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viernes, 26 de diciembre de 2025

El Barómetro Sanitario de Noviembre enciende la luz roja.

 No deberíamos seguir mirando hacia otro lado. La sanidad pública está en peligro y no hay una respuesta contundente ni desde el Gobierno de España ni desde la mayoría de las CCAA.


El Barómetro Sanitario de noviembre, elaborado por el CIS para el Ministerio de Sanidad, muestra algunos datos muy preocupantes y enciende una luz roja: por primera vez, son más los que piensan que el sistema sanitario funciona mal que los que opinan que funciona bien (1). Así, cuando se pregunta a la ciudadanía su opinión sobre el sistema sanitario en nuestro país, más de la mitad, un 50,2%, opina que funciona mal o necesita cambios fundamentales, mientras que solo un 48,5% piensan que funciona bien o bastante bien. En cambio, en 2010 un 74% de la población valoraba bien o muy bien el sistema sanitario. En estos años la valoración positiva ha ido bajando más de 25 puntos. El deterioro es evidente, de tal forma que la sanidad es el tercer asunto que más preocupa personalmente a los españoles (2). Este descrédito tiene mucho que ver con los tiempos de espera para recibir atención sanitaria (diez días en Atención Primaria; cuatro meses en Atención Especializada). Y estos retrasos se traducen en que cada vez son más personas las que acuden a la sanidad privada. En efecto, al haber retrasos en la atención dentro de la sanidad pública, más personas se hacen un seguro privado. En este Barómetro Sanitario un 31% dicen tener este tipo de seguro, cuando en 2010 eran la mitad. Se está privatizando de facto la financiación sanitaria, que descansa cada vez más en el bolsillo de los pacientes.

En este sentido, otro síntoma preocupante recogido en el Barómetro Sanitario, y que muestra las carencias del sistema, es la dificultad que tienen muchas personas para pagar los medicamentos (copagos, medicamentos no financiados): en los últimos doce meses, un 5,6% de la población dejó de tomar un medicamento que les habían recetado en la sanidad pública porque no se lo pudieron permitir por motivos económicos. Supone unos 2,5 millones de personas. No son pocos. Y esta barrera al acceso a su tratamiento se genera al mismo tiempo que estamos pagando precios exorbitados por los nuevos medicamentos. En efecto, la sanidad pública gasta más de 10.000 millones de euros anuales en precios excesivos de medicamentos: más que de sobra para hacer que nadie quede sin el medicamento que necesita y para mejorar sensiblemente la dotación de profesionales. Además, ese exceso de beneficio de la industria farmacéutica se utiliza en parte para influir en los propios sanitarios presionándoles para que receten más, y medicamentos más caros, lo que, unido a la falta de tiempo para otras intervenciones no farmacológicas, conduce a un consumo innecesario de medicamentos que se estima en un 30%.

Desde los recortes producidos a partir de la crisis financiera de 2008-2010, la sanidad perdió un 20% de sus recursos y mientras tanto la demanda sanitaria ha crecido. Estas carencias producen un deterioro que debe corregirse cuanto antes. Pero no es solo cuestión de más recursos. Además, es precisa una reordenación del sistema sanitario, con un refuerzo de la coordinación y de los instrumentos que garanticen la universalidad y la calidad de la atención. Se deben potenciar las capacidades del Ministerio de Sanidad para que pueda ejercer sus funciones, como la Alta Inspección. Se debe mejorar el desempeño del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, con capacidad de decisión efectiva y estructuras de apoyo para compartir recursos (compras conjuntas, evaluación de servicios, sistemas de información, recursos humanos, etc.). Es preciso fortalecer la Salud Pública, la Atención Primaria y la atención a la Salud Mental. Es necesaria una reformulación completa de la política farmacéutica. Se deben completar las plantillas, adaptándolas a las nuevas necesidades y a los derechos de los trabajadores, dotar de estabilidad a los profesionales, y ofrecerles condiciones atractivas para su desempeño, incluyendo una formación continuada no ligada al patrocinio de la industria. Y también es necesario evitar la privatización y la fragmentación de la gestión y la provisión de la Atención Sanitaria. Muchas de estas medidas se aprobaron en julio de 2020 por el Congreso de los Diputados en el Dictamen para la reconstrucción económica y social, con un amplio respaldo parlamentario, y son perfectamente viables (3).

Es fundamental que el Gobierno de España lidere una ambiciosa estrategia de reconstrucción del Sistema Nacional de Salud, con un programa integral, de corto, medio y largo plazo, que vuelva a lograr el aprecio de la población hacia su sanidad pública. Sin duda el momento político es muy complicado y puede resultar tentador echarse las culpas unos a otros y centrarse en otros temas. Pero conviene tener presente que un extraordinario logro social de varias generaciones, nuestro Sistema Nacional de Salud, está hoy realmente en peligro.

(1) Barómetro Sanitario, tercera oleada 2025. Noviembre. https://www.cis.es/es/estudios/barometro-sanitario-2025-tercera-oleada-?cuestionario=18010&muestra=26369&pregunta=657578&variable=1094813&chartType=bar
(2) Barómetro CIS diciembre 2025. https://www.cis.es/es/w/avance-de-resultados-del-estudio-3536-bar%C3%B3metro-de-diciembre-2025-

(3) Dictamen para la reconstrucción social y económica. https://www.congreso.es/docu/comisiones/reconstruccion/153_1_Dictamen.pdf




viernes, 10 de febrero de 2017

El copago quiebra el principio de solidaridad: hace que paguemos dos veces, con los impuestos y en el momento del uso.

LA FINANCIACIÓN DE LA SANIDAD PÚBLICA Y LOS COPAGOS

Si hablamos de sanidad pública, queremos decir que una persona tiene derecho (titularidad) a  unas prestaciones de calidad y seguridad adecuada, financiadas públicamente (entre todos, en función de la renta y la riqueza, a través de sistemas impositivos progresivos, en los que paga más el que más tiene) y libres de pago en el momento del uso. Si te reconocen el derecho (tarjeta sanitaria) a un catálogo amplio de prestaciones, pero debes pagar 100% por todas ellas, eso no es sanidad pública. Es sanidad privada.

La sanidad pública quiere decir que todos pagamos, a través de impuestos, y que recibimos la atención sanitaria sin pagar en el momento de la utilización de los servicios.

El copago quiebra el principio de solidaridad. Es una privatización de parte de la atención sanitaria. El paciente paga en el momento del uso (además de haber pagado ya sus  impuestos). Paga dos veces. De esta manera paga más veces el más enfermo, el que más veces necesita utilizar la sanidad. Suelen ser los más mayores. Suelen ser las personas en condiciones más precarias (con más riesgos para la salud en el trabajo, por las condiciones de vivienda más insalubres, con salarios que no cubren necesidades, etc.). Se pueden hacer exenciones, excepciones, topes etc. a los copagos. Pero el copago siempre es una barrera al acceso para los que no tienen recursos. ¿Dónde está el límite del copago?: en la fuerza que haga el conjunto de la sociedad para oponerse.

Se suele decir que el copago tiene dos finalidades pricipales: disminuir el gasto público aumentando la financiación privada (“recaudación”), o reducir el consumo innecesario.

Si lo que se pretendiera no es ahorrar gasto público y transferirlo a los pacientes, sino que se quisiera “moderar el consumo innecesario”, porque se supone que la prescripción está mal indicada, hay que saber que el copago reduce igual el uso de la prescripción necesaria y de la supuestamente innecesaria. No es una buena manera de evitar el uso innecesario. Las personas con más renta seguirán haciendo uso necesario (y también innecesario si lo venían haciendo) y las personas con menos renta usarán menos el servicio, necesario o no. Puede que, además, al poner barreras al uso de un determinado servicio o medicamento, el problema de salud se agrave, y se deba utilizar otro servicio más complejo o más caro (urgencias, hospitalización, etc.).

Sabemos que a veces hay una presión excesiva, un deseo de consumo excesivo. Pero la mayor parte de las personas no quieren que les operen de algo innecesariamente, o hacerse un TAC innecesariamente, o tomar una medicina que no les hace falta. La mayor parte siguen el consejo del médico. Por tanto ahí está la clave: garantizar unas condiciones de trabajo adecuadas para los médicos, número de profesionales adecuado, formación y motivación, etc. Apoyo a los profesionales sanitarios en su trabajo y educación sanitaria desde la escuela a la población para un uso responsable de los servicios y para desarrollar hábitos de vida saludables.

Se ha argumentado que el copago que había era injusto porque había pensionistas que cobraban más que muchos trabajadores en activo y no parecía razonable. Desde luego que no lo era, pero la solución no consistía en poner copago a los pensionistas, subir el copago a los activos de rentas más altas y quitárselo a los de rentas más bajas. La solución, si el copago no tenía fin recaudatorio, era quitar el copago a los activos de rentas más bajas, no ponérselo a los pensionistas ni subírselo a nadie, sino reducirlo a todos progresivamente, porque todo copago es injusto.

Pero es que el copago, aunque se predique otra cosa por el gobierno que lo aplica, se usa principalmente para recaudar de los pacientes, porque los Ministerios de Hacienda no pueden / quieren corregir la insuficiencia financiera de los presupuestos públicos. El porcentaje de ingresos públicos sobre PIB en España es siete puntos menos que en la eurozona, supone 70.000 millones de euros menos de recaudación. El fraude fiscal, lo que no pagan los más ricos, nos cuesta una cantidad similar, ¡equivalente a todo el gasto sanitario público del país! Ahí está el problema de la financiación y no en el gasto sanitario que es escaso. Se debe aumentar la eficiencia en el uso de los recursos en todos y cada uno de los centros sanitarios, en cada nivel del sistema. Pero no a costa de desvirtuar la sanidad pública haciendo que el paciente pague dos veces. Eso es, literalmente, privatizar (aunque sea parcialmente) la sanidad.


FINANCIACIÓN PRIVADA Y COPAGOS EN EUROPA

Se dice que en otros países europeos hay más copagos. Y es verdad. Pero parte de esos copagos los recuperan luego los pacientes de sus seguros de empresa, que normalmente desgravan. Es decir, los pagan los contribuyentes.

¿Qué proporción pagan los ciudadanos europeos de su bolsillo (copagos, sanidad pública no cubierta, servicios no suficientes en calidad o tiempo de acceso…)? Esto se expresa en Gasto Sanitario Público o Privado sobre el Gasto Sanitario Total.

Comparación gasto sanitario público y privado países seleccionados UE (datos correspondientes a 2014 o último disponible).

GSP/h
%GSP/PIB
%GSP/T
%GSPriv/T
Alemania
3.326
9.3
84,63
15,37
Austria
3.002
7,79
75,88
24,12
Bélgica
2.887
8
77,58
22,42
España
1.419
6,3
69,79
30,21
Francia
2.817
8,7
78,65
21,35
Holanda
3.002
9,62
87,6
12,4
Reino Unido
2.744
7,84
79,58
20,42
Suecia
4.140
9,32
83,37
16,63





Fuente: Eurostat database

De manera que, aunque en otros países europeos hay copagos en farmacia y en diferentes servicios, lo cierto es que el gasto que debe financiar privadamente cada persona (vía copagos o vía seguros privados) es bastante mayor en España, como se observa en el cuadro: 30,21% frente a 12,4% en Holanda.

Se trata de ver el esfuerzo proporcional que hacen los pacientes, con gasto personal (además de sus impuestos). España debería financiar más proporción de la sanidad con financiación pública y no lo contrario (aumentar la cobertura pública de las prestaciones). Hemos de aumentar la financiación pública, no la privada.

Tampoco parece que los copagos disminuyan a largo plazo el consumo y el gasto. Por ejemplo, en Francia o en Austria hay copago para la hospitalización, que no hay en España, y sin embargo la utilización hospitalaria es mayor: 10,9 altas anuales por 100 habitantes en España, 17,9 en Francia y 27,5 en Austria. Los sistemas sanitarios son muy complejos y muchos factores intervienen a la vez. Por ejemplo, la forma de pago a los médicos (por acto en vez de por tarjeta), la forma de pago a hospitales (por procesos en vez de por contrato programa), la ausencia de “puerta de entrada” en primaria, etc., van a condicionar aumento de frecuentación, aunque pongan copago.

La industria farmacéutica suele estar a favor de los copagos. De esta forma quita presión al sistema público para que pueda aceptar los nuevos medicamentos con altos precios, y transfiere la financiación de medicamentos antiguos a los pacientes, mediante copagos o desfinanciación completa (100% de copago). De esta manera, las ventas totales pueden seguir creciendo. Es entendible que la industria tenga esta estrategia, pero no es una buena estrategia para los pacientes y el conjunto de la sociedad.

También se dice que el copago farmacéutico ha existido en España desde siempre, y se ha mantenido con todos los gobiernos. Es verdad que había copagos en España, pero se habían ido reduciendo conforme se universalizaba la sanidad. Cuando empieza a formarse la sanidad pública a principios del siglo XX, casi toda la atención era privada. No había cobertura con financiación pública y el médico, el hospital y los medicamentos se los pagaba el que podía, particularmente. Solamente la beneficencia para los pobres se financiaba con dinero público. Se puede decir que para una persona que fuera a la sanidad privada, el “copago” era del 100%. Poco a poco se fue ampliando la cobertura pública, es decir, se fueron reconociendo “prestaciones” financiadas con dinero público (cotizaciones sociales, impuestos), a los “titulares” de esos derechos. En España se fue reconociendo el derecho a grupos de trabajadores de determinados sectores, y se fue ampliando progresivamente. Se fueron ampliando también las prestaciones: hospitalización quirúrgica, consulta médica y de enfermería, visita a domicilio, consulta de especialidades ambulatorias, más tarde hospitalización médica, después salud mental, etc. Es decir, impulsamos un proceso de ampliación de los titulares del derecho y de las prestaciones cubiertas con financiación pública 100% con el fundamento del derecho a la salud de todas las personas y de la solidaridad para sostener ese derecho. Es decir, un proceso de “reducción de copago”. Ese proceso se invierte con el RD 16/2012. Este es el problema. El copago (con finalidad recaudatoria) abre una brecha en el principio de solidaridad.


EFECTOS ADVERSOS DE LOS COPAGOS

Algunos autores, como Beatriz González, Jaume Puig-Junoy, Santiago Rodríguez,  entienden que los copagos han de orientarse sobretodo a disminuir el consumo innecesario, y han hecho propuestas interesantes intentando mejorar su diseño y aplicación [1]. Pero normalmente la intencionalidad de los gobiernos al aumentar los copagos es reducir gasto público y transferir más esfuerzo a los pacientes. Por eso, tratar de perfeccionar el copago, haciendo que sea menos injusto y más orientado a la moderación del consumo innecesario, que es una finalidad loable, puede convertirse en argumento para ser usado en la dirección contraria: consolidar y aumentar los copagos con finalidad recaudatoria.

En todo caso, los copagos (tengan la intencionalidad que tengan) producen “efectos adversos” como señalan los mismos autores [2]. Cito:

-Después de 2008 varios países europeos han reformado al alza sus copagos en salud. Como consecuencia,  se ha producido un traslado de costes públicos a privados y ha aumentado la proporción de individuos con gasto privado sanitario catastrófico.
-Existe evidencia de que el efecto recaudatorio –simple cost-shifting o impuesto sobre los enfermos crónicos- resulta contraproducente porque aumenta la utilización de otros servicios (urgencias y hospitalizaciones) por causa de reagudizaciones y complicaciones.
-Tanto el gasto sanitario y farmacéutico como el copago se concentran de forma muy importante en una proporción reducida de individuos que están más enfermos, de forma que entre un 5-10% de la población concentra más del 50% del copago.
-Los copagos aplicados en nuestro país después de 2012 han reducido tanto el consumo de medicamentos menos necesarios como de los más necesarios (por ejemplo, antidiabéticos) y han reducido la adherencia a tratamientos efectivos en pacientes que han sufrido el primer infarto.
-Un copago redistribuye la carga financiera hacia el paciente, pero no reduce el consumo de los medicamentos, o apenas, tras un impacto inicial a corto plazo.

En efecto, la contra-reforma del RD 16/2012 tuvo “efecto recaudatorio”: el gasto privado en productos farmacéuticos y otros productos médicos perecederos, entre 2011 y 2014, aumentó en 1.540 millones de euros (Sistema de Cuentas de Salud), mientras disminuía el gasto público en recetas.Y tuvo también efecto disuasorio indiscriminado: el Barómetro Sanitario de 2015 muestra como un 4% de la población “en los últimos 12 meses dejó de tomar algún medicamento recetado por un/a médico/a de la sanidad pública porque no se lo pudo permitir por motivos económicos”.

A la vista de los “efectos adversos” del copago, si lo que queremos es disminuir el consumo innecesario pueden usarse otras medidas, algunas señaladas por los autores citados más arriba [2]: “ayudas a la prescripción, receta electrónica, auditorías de la prescripción, promoción de la competencia con los biosimilares, precios de referencia ampliados a grupos terapéuticos, subastas de genéricos con un diseño adecuado, evaluación dinámica de la innovación basada en la eficacia…”. No financiar lo que no sea eficaz. Aumentar la dotación de profesionales de manera que puedan dedicar tiempo suficiente a los pacientes. Fomentar la educación sanitaria y la promoción de salud. Divulgar los precios de los medicamentos y de otros tratamientos. Reducir drásticamente la presión que ejerce la industria farmacéutica a través de marketing, reducir los precios de los medicamentos y destinar esos recursos a financiar la formación y la investigación de forma independiente de la industria.

La introducción o aumento de copagos (aunque estuvieran pensados para moderar el consumo innecesario) tiene importantes riesgos y rompe la solidaridad en la financiación. Para mejorar la financiación sanitaria es preferible impulsar una fiscalidad progresiva que recaude un porcentaje del PIB similar a los países de la eurozona (7 puntos más de PIB) y luchar frontalmente contra el fraude fiscal (otros 6-8 puntos de PIB).

Si los copagos fueran inevitables las propuestas de los autores para mejorar el copago [1 y 2] son acertadas. Pero los copagos no son inevitables. Por eso creo que la pregunta no debe ser “¿cómo diseñar mejor el copago?”, sino “¿es realmente el copago la mejor herramienta para moderar el consumo sin causar efectos indeseables mayores?”. Mi posición, a la vista de las evidencias disponibles, es que no se deberían introducir nuevos copagos y se deberían reducir progresivamente los actuales.



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Nota: Algunas referencias interesantes con datos sobre copagos en diferentes países y con alguna propuesta.

[1] Beatriz González, Jaime Puig-Junoy, Santiago Rodríguez Feijoó. Copagos sanitarios. Revisión de experiencias internacionales y propuestas de diseño. Fedea Policy Papers. Fedea 2016.
[2] Jaume Puig-Junoy, Beatriz González López-Valcárcel. ¿Por qué es necesario revisar el actual sistema de copago farmacéutico? Nada es gratis. 3/2/2017
[3] Documento del MSSSI: Los sistemas sanitarios en los países de la UE.
[4] WHO Collaborating Center for pharmaceutical pricing and reimbursement policies
[5] Encuesta de HOPE sobre copagos

lunes, 31 de octubre de 2016

Manifiesto por la recuperación de los centros sanitarios privatizados


LAS JORNADAS DE VIGO SOBRE “LA PRIVATIZACIÓN DE LA SANIDAD EN LA UNIÓN EUROPEA  REMATAN CON EL “MANIFIESTO POR LA RECUPERACIÓN DE LOS CENTROS SANITARIOS PRIVATIZADOS

·       Recoge 6 puntos reivindicativos y pretende la adhesión de todas las fuerzas políticas y sociales que luchan en la defensa de los servicios públicos 
·       Lídia Senra y Manuel Martín clausuraron el encuentro que durante dos días promovió  el intercambio de experiencias y fomento el debate.



Las jornadas “La privatización de la Sanidad en la Unión Europea”, -organizadas por Lídia Senra, eurodiputada de Alternativa Gallega de Izquierda en Europa (AGEe), integrada en el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica (GUE/NGL), en colaboración con la Asociación Gallega para la Defensa de la Sanidad Pública (AGDSP) y la Junta de Personal del área Sanitaria de Vigo-, que durante dos días reunieron en la ciudad olívica la decenas de personas pertenecientes al sector sanitario gallego, estatal e internacional, remataron este sábado por la tarde con el lanzamiento del llamado “Manifiesto por la recuperación de los centros sanitarios privatizados”. 

El manifiesto, presentado polo presidente de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP)  Manuel Martín, e impulsado por las plataformas presentes en el encuentro, recoge seis puntos claves y la intención es, a partir de ahora, hacerlo circular para que reciba el apoyo y la adhesión de todas las organizaciones sociales y políticas implicadas en la lucha por la defensa de los servicios públicos. 

En esos 6 puntos de consenso del Manifiesto, se muestra textualmente el “compromiso a potenciar una red de organizaciones y plataformas que integren a los sectores sociales y profesionales más amplios, a nivel local, regional, estatal y europeo contra la privatización de los centros sanitarios, para evitar nuevas privatizaciones y promover la reintegración de los centros privatizados mismos a los sistemas públicos”. Se entiende que la salud tiene “una dimensión multifactorial que traspasa el Sistema Sanitario, que tiene que ver con la actuación pública sobre los determinantes de la salud con la colaboración activa de la población y los y las profesionales del sistema”. Considera que es “esencial” la “movilización social y profesional, acompañadas de la intervención de las administraciones públicas” y rechaza “los instrumentos que sólo benefician el sector personal y que deberían ser reintegrados al sistema público”. Denuncia que los modelo de Colaboración Público Privada (CPP) suponen “un encarecimiento muy importante de la atención sanitaria, el recorte de recursos, la diminución de la calidad de la misma y una total ausencia de transparencia, avanzando hacia la constitución de oligopolios de acopio sanitario en manos de multinacionales, constructoras, bancos y hondos buitre”. Y denuncia que esta CPP representa uno de los pilares fundamentales de la estrategia de privatización del Sistema Sanitario Público que se está produciendo en el Estado español de manera progresiva”.



MANIFESTO POR LA RECUPERACIÓN DE LOS CENTROS SANITARIOS PRIVATIZADOS
Las Plataformas y Organizaciones que suscribimos este Manifiesto queremos:
1.- Denunciar  la privatización del Sistema Sanitario Público que se esta produciendo en el Estado Español  de manera progresiva, en el que la denominada Colaboración Público Privada (CPP) representa uno de los pilares fundamentales de esta estrategia.
2.- De acuerdo con la evidencia científica, en el Estado Español y a nivel de la Unión Europea, se ha demostrado que estos modelos  CPP  suponen un encarecimiento muy importante de la atención sanitaria, un recortes de recursos, una disminución de la calidad de la misma, y una total ausencia de trasparencia, avanzando hacia las constitución de oligopolios de provisión sanitaria en manos de multinacionales, constructoras, bancos y fondos buitre.
3.- Por todos estos motivos rechazamos estos instrumentos solo beneficias al sector privado y consideramos que deberían ser reintegrados al sistema público, impulsando una legislación que garante o carácter público da provisión e da gestión do sistema sanitario público e derogue a Ley 15/97
4.- Consideramos que para conseguir este objetivo es esencial la movilización social y profesional, acompañadas de la intervención de las administraciones públicas.
5.- Entendemos que la salud tiene una dimensión multifactorial que traspasa el Sistema Sanitario que tiene que ver con la actuación pública sobre los determinantes de la salud con la colaboración activa de la población y los profesionales del sistema sanitario.
6.- Queremos mostrar nuestro compromiso a potenciar Una Red de Organizaciones y Plataformas que integren a los sectores sociales y profesionales más amplios , a nivel local, autonómico, estatal y europeo  contra la privatización de los centros sanitarios, para evitar nuevas privatizaciones y promover la reintegración de los centros privatizados mismos al sistema público
En Vigo a 29 de Octubre de 2016

sábado, 13 de septiembre de 2014

¿Que no se está privatizando la sanidad?


  
El Gobierno dice que no está privatizando la sanidad. Sin embargo, en los datos publicados hace unos días por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad constatamos que sí: en 2012 disminuyó el dinero destinado a sanidad pública en un 5,38% respecto al año anterior (un recorte de 3.903 millones €) (1).

Al mismo tiempo los pagos directos de los hogares en gastos sanitarios aumentaron fuertemente, un 4,27%. Dicho de otra forma, los pacientes tuvieron que pagar de su bolsillo 855 millones € más en 2012 respecto al año anterior. Y esto gastaron los que pudieron pagarlo; muchas personas que no pudieron pagar los aumentos de re.pagos, las pruebas o las consultas (como consecuencia del aumento de las listas de espera) no tuvieron la atención necesaria.

Cuando se dice “hemos ahorrado” o “el Estado ha ahorrado tanto y cuanto” lo que se está diciendo es que el Gobierno no ha sido capaz o no ha querido cobrar impuestos justos (progresivos) a las personas de rentas altas y a los defraudadores, y ha reducido los servicios públicos (que son los que utiliza la mayoría de la gente), obligando a pagar a los pacientes de su bolsillo una cantidad cada vez mayor: privatizando la financiación. Se está privatizando (haciendo menos solidaria) la financiación.

Sabemos que la disminución de gasto en algunas partidas puede ser positiva (menores precios de medicamentos a igual principio activo, menores precios de otros productos a igual calidad, indicaciones más apropiadas, etc.), pero esas cantidades deben revertir en otros servicios sanitarios muy necesarios. Y, desde luego, no se debe recortar cobertura poblacional, plantillas, inversión, medios para atender a los pacientes, etc.

Se produce así un trasvase de rentas de los que más lo necesitan (los pacientes) a los que no pagan impuestos de forma proporcional a su renta, los más acomodados, beneficiados por una política fiscal regresiva e injusta. El dato que refleja esta distribución injusta de los recursos es que el porcentaje de gasto sanitario público sobre el gasto sanitario total baja de 73,37% en 2011 a 71,7% en 2012. Es un retroceso importante que afecta a los valores clave del sistema sanitario público: universalidad, equidad, acceso a servicios de calidad y solidaridad, como analizamos en el documento Crisis (esta crisis) y Salud (nuestra salud) (2).


Privatización de la provisión: 446 millones de euros más para la sanidad privada.

Pero no solo se privatiza la financiación. Al mismo tiempo que se reduce el presupuesto sanitario público también se apuesta por un aumento de la provisión privada de la sanidad. Así, en 2012 los centros sanitarios privados prestaron servicios por valor de 29.689 millones €, con un aumento de 446 millones respecto a 2011. Mientras tanto, el gasto para la provisión de servicios en centros de titularidad pública se redujo en 2.026 millones (se incluyen aquí hospitales, establecimientos de atención medicalizada residencial, atención ambulatoria, programas de salud pública y administración general; no se incluyen minoristas y otros proveedores, donde se contabilizan las farmacias).
Este proceso paralelo de privatización de la provisión sanitaria debilita más la sanidad pública, haciéndole perder calidad y eficiencia.  

Como muestran los datos, este proceso de privatización sanitaria afecta tanto a la financiación (quién paga) como a la provisión (quién presta los servicios). Por desgracia, después del RD 16/1012 la sanidad española es menos universal, menos solidaria, menos equitativa y de menos calidad.

El problema se agrava cuando conocemos que la previsión del Gobierno del Sr Rajoy es reducir todavía más el gasto sanitario público, y con ello la calidad de este importante servicio. En la actualización del Programa de Estabilidad, Reino de España, 2014-2017, pág 42, se lee un objetivo de reducción de otros 0,9 puntos de PIB, un 13,3% sobre 2012, es decir otros 9.000 millones de euros de recortes, hasta reducirlo a un 5,3% del PIB, un retroceso de más de 20 años (3). Para garantizar un buen servicio sanitario público en España, con una renta per capita por encima de los 20.000 euros, deberíamos tener un gasto sanitario público de 7,5% del PIB

La sanidad pública de calidad es un derecho de todos, pero la garantía de ese derecho exige financiación suficiente. Además, conviene insistir una vez más en que el gasto en sanidad pública no es una “pérdida” sino una verdadera inversión que genera salud, cohesión social, estabilidad y riqueza. Por eso es importante que, entre todos, paremos este proceso de privatización sanitaria.


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(1) Sistema de Cuentas de Salud. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Tablas 3 y 4.

(2) Crisis (esta crisis) y Salud (nuestra salud)

(3) Ministerio de Economía y Competitividad

sábado, 16 de agosto de 2014

Los costes de la privatización sanitaria (en el Reino Unido)



La privatización sanitaria en el Reino Unido anticipa los problemas que se están planteando y se podrían plantear en España cuando se siguen las mismas estrategias (más mercado, más “competencia”, el dinero sigue al paciente, concesiones a largo plazo, etc., etc.).

Ayer Allyson Pollock publicaba un interesante artículo en The Guardian sobre los efectos de la privatización de la sanidad en el Reino Unido (1). La profesora se salud pública de la Universidad Queen Mary de Londres viene denunciando los desastrosos efectos de la privatización de la prestación sanitaria en su país. En esta ocasión resalta la noticia aparecida en el mismo periódico según la cual el  Servicio Nacional de Salud se vería obligado a pagar las reclamaciones por fallos en la atención sanitaria prestada en centros privados a pacientes derivados por la sanidad pública (2).

La profesora Pollock recuerda que los profesionales sanitarios vienen advirtiendo repetidamente a los gobiernos que la privatización genera importantes problemas, entre otros:

-Pérdida de calidad y seguridad en la atención
-Pérdida de la continuidad del cuidado a los pacientes e imposibilidad de una atención integral
-Selección de procedimientos menos complejos por los centros privados
-Obligación de los pacientes a desplazarse grandes distancias a centros privados teniendo un centro público más próximo
-Infrautilización en centros públicos mientras se deriva a privados
-Menor contratación de profesionales en centros públicos (no renovar contratación, no sustitución de jubilaciones, etc.), menor actividad en el servicio público llegando incluso al cierre de unidades
-Pérdida de calidad en la formación de Residentes por menor dotación y menor casuística
-Pagos por prestaciones no realizadas efectivamente
-Pagos desde la sanidad pública por fallos en la sanidad privada, argumentando la responsabilidad subsidiaria.

También en España hemos advertido de los riesgos y las consecuencias de una privatización de los servicios que pretende sustituir progresivamente la gestión sanitaria pública, una sistema sanitario que ha demostrado durante años mayor calidad y eficiencia que la media de los países más avanzados.

El deterioro de la sanidad en el Reino Unido hace que sus indicadores de resultados en salud muestren una peor calidad relativa respecto a los demás países europeos en los últimos 10 años (3).

La población está preocupada por ese deterioro y, cuando le preguntan si estaría dispuesta a pagar más a través de impuestos para recuperar la calidad de la sanidad pública, responde afirmativamente (4).

Una buena sanidad pública, financiada a través de unos impuestos progresivos y justos y con una gestión mayoritariamente pública, es la manera más eficiente y segura de ofrecer un servicio sanitario de alta calidad y para todos.



(3) Murray Ch et al. UK health performance: findings of the Global Burden of Disease Study 2010. Lancet 2013; 381:997-1020



sábado, 26 de enero de 2013

SOBRE EL DERECHO A LA ATENCIÓN SANITARIA



Para reflexionar hoy sobre la situación de la sanidad en España he elegido esta pregunta:
¿Por qué no dejar que la sanidad sea un asunto privado, que cada uno se pague la sanidad que pueda, y para ello tenga que ahorrar, y esforzarse en trabajar duro y en prosperar, con lo que se beneficiará él, su familia y toda la sociedad?

La idea que la atención sanitaria es un asunto privado ha sido la dominante en EEUU hasta hoy. En cambio en Europa, sobretodo después de la segunda guerra mundial, se extendió el modelo de atención sanitaria pública, universal. Pero casi desde que se implantó este modelo hubo voces en contra, reclamando la “libertad” de las personas para gastar su dinero en lo que consideraran mejor, y dejar la sanidad como bien privado. En los últimos años esta propuesta ha tomado más fuerza en España, sobretodo a raíz de la crisis, impulsada por políticas de signo neo-liberal.

1. Veamos qué ha pasado en la Sanidad española en los últimos dos años.

Elegiré algunos datos referidos a 5 variables que están íntimamente relacionadas (si se toca una se afectan las demás): cuánto, de quién, a quién, qué, y cómo, y que afectan el resultado: para qué. Los datos de 2010 son los publicados en fuentes oficiales y los de 2012 son estimaciones propias, que no son precisas, pero en todo caso definen la tendencia, lo que está pasando.

¿Qué ha pasado con la financiación sanitaria pública? (¿cuánto?)
El gasto sanitario público sufre un hachazo: habría pasado de 69.169 millones de euros en 2010 (EGSP del MSSSI) a 59.700 (estimación). En dos años se pierden cerca de 9.500 millones. (5.500 en personal [60.000 menos plantilla, de los cuales más de 10.000 médicos y más de 15.000 enfermeras;  reducción salarios 15% de media], 2.000 en farmacia, 2.000 en obra y tecnología médica). Y la previsión para 2013 es otro tajo. Mientras tanto el Gasto en sanidad con financiación privada habría crecido en 2.000 millones (seguros, pruebas y consultas para evitar esperas, copagos).

El gasto sanitario público en relación con el PIB baja casi un punto, del 6,6% al 5,7%.

¿Qué ha pasado con la fuente de financiación? (¿de quién?)
El porcentaje de gasto sanitario público sobre el total, que había subido los últimos años, vuelve a bajar, de 74,2% a 69,6%.
Los ingresos fiscales han bajado en 60.000 millones de euros entre 2008 y 2012 (rentas altas, fraude fiscal), y al mismo tiempo aumentan los copagos (en farmacia, transporte sanitario, prótesis) y el uso de servicios privados para evitar esperas.

¿Qué ha pasado con la población con derecho a atención? (¿a quién?)
Tambíen aquí cambia la tendencia. La cobertura se ha reducido, con la desuniversalización (RDL 16/2012 y RD 1192/2012). Del 99,2% al 98,5%. Se da marcha atrás en el proceso de ampliación de cobertura. Se quiebra el concepto de derecho a atención por ser persona residente en España.  Más de 200.000 personas que viven en España procedentes de otros países, sin la documentación de residencia, pierden el derecho que tenían a la atención sanitaria, aunque no dispongan de medios económicos. También pierden el derecho los españoles no asegurados que ganen más de 100.000 euros anuales. Y, por otra parte, se establece que el reconocimiento del derecho corresponde al INSS (concepto de asegurado y beneficiario, en vez de ciudadanía).

¿Qué ha pasado con las prestaciones? (¿qué?)
Algunas han salido totalmente de la sanidad pública, al perder la financiación, más de 400 medicamentos. Otras salen parcialmente, al aumentar copagos, con lo que hay personas que no podrán acceder y otras que ven mermada su renta.
Pero además, se pierde acceso y calidad por  los recortes en los recursos.
Esto supone menos médicos,  menos enfermeras, freno de las inversiones, cierre de servicios, de centros de salud, de quirófanos… Menos salarios, más jornada, más saturación, menos estímulos y posibilidades de desarrollo. Freno a la investigación…
Es decir, pacientes peor atendidos, con más espera para su diagnóstico  y tratamiento.

¿Qué ha pasado con la gestión? (¿cómo?)

En 2010 el 85% del gasto sanitario de financiación  pública en Atención Primaria y Hospitales (sin contar oficinas de farmacia y cuidados de larga duración) era de gestión pública.
En 2012 ha bajado al 82%. La gestión privada de sanidad pública ha pasado de 8.000 a 8.800 millones, con un aumento del 10%, mientras la gestión pública ha disminuido su peso en 4.300 millones.

¿Qué ha pasado con los resultados? (¿para qué?)

Los resultados en salud hasta 2010 eran muy buenos. La menor tasa de mortalidad estandarizada de toda la UE: 488/100.000 h. No habrá datos sobre esta cuestión hasta dentro de dos años.

Pero hay datos que ya se van viendo.
La opinión sobre la sanidad, según el CIS, en junio 2010 un 3,3% veía la sanidad como problema principal, en junio 2011 un 10,6%, 7,3 puntos más.

En junio 2010 las personas que esperaban en LE quirúrgica más de 6 meses eran un 4%; dos años después era más del doble, un 9,8%.
El tiempo de espera en cirugía programada era 61 días y pasó a 76, un 24,6% más.

Profesionales sanitarios de diferentes CCAA señalan que los tiempos de espera superan más de un año para pruebas diagnósticas.

Hasta aquí la radiografía del SNS muestra una cosa: con las diferentes medidas adoptadas se está recortando el derecho a una atención sanitaria de calidad. Pero ¿por qué está pasando esto?


2.Es cuestión de valores (y de relación de fuerzas).

El pasado 28 de diciembre los Archivos Nacionales del Reino Unido sacaron a la luz 6.000 documentos del Gobierno correspondientes al año 1982. La regla de los 30 años permitía desvelar ya las discusiones del Gabinete de Margaret Thatcher y entre otros se desclasificó un informe confidencial elaborado para el Gobierno por el Central Policy Review Staff, discutido en el Gabinete el 9 de septiembre de 1982.

En relación con la sanidad se decía: “se deberá poner fin a la provisión de atención sanitaria por el Estado para la mayoría de la población. Los servicios sanitarios serán de titularidad y gestión privada, y las personas que necesiten atención sanitaria deberán pagar por ello. Aquellos que no tengan medios para pagar podrán recibir una ayuda del Estado para pagar por su atención, a través de algún sistema de reembolso. Las únicas excepciones serán los cuidados hospitalarios de larga duración para personas con discapacidad mental, o personas mayores que no tengan medios económicos”.

Este discurso ha estado cada vez más presente en España en los últimos años, en Fundaciones, ámbitos académicos y declaraciones políticas.

La clave de este planteamiento es que propone un cambio de los valores que habíamos construido y acordado en Europa a lo largo del siglo XX, los valores de la justicia y la solidaridad. Según los nuevos/viejos valores cada persona es libre (los más fuertes) y responsable (los más débiles). El ánimo de lucro le va a motivar a buscar lo mejor (para los más fuertes). El Estado debe ser mínimo, para no imponerle cargas innecesarias y quitarle libertades (a los que más tienen). Esto es lo que estamos discutiendo. (Entre paréntesis están las implicaciones no explícitas en los discursos).

La ofensiva neoconservadora comenzó en los 80, pero en España, después de la crisis de 2007 ha tomado más fuerza, de tal manera que en el ámbito sanitario ha podido dar marcha atrás a la universalidad de la atención sanitaria sin demasiada resistencia social. Esta batalla no es nueva. Recuerdo que Alianza Popular no la quiso aprobar en la Ley General de Sanidad de1986, y que fuerzas conservadoras montaron la operación primavera para oponerse a la Ley, con financiación de la CEOE y asesoramiento, según relata el propio Lluch, de Pedro Arriola, colaborador después de Aznar y de Rajoy. “El objetivo –escribe Lluch- era frenar los más de 10 millones de votos que apoyaron a la universalización de la sanidad pública”. Sin embargo, aprobada la Ley el PP aceptó gestionar el modelo sanitario. Entonces parecía que los valores de la solidaridad y la justicia habían ganado la batalla.

Tampoco Thatcher pudo llevar a cabo su “programa máximo” en sanidad (reducción de cobertura, de derechos), pero introdujo cambios en la gestión del sistema, “privatizando el modelo”. Con ello no se cuestiona directamente el derecho a la atención, pero se erosiona indirectamente por tres mecanismos: 1. Aumenta los costes de gestión (intermediación, beneficio empresarial) y reduce presupuesto para las prestaciones reales (menos calidad, más esperas, menos recursos…), cuando es modelo “alternativo” y no “complementario”. 2. Se fragmenta el sistema con múltiples empresas gestoras (que pueden quebrar), y debilita el sistema. 3. Introduce el ánimo de lucro en el corazón del funcionamiento y la filosofía del sistema (la atención sanitaria como mercancía, beneficio empresarial vs. cuidado y compasión, mercados internos, el dinero sigue al paciente, consorcios empresariales, compra-venta de servicios; copagos para evitar “abusos”). Este cambio cultural prepara el terreno para el cuestionamiento de los derechos.

La clave y el motor de estos cambios la descubrimos al ver que en aquellos años 80 los “neo-con”  impulsaron otros cambios de enorme trascendencia, atendiendo a las demandas de los poderes financieros: la desregulación financiera emprendida por los Gobiernos de Thatcher y Reagan, la autorización a los bancos de ahorro y préstamo a convertirse en bancos de inversión de riesgo, la creación de productos financieros complejos, la supresión de controles, la automatización de las “apuestas” en bolsa, la aparición de productos tóxicos. Este nuevo capitalismo de casino, frente al capitalismo de fábrica, adquirió mucho poder. La economía virtual multiplica por 70 veces la economía real. En 2007 la burbuja de las hipotecas basura estalló y se inició una crisis de enormes proporciones. Pero en vez de cambiar las reglas y volver a la regulación de los años 80, se ha aprovechado la crisis para desmontar los las conquistas de medio siglo: el Estado de Bienestar.

Resulta oportuno citar a Warren Buffet, el cuarto hombre más rico del mundo, que cuando estalló la última crisis financiera advirtió:  “Claro que hay lucha de clases, la empezamos los ricos, y la vamos ganando”.

Esa lucha no es retórica,  tiene muertos y heridos. Si en la crisis del 29 se suicidaban los ricos arruinados en la bolsa, en esta crisis se están suicidando los pobres desahuciados de sus casas. Esta lucha ha provocado en los últimos 3 años  un trasvase de rentas brutal desde los trabajadores y clases medias, que cada vez son más pobres, a los ricos que cada vez son más ricos. Crece el ínice de Gini desde 31,3 en 2009 a  34 en 2010, más que ningún otro país europeo.

Ese trasvase se produce con bajadas de salarios, con despidos (cerca de 800.000 afiliados menos en 2012, 3 millones menos desde 2008), con el aumento de las jornadas y la reducción de las prestaciones públicas (pensiones, incapacidad temporal, indemnización por despido, etc.) y, al mismo tiempo, la disminución de la carga fiscal efectiva de las rentas más altas.  El incremento de la renta de las entidades financieras en 2012 supera el 80% y el de las empresas no financieras el 11%, mientras caen las rentas salariales y los servicios públicos.  Entre 2009 y 2012 se han dado a los bancos españoles 200.000 M€ de dinero público, restándoselo a sanidad y otras políticas.

El nuevo capitalismo financiero global tiene mucha fuerza. Y frente a él, las herramientas clásicas de los trabajadores y las clases medias han perdido capacidad de disuasión. Los grandes capitalistas no tienen miedo. Las huelgas en las fábricas en España no afectan a los fondos de inversión de Wall Street. Las leyes sociales de los parlamentos nacionales no afectan a los inversores de las islas Jersey o de la City.


3.Para que la atención sanitaria sea un derecho es preciso tener razones y fuerza para defenderlas.

Defendemos una atención sanitaria pública para que ninguna persona que necesite atención sanitaria se quede sin ella por no poder pagar, independientemente de su renta, su trabajo social, su edad, su trabajo o su origen (seguridad y tranquilidad frente a la necesidad de atención sanitaria). Para que no muera prematuramente, para que no sufra innecesariamente, para que pueda trabajar, relacionarse, pensar (reducción de la mortalidad, la morbilidad y la discapacidad). Y lo defendemos por razones de dignidad de las personas, de ciudadanía, de igualdad de oportunidades ante la vida, de equidad y de cohesión social.

“Sí pero eso también vale para la comida, la vivienda o el vestido… Por qué la sanidad tiene que ser universal? ¿Qué características tiene esta prestación que no tenga la vivienda, o la comida?”

La vivienda, la comida y el vestido son necesarios. Se  necesitan todos los días. Pero veamos algunas diferencias. La necesidad es relativamente estable y los costes se pueden adaptar a nuestras posibilidades económicas. Se puede planificar el gasto. Con un sueldo de 800 euros o una pensión de 450 puedo planificar una dieta suficiente con productos básicos. Puedo lograr el alquiler de una vivienda modesta, o compartir piso. Puedo pagar gastos, transporte, vestido. Puedo arreglarme. Muy justo, pero puedo ir tirando. Y si hay una situación extrema, una situación catastrófica, la sociedad debe responder garantizando alimento, alojamiento y abrigo con los servicios sociales públicos.

En cambio, la enfermedad es como si fuera situación catastrófica cada vez que se presenta. Un tratamiento pueden ser 10 euros, pero pueden ser 6.000, o 30.000, como en caso de la insuficiencia renal crónica. Además, dejas de poder trabajar. ¿Cómo lo vas a pagar? No sabes cuándo enfermarás, de qué enfermedad, de qué duración o gravedad. La previsión de ahorro individual, en el caso de que pueda ahorrar no es suficiente. Pero más del 50% de los españoles no pueden ahorrar con su sueldo o su pensión. El compartir riesgo con un seguro privado sería posible. Pero los más pobres tendrían un seguro menor, o no tendrían (como antes de la seguridad social en España y en Europa, o como ahora en EEUU, India, China). Entonces esas personas mueren sin atención adecuada, o se arruinan (150 millones de personas sufren catástrofes financieras, cada año, por este motivo, según la OMS). Por eso tiene sentido que la atención sanitaria que necesite una persona se pague entre todos, con aportaciones obligatorias, y progresivas (pagando más quien más tiene).

Los países sin cobertura universal están avanzando en esa dirección. Por una demanda de justicia (derechos humanos, igualdad ante la enfermedad), pero también por una cuestión económica: liberar ahorro individual para fomentar consumo interior en otros sectores. Pero en Europa se está retrocediendo en la dirección contraria, recortando cobertura, o recortando prestaciones y calidad de las mismas.

Yo defiendo que todas las personas que residen en España deben tener derecho a una atención sanitaria pública, de calidad y financiada con impuestos progresivos y no con el pago total o parcial por los enfermos de forma directa. 

Para frenar el desmantelamiento de la sanidad pública hemos de redescubrir el significado de la solidaridad, la equidad, la accesibilidad, la justicia, venciendo la confusión que crea el capitalismo financiero utilizando esas palabras para hacer lo contrario. Eso es lo primero.

En segundo lugar, tenemos que ser capaces de construir un discurso con un mensaje creíble y convincente, y que ese discurso se difunda de forma eficaz, a través de los medios de comunicación y las redes sociales, de tal manera que se cree una conciencia social.

Y, en tercer lugar, debemos sumar fuerzas para construir una mayoría social capaz de defender las políticas sociales y la sanidad pública. Fuerza en las asociaciones, fuerza en los medios de comunicación, fuerza en las  universidades, fuerza en los parlamentos, fuerza en los centros de decisión. Unidad para tener fuerza. Y nuevas formas de acción política, adaptadas a la nueva situación. Es decir, hay que tener la fuerza de la razón, pero también la fuerza de las mayorías para que las razones se hagan leyes y las leyes se apliquen con presupuestos públicos suficientes basados en un reparto más justo de la carga fiscal.

Estas son decisiones políticas, que afectan al conjunto social, soportadas en valores (en un caso la solidaridad, la equidad, la igualdad, en otro caso el sálvese quien pueda). En los últimos años el capitalismo financiero global ha roto el equilibrio que habíamos construido a lo largo del siglo XX y es preciso reconstruirlo. Por eso hemos de analizar, conversar, ver qué es mejor para la mayoría de las personas aquí, ahora, y en el futuro de nuestro país.

No tengo claras las respuestas. Pero tengo claro que no debemos admitir que se reduzca la naturaleza y la vida del ser humano a su condición económica y el pulso de la sociedad a la “prima de riesgo”. Es cuestión de valores, de convicciones, de derechos construidos sobre esos valores y de fuerza para defender esos derechos. Y a partir de ahí, al mismo tiempo, rediseñar los cambios precisos en la organización sanitaria para que pueda rendir el ciento por uno con los recursos que la sociedad destine a este fin.

(Intervención en el Círculo de Conversaciones Sanitarias, 22/1/2013)