la digitalización.


1.Introducción

No podemos saber si cuando Philip K. Dick publicó su novela Minority Report en 1956 imaginaría que en 2025 su ficción ya era una realidad. En la novela, Dick describe una policía “preCrimen”, que arresta a los sospechosos antes de que puedan cometer el delito, gracias a una máquina conectada a tres “mutantes precoginitivos” que predicen dichos crímenes. Hoy, como veremos más abajo, esa “máquina predictora” son los programas de inteligencia artificial alimentados con las bases de datos de la red, y ya están funcionando.

Desde que en los años 40 del siglo XX aparecieran los primeros computadores hasta hoy la digitalización ha cambiado el mundo. Entendemos por digitalización la transformación de información en datos electrónicos que pueden ser manejados por computadores. Las computadoras (máquinas electrónicas que utilizan conjuntos de instrucciones, llamados programas, para realizar tareas manejando bases de datos digitalizados), internet (la red de millones de ordenadores conectados entre sí electrónicamente), los teléfonos móviles, las apps (programas y conjuntos de programas), las redes sociales (plataformas tecnológicas para compartir nuestro perfil, nuestros datos y nuestras opiniones a través de comentarios o posts, y la Inteligencia Artificial (grupos de programas o algoritmos que simulan varias funciones mentales), están presentes y son mediadores o protagonistas en casi todos los ámbitos de nuestra vida y, por lo tanto, en la salud mental y en las formas de atención a la salud mental. La velocidad de su desarrollo e implantación es impresionante. A día de hoy, según el Informe Global Digital Trends, el número total de usuarios de teléfonos inteligentes supera los 5.240 millones de personas en el mundo (Vaquero 2024; Moreno 2025), lo que supone un 64% de la población mundial. Conectados simultáneamente. 

Vivimos en un entorno digitalizado “que parece ciencia ficción”: la mayoría de las personas llevamos el teléfono móvil permanentemente, estamos “conectados” y “geolocalizados”. Recibimos varios mensajes al día y nos sentimos (casi) obligados a contestar de inmediato, a cualquier hora de la mañana o de la tarde. Lo mismo ocurre con las llamadas telefónicas. Si no se contesta te pueden preguntar, preocupados: ¿te ha pasado algo? A través de internet realizamos búsquedas de información, visitamos museos, realizamos video-conferencias, consultamos el tiempo, hacemos y enviamos fotos, realizamos transferencias bancarias, etc., etc. Pronto desaparecerá el dinero físico y pagaremos todo con el móvil. A día de hoy sería difícil pensar en un mundo des-digitalizado. Esta realidad ha impactado en nuestra vida, en muchos casos para bien, y en otros para mal. En este texto comentaré dos impactos de la digitalización. Primero, en la salud mental. Después en los programas de atención a la salud mental. El tema es muy complejo, de manera que aquí comentaré algunos datos y tres ejemplos para animar al debate.


2.¿Cómo afecta la digitalización a la salud mental?

El promedio de tiempo que la población está conectada a las redes es de 2 horas y 21 minutos al día (Moreno 2025). En los jóvenes entre 13 y 17 años el tiempo de conexión diario promedio aumenta a las siete horas (Vaquero 2024). Se ha duplicado desde antes de la pandemia de la COVID-19. Muchos estudios señalan los riesgos de la sobre exposición a las pantallas y las apps para la salud mental: exposición a contenido sexual o violento, ciber acoso, presión para participar en actividades violentas o ilegales, lenguaje de odio, efecto burbuja, información falsa, etc., pudiendo afectar a la salud mental (adicción, baja autoestima (comparación / competitividad), soledad y privación social, depresión, ansiedad, insomnio, fragmentación de la atención y alteraciones en el aprendizaje, autolesiones, afectación de la maduración emocional y cognitiva, ideas suicidas e intento de suicidio, etc.) (Allcott 2020, APS 2018, Chang A 2015, Heidt J 2024, McCrae 2017, Przybylski 2017, Ra 2018, Riehm 2019, Sumner 2021, Swedo 2020). Ciertamente, algunos de estos estudios tienen limitaciones: son estudios de asociación, no de causalidad; valoran el tiempo de conexión (auto declarado), pero no las actividades desarrolladas. Por otro lado, algunos de estos autores señalan que ciertas actividades en redes sociales pueden tener efectos positivos: estimular creatividad, aprendizaje, soporte social, promoción de salud, etc. La clave, según ellos, estaría en estimular un uso positivo, crítico, ya que la limitación o restricción del uso es prácticamente imposible. 

El uso de tecnologías digitales, pantallas de ordenadores y teléfonos móviles comienza en edades tempranas. Así, Brushe y colaboradores mostraron cómo en niños de 12 a 36 meses de edad, el aumento de tiempo de pantalla suponía disminución del tiempo de conversación con sus padres, pudiendo afectar al desarrollo del lenguaje y el aprendizaje (Brushe 2024). Por su parte, Bhutani y colaboradores revisaron 16 estudios que analizaban el impacto del uso de pantallas en el desarrollo del lenguaje de niños menores de 12 años (Bhutani 2024); de esos estudios 9 encontraron un impacto negativo, cinco no encontraron impacto significativo y dos encontraron un efecto positivo. En el conjunto de estudios “parece que los efectos negativos del tiempo de pantalla superan a los positivos”.

En 2022 Mental Health Europe publicó un Informe sobre Digitalización en Salud Mental (MHE 2022). “La tecnología digital -decía- ha pasado a formar parte de nuestra vida profesional y personal, así como de nuestros sistemas sanitarios. Aparecen riesgos y oportunidades. Se necesitan regulaciones para minimizar los impactos negativos y estimular los resultados positivos”. 

Una revisión de la literatura llevada a cabo por Eddy Ives y colaboradores (Eddy 2025), evaluó el impacto de las pantallas y las redes sociales en la salud mental. “Se sugiere una asociación entre el uso excesivo de tecnologías digitales, especialmente las redes sociales, y la presencia de síntomas ansioso-depresivos y conductas autolesivas en la población infantojuvenil”.


¿Aumenta la prevalencia de problemas de salud mental con la digitalización?

Lo cierto es que, en los últimos años, la prevalencia de los problemas de salud mental ha aumentado en la población general y, sobre todo, ha aumentado en la población infanto-juvenil. Por ejemplo, en EEUU la población afectada por problemas depresivos ha aumentado un 40% desde 2009 hasta 2019; y entre 2007 y 2018 las tasas de suicidio en jóvenes de 10-24 años aumentaron en EEUU un 57% (The US SG 2021).

En España, en cuanto a la población general, la prevalencia ajustada por edad de problemas de salud mental era de 33% en 2022, frente a un 24,5% en 2016, con un aumento del 35% (aunque en 2022 hubo un ligero descenso respecto a 2021) (Ministerio de Sanidad 2025). En menores de 25 años la prevalencia registrada de problemas de salud mental ha aumentado sensiblemente: por ejemplo, los trastornos de la ansiedad pasaron de un 16,3% en 2016 a un 32,8% en 2022, lo que supone un amento del 101%.

El Barómetro Juvenil 2023 de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD 2023) mostraba un aumento de la incidencia de problemas de salud mental en el último año del 109%: en 2017 era un 28,4% y en 2023 fue de 59,3%. Por otra parte, casi la mitad de los jóvenes (48,9%) declara haber tenido ideaciones suicidas en algún momento de 2023. Según FAD “hay una emergencia de la salud mental en España” y las desigualdades y la precariedad disparan los problemas de salud mental en la juventud.

Una de las consecuencias graves de los problemas de salud mental es el suicidio, especialmente en jóvenes y en personas mayores. Varios estudios relacionan el aumento de la tasa de suicidios con el uso de redes sociales (The US SG 2021) (sin olvidar que también influyen otros factores) (Reeves 2010). 


¿En qué medida impacta el uso de redes sociales tiene que ver con el aumento de problemas de salud mental?

La Presidenta de la Comisión Europea anunció una investigación sobre los impactos de las redes sociales en el bienestar, así como medidas sobre el diseño adictivo de los servicios online y un plan contra el ciber acoso (Centola F). El Cirujano General de EEUU, en su informe anual, advertía de “alarmante aumento en la prevalencia de ciertos problemas de salud mental”. Y añadía “muy a menudo los jóvenes son bombardeados con mensajes a través de las redes sociales que erosionan su sentido de valía, diciéndoles que no son suficientemente guapos, suficientemente populares, suficientemente listos, o bastante ricos” (The US SG 2021). “Mientras las plataformas tecnológicas han mejorado nuestras vidas en muchos aspectos … para muchas personas pueden tener efectos adversos”. El informe también constata que la pandemia de la COVID-19 aumentó el estrés en los jóvenes y los efectos negativos del uso de redes.


-Primer ejemplo: utilización de páginas web de contenido negativo y salud mental.

En octubre de 2022, Andrew Walker, el Forense de North London, emitió un Informe en el que analiza el suicidio de Molly Rose Russell, que sufría depresión, y su relación con los efectos negativos de contenidos en internet (Walker 2022). Molly tenía 14 años y parecía una chica normal y saludable. Comenzó con síntomas depresión y se suscribió a una serie de páginas web online. Algunas de estas páginas no deberían haber sido accesibles a una niña de 14 años. A través de estas páginas accedió a imágenes, textos y contenidos que hablaban de auto-agresión, suicidio, y pensamiento negativo. En algunos casos se daba un contenido romántico a estos contenidos, normalizándolos. En otros, se desanimaba a consultar con personas que podrían haber ayudado. “Es muy probable que estos contenidos afectaran negativamente la salud mental de Molly, contribuyendo a su muerte”. El forense subraya que: no había separación en las plataformas para niños o adultos; no había verificación de edad; los algoritmos facilitaban contenidos similares y anuncios; los padres no tenían acceso a este material previamente. En consecuencia, recomienda que el Gobierno revise estas cuestiones y establezca un panel independiente para supervisar estos temas en la red. Así mismo, reclama más auto-regulación a las plataformas tecnológicas.


3.¿Cómo afecta la digitalización a la atención a la salud mental?

Ya desde los años 70 del siglo pasado comenzaron a digitalizarse las historias clínicas. En principio se recogían unos pocos datos; poco a poco se fueron haciendo programas más complejos que permiten recoger toda la información relevante, además de las pruebas complementarias (análisis, imágenes, etc.), generando grandes Bases de Datos sanitarias. En España, por nuestra forma de organización política, las Bases de Datos son autonómicas, aunque el Ministerio y las CCAA han creado un sistema de conexión que permite compartir la información más significativa. En la Unión Europea se ha definido un Espacio Europeo de Datos Sanitarios que permitirá utilizar la información para “uso primario” (prestar atención sanitaria a los pacientes en cualquier lugar de Europa, pudiendo acceder a los datos clínicos), y para “uso secundario” (para realización de estudios, investigación, y otros usos comerciales). Estos sistemas presentan importantes riesgos de vulneración de la confidencialidad y de utilización para fines que no son los autorizados por el paciente. En salud mental puede generar importantes problemas de estigmatización y discriminación. Otras aplicaciones de la digitalización son las recetas electrónicas o la teleconsulta, así como numerosas apps de entidades públicas y privadas. 


Chatbots generales.

Según la revisión realizada por Zao-Sanders, donde se analiza cómo utiliza la gente y para qué la Inteligencia Artificial generativa y los chatbots (programas que simulan una conversación con un ser humano), se encontró que el uso más común ya es la terapia, superando al trabajo y la creatividad (Zao 2025). En un estudio sobre el uso de ChatGPT como herramienta psicoeducacional en salud mental, Maurya y colaboradores encontraron que ChatGPT ofrecía respuestas empáticas, acciones razonables y sugerencias útiles (Maurya 2025). Y subrayaban que la herramienta insiste en que se consulte a un profesional cuando sea necesario. Para otros autores, en cambio, los riesgos del uso de chatbots son importantes: refuerza el egocentrismo, las ideas paranoides, la dependencia emocional, con tendencia al sobre diagnóstico, un enfoque individualista sin tener en cuenta determinantes sociales de la salud y exceso de medicamentalización, además de presentar problemas de privacidad y protección de datos (Perez Soler 2025).


-Segundo ejemplo: Chatbot, ¿facilitador del suicidio?

Recientemente, The Guardian reportó un caso de adolescente que cometió suicidio relacionado con el uso de ChatGPT en internet (Booth 2025). Según la reclamación judicial, al parecer Adam Raine se suicidó después de meses de conversación con ChatGPT, con quien discutió métodos de suicidio en varias ocasiones. OpenAI admitió que la seguridad del chatbot puede degradarse en conversaciones largas.

  

Chatbots específicos. Los “terapeutas” de la IA. 

Se estima que existen entre 10.000 y 20.000 apps de salud mental en el mercado. Se comercializan para diagnosticar y tratar depresión, ansiedad, trastorno bipolar, insomnio y otros problemas de salud mental. Pueden complementar los recursos personales, con supervisión. Ahora bien, estudios recientes revelan que las IAs pueden ser empáticas y útiles, pero también pueden generar ansiedad y contribuir a la soledad y a la dependencia emocional (Fang 2025). En concreto, un estudio de la Universidad de Brown señala que los chatbots de IA para salud mental violan sistemáticamente los estándares éticos (Brown 2025), por ejemplo, al reforzar las creencias negativas de los usuarios respecto a sí mismos y a otros. Por otro lado, varios estudios muestran que las apps de salud mental no crean valor para personas con problemas de salud mental, y pueden empeorar su situación. Señalan que el fundamento científico de esas apps es débil. Y, en su mayoría, no están sometidas a regulación y no asumen responsabilidades por los resultados potencialmente negativos (Gross 2024).

Sin duda el uso del Big Data, estas grandes bases de datos, y de programas informáticos puede tener aspectos positivos: mejorar el uso de recursos, diseñar programas de apoyo, teleconsulta, acceso a información y soporte, monitorización, etc. Pero los aspectos negativos son muy grandes: hackeo de historiales clínicos; discriminación de personas con problemas de salud mental; intervenciones no deseadas sobre personas afectadas; biologización del trastorno mental; categorización y venta de los perfiles de los usuarios a diferentes empresas, etc. Debería haber un debate público sobre estas cuestiones


Rastreadores de la red con predicciones de patología.

Algunas plataformas detectan perfiles de riesgo suicida y avisan a la policía o a los servicios de emergencia, poniendo en marcha intervenciones que, en ocasiones, son inapropiadas, pudiendo generar abusos o violación de los derechos humanos. Se plantea así un problema importante, con relevantes aspectos éticos (Bossewitch 2022). Las personas deberían autorizar expresamente la participación en estos macro-seguimientos, y deberían poder optar por rechazar esta participación y las autoridades sanitarias deberían supervisar el rigor científico y la garantía del respeto a los derechos humanos.


-Tercer ejemplo: rastreando la Red para predecir riesgos en salud mental.

En febrero de 2021 un internauta alertó a la Ciber policía de Mumbay (India) sobre un joven de 21 años que había colocado un post sobre suicidio en su perfil. La policía rastreó la dirección del ordenador (IP) y localizó al joven en pocas horas. Al parecer estaba deprimido por haber perdido a su madre, porque su madrastra le maltrataba, y por el fallecimiento reciente de su padre durante la pandemia. La policía, de acuerdo con la legislación del país, aconsejó al joven y lo condujo al hospital Nair para recibir tratamiento psiquiátrico. Era la novena actuación de la Ciber policía en casos similares en los últimos seis meses.

En algunos casos estos programas de predicción pueden hacer más daño que beneficio (Bossewitch 2022). En todo caso, deberían regularse y supervisarse por las autoridades sanitarias. En efecto, el uso de grandes bases de datos digitalizados y programas informáticos con interés comercial puede llevar a problemas de discriminación (acceso a empleos, entrada en el país, alquiler de vivienda, obtención de un crédito, contratos de seguros médicos, etc.).

Otros programas de vigilancia automatizada a través de la red pretenden detectar y predecir cuando una persona puede pasar a ser violenta (Bellio 2025; Metcalf 2025). En concreto, se han utilizado específicamente en personas con problemas de salud mental (Cheng 2023; Dobbins 2024). Se puede combinar con geolocalización. Recuerda demasiado a la novela de Philip K. Dick,The Minority Report, que citaba al principio, y tiene enormes implicaciones éticas, por la posible introducción de sesgos, violación de la intimidad, intervención sin consentimiento informado, etc. 

Un último apunte sobre los riesgos de la digitalización y el uso de la Inteligencia Artificial es la evidencia de que la IA puede “enfermar” introduciendo comportamientos no previstos por el programador. Según Ben-Zion y colaboradores, un diálogo con contenido estresante puede generar ansiedad en la IA afectando a su comportamiento y amplificando sus sesgos (Ben Zion). En un futuro próximo, con el desarrollo de la Inteligencia Artificial General, donde el ordenador se programe a sí mismo, este riesgo aumentará.


4.¿Cómo podemos minimizar los riesgos y aumentar los efectos positivos de la digitalización en salud mental? 

Son temas importantes que debería abordar el debate público para animar a las autoridades a desarrollar una adecuada regulación que garantice: privacidad; responsabilidad empresarial (por el impacto negativo de los sistemas digitalizados); seguridad; no discriminación y equidad; control humano de la tecnología; responsabilidad profesional de los diseñadores de programas y algoritmos; transparencia; promoción del interés público, el bien público y los derechos humanos (derecho a la intimidad, a la dignidad, a la autonomía y la toma de decisiones, etc.).

“El valor social y público de los datos debería orientarse a los determinantes de una buena salud mental: desarrollo económico equitativo, apoyo directo cuando sea necesario; evitar prácticas discriminatorias, exclusión y marginalización; mejorar la calidad de los cuidados y los servicios; y otras medidas para mejorar el bienestar social” (Bossewitch 2022). En el ámbito europeo deberíamos ser muy cuidadosos con la creación y utilización del Espacio Europeo de Datos Sanitarios, para que realmente esté al servicio de la ciudadanía y no al servicio de grandes multinacionales.

Salud Mental Europa propone aplicar un enfoque de derechos humanos al proceso de digitalización de nuestras sociedades. Es preciso desarrollar programas de psicoeducación sobre la utilización equilibrada y responsable de las tecnologías digitales en toda la sociedad. Es importante fomentar las actividades físicas y sociales fuera del entorno digital, e implantar estrategias de control de tiempo de pantalla.

Por otro lado, conviene tener en cuenta que, con demasiada frecuencia, la introducción de tecnologías digitales puede querer enmascarar la falta de dotación de los servicios persona-persona, las redes de atención sanitaria y social, la dotación de personal y de tiempo para ofrecer una atención oportuna y suficiente, los programas sociales de apoyo, las intervenciones en los determinantes de la salud, etc. Es decir, el enfoque interpersonal y social.

De ahí que resulte fundamental y prioritario mejorar los servicios sanitarios y sociales, así como los diferentes programas de salud para atender problemas de salud mental (OECD 2025). “Cerca de dos tercios de personas con problemas de salud mental no tienen acceso a la atención que necesitan”. En España, un 50% de las personas que van al psicólogo tienen que hacerlo por la sanidad privada (o a través de chatbots). La dotación de profesionales de salud mental en España es la mitad de la que correspondería por población en un país avanzado. Aplicando la Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud con medios suficientes se podría mejorar sensiblemente la calidad de la atención, disminuyendo el sufrimiento por enfermedad mental y posibilitando una vida autónoma y satisfactoria: Mejorar la dotación, la formación de personal y sus condiciones de trabajo, la accesibilidad (física y temporal), la continuidad de la atención, la coordinación entre servicios y programas, el apoyo a las familias, y la formación de las familias, educadores y empleadores. Así mismo, reducir la desigualdad y discriminación por raza, lugar de nacimiento, renta, identidad sexual, etc. (Kourgiantakis et al 2025); reducir el uso de sustancias, incluyendo medicación inadecuada; y reducir la utilización de tecnologías digitales (tiempo de pantalla), mejorando al mismo tiempo la utilización de estos dispositivos.

En el reto de mejorar la salud mental y el uso de las tecnologías informáticas todos podemos aportar algo (The US GS 2021): Las personas (a lo largo de la vida), las familias, el ámbito educativo, el ámbito laboral, los servicios y los profesionales sanitarios, los servicios y profesionales de los servicios sociales, la prensa, las plataformas tecnológicas, las asociaciones de pacientes, las Administraciones Públicas (Local, Regional, Nacional e Internacional).

En este sentido, teniendo en cuenta el desarrollo acelerado de la digitalización, la Inteligencia Artificial, las grandes bases de datos, etc., y el control de las mismas por grandes multinacionales de las plataformas tecnológicas (mundo occidental), o por el poder político totalitario (China), sería importante que los países promovieran pactos internacionales e instrumentos de control multilaterales para tratar de reorientar los usos de la digitalización en todos los ámbitos de la vida y, en concreto, en la salud mental y la atención a la salud mental. Estos pactos deberían tener como objetivo la defensa de los derechos humanos de las personas, el interés social y el bien público.


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