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viernes, 17 de diciembre de 2021

El Informe Maloney: “Los precios de los medicamentos son insostenibles, injustificables y abusivos”

El 10 de diciembre se publicó el Informe del Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes de los EEUU, presidido por Carolyne B. Maloney. El informe, titulado “Investigación en los precios de los medicamentos” es el resultado de tres años de trabajo, revisando más de 1,5 millones de páginas de documentos internos de las compañías farmacéuticas, realizando comparecencias de directivos de dichas empresas y analizando toda la información relevante (1).

Las conclusiones de la investigación son rotundas: las compañías farmacéuticas han subido los precios de los medicamentos continuamente durante décadas manipulando el sistema de patentes y otras leyes para retrasar la competencia de genéricos a precios más bajos. Como consecuencia, los precios son insostenibles, injustificables y abusivos.

 

El informe demuestra que el argumento de que los altos precios son necesarios para financiar la investigación es falso. Los costes de I+D no justifican estos precios. El gasto en investigación es una parte pequeña de sus beneficios. Entre 2016 y 2020 las 14 empresas líderes gastaron más dinero en recompra de acciones y dividendos que en investigación: un total de 577.000 millones de dólares. Por otra parte, buena parte de los medicamentos con los que han obtenido ganancias elevadísimas se han investigado con financiación pública, con dinero de los contribuyentes, directamente. Además, de los gastos que las empresas farmacéuticas contabilizan como investigación, una parte significativa no va a lo que se considera investigación innovadora, sino a mantener sus monopolios, extender la duración de los mismos, reforzar las estrategias de marketing de las empresas y suprimir la competencia.

 

El comité concluye que es precisa una reforma estructural del sistema.


En la rueda de prensa de presentación del Informe, la Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, declaró: “El resultado de la investigación del Comité es claro: las familias americanas están sufriendo precios escandalosos en los medicamentos, mientras Big Pharma amasa beneficios record”. En efecto, el Informe señala que, entre 2016 y 2020 los ejecutivos de las 10 compañías investigadas recibieron, colectivamente, 800 millones $.

Ahora, con el impulso del Presidente Biden, el Congreso (Cámara de Representante y Senado) debatirán una ley (la Build Back Better Act) en la que, entre otras disposiciones, se habilitaría a Medicare (el seguro sanitario público para personas mayores) a que negocie los precios de los medicamentos con las compañías. Hasta ahora las compañías fijan los precios que quieren y Medicare, como los seguros de salud privados y los pacientes, tienen que aceptar ese precio. En el primer borrador de la ley se quería negociar, como punto de partida, el precio de 250 medicamentos. La presión de los lobbies de la industria farmacéutica habría logrado que, de momento, solamente se negociara el precio de 10. No es de extrañar la capacidad de influencia de la industria del medicamento, con más de 850 profesionales dedicados a esa tarea en el Congreso norteamericano (1,5 por cada congresista), y los más de 180 millones de dólares anuales en acciones de lobby en el Congreso.

 

A pesar de todo es un primer paso importante. Permitirá, por ejemplo, limitar el precio de la insulina a un máximo de 35$ al mes. Conviene recordar que, en EEUU, muchas personas mueren cada año por no poder pagarse el tratamiento con insulina, como la hija de Antoinette Worsham, diabética, que había muerto al tener que racionar la insulina que necesitaba porque, simplemente, su madre no podía pagarla. También serán incluidos otros medicamentos para el tratamiento del cáncer. Además, se fija un máximo de 2.000 $ al año lo que pagarían en medicinas las personas cubiertas por Medicare. 


Este Informe vuelve a poner de manifiesto el efecto nocivo de las patentes y monopolios en medicamentos. La misma conclusión podemos sacar de la lectura del Informe de la campaña No es Sano: Los altos precios de los medicamentos en España: análisis de los fármacos aprobados durante la pandemia (2). En este sector, inevitablemente, las compañías abusan del monopolio pidiendo precios excesivos a los pacientes y los servicios de salud, muy por encima de los costes de I+D y de fabricación. Los enormes beneficios que logran con estos precios abusivos engrosan las cuentas de los directivos y de los principales accionistas, en detrimento del conjunto de la sociedad. Parte de ese dinero se utiliza para marketing y lobby, bloqueando cualquier transformación significativa del sistema. Por eso, los gobiernos deberían tomar nota y hacer caso de otro Informe publicado en 2016: el Informe del Panel de Alto Nivel de la Secretaría General de Naciones Unidas sobre acceso a los medicamentos y la innovación (3). En aquel Informe se recomendaba al Secretario General de Naciones Unidas que iniciara un proceso para la negociación de una Convención vinculante sobre Investigación y Desarrollo de medicamentos, que desvinculara los costes de I+D de los precios finales, para promover así el acceso a una buena salud para todos. Esta es la clave. 

La pandemia de la COVID-19 es una prueba más de que tenemos que cambiar el modelo. Hemos pagado la investigación de las vacunas con dinero público. Se han pagado los ensayos clínicos y el desarrollo de los productos con compras anticipadas. Pero se ha cedido a las empresas el monopolio, para que decidan cuánto producen, a quién venden y a qué precio. El resultado ha sido un precio abusivo y una producción limitada. Quienes han podido (países de rentas altas) han pagado y se han vacunado. Quienes no han podido, se han quedado a la cola, en una brutal desigualdad frente a la pandemia que debería avergonzarnos. Pero, además, este modelo se nos vuelve en contra ya que, al no vacunar a millones de personas en países de bajos ingresos, el virus sigue circulando, sigue mutando, y llegó la ómicron, y sigue manteniendo en vilo a los sistemas de salud y a los países. Sin patentes y monopolios, con la mitad del dinero que hemos gastado los países ricos, se podría haber vacunado en 6 meses a toda la población del planeta. Desde julio hasta ahora ha muerto más de un millón de personas innecesariamente. Mucho sufrimiento, mucho dolor, pérdidas económicas, incertidumbre y miedo. No hay derecho. No es justo. Los gobiernos de la Unión Europea deben reaccionar y liderar un cambio de rumbo. Deben impulsar en Naciones Unidas una Convención para el acceso a los medicamentos que prohíba las patentes y los monopolios en las vacunas y tratamientos. Cuanto antes mejor.


(1)

https://oversight.house.gov/sites/democrats.oversight.house.gov/files/DRUG%20PRICING%20REPORT%20WITH%20APPENDIX%20v3.pdf

(2)

http://noessano.org/es/wp-content/uploads/2021/12/Informe_AltosPreciosMedicamentosEspaña.pdf

(3)

https://static1.squarespace.com/static/562094dee4b0d00c1a3ef761/t/57d9c6ebf5e231b2f02cd3d4/1473890031320/UNSG+HLP+Report+FINAL+12+Sept+2016.pdf

 

domingo, 15 de agosto de 2021

Alesha podía no haber muerto…

Alesha Kimi, una niña de 22 meses, falleció por COVID en un pueblo de Indonesia este mes de agosto. Podía haberse evitado. Como ella, morirán por COVID en el mundo en este mes de agosto, más de 250.000 personas. Podía haberse evitado si los países del mundo, reunidos en Naciones Unidas, hubieran decidido un abordaje global, justo y eficiente de la pandemia, en beneficio de toda la humanidad. Sin embargo, la respuesta a la pandemia ha sido nacionalista, cortoplacista, en sintonía con los intereses de las grandes corporaciones farmacéuticas y los grandes gestores de fondos de inversión. El resultado de este enfoque es que, en parte del mundo, el mundo rico, se ha vacunado ya a más del 50% de la población, y en otra parte del mundo, el mundo pobre, no se ha vacunado más que al 1-2% de la población. Esta situación facilita que el virus siga mutando, apareciendo nuevas variantes, que se siguen cobrando vidas de niñas inocentes como Alesha.

¿Por qué no hemos afrontado esta pandemia como lo que es, un problema global, y hemos respondido con perspectiva localista, “a diferentes velocidades”, según los niveles de renta del país? ¿Nos falta conciencia de especie, de que todos somos hermanos? ¿No nos damos cuenta que todos somos iguales de raíz, que todos los seres humanos tenemos derecho a la máxima salud posible y que todos merecemos el acceso a los servicios sanitarios y los medicamentos?

 

Estos días leía a Francisco Fernández Buey, filósofo comprometido, quien destacó la obra de Bartolomé de las Casas como la “más importante aportación del pensamiento hispánico del siglo XVI a la primera configuración de una conciencia de especie en el marco de la cultura europea”. Y cita al fraile: “Todas las naciones del mundo son hombres … todos tienen entendimiento y voluntad, todos tienen cinco sentidos exteriores y sus cuatro interiores se mueven por los objetos de ellos; todos huelgan con el bien y sienten placer con lo sabroso y alegre, y todos desechan y aborrecen el mal”. El mismo sentimiento expresa Shakespeare años después en su precioso monólogo de Shylock. Es verdad que desde entonces hasta ahora la humanidad ha dado pasos muy importantes, entre otros, no menores, la abolición de la esclavitud. Aunque siga habiendo explotación de millones de trabajadores en condiciones infrahumanas, hay un rechazo mayoritario a esas situaciones, nos repugna a la conciencia. Los organismos internacionales, surgidos después de la segunda guerra mundial, como la Organización Mundial de la Salud, nos hacen sentir parte de un todo y nos animan a la cooperación. Pero estas estructuras políticas multilaterales no tienen, todavía, fuerza bastante para contrapesar la fuerza de otras entidades económicas multinacionales, que ya han consolidado un enorme poder. Es preciso avanzar en un sistema de gobernanza mundial que permita un nuevo equilibrio, decidiendo en beneficio de toda la humanidad.

 

“Los líderes políticos y corporativos deben hacer una elección -escribía el Director General de la OMS, Dr Tedros, en Time, el pasado 12 de agosto-. ¿Quieren el pequeño grupo de países y compañías que controla el suministro de vacunas correr el riesgo de la aparición de nuevas variantes, con innecesarias olas de muerte, pérdida de empleos e inseguridad en todas partes? ¿O quieren terminar la pandemia y promover una verdadera recuperación global?” La respuesta nos la vienen dando desde hace más de un año: quieren lo primero. ¿Por qué? En el mismo artículo el Dr Tedros da la respuesta: “Se va a ganar muy poco con un pequeño número de compañías haciendo grandes ganancias si el mundo continúa perdiendo billones de dólares, entrando y saliendo de severas restricciones para sus poblaciones”. Esta es la clave, Dr Tedros: ¿quién va a ganar muy poco? ¿el conjunto de la humanidad? Pero hay otros que van a ganar mucho. Y pueden más los objetivos de ganancia de los directivos de unas pocas empresas que el sufrimiento, o la pérdida de billones para el conjunto de la población. Estas empresas tienen mucha fuerza, y por eso pueden convencer a sus gobiernos de que, en el dilema que usted plantea, opten por decisiones que conducen a no terminar la pandemia. Es decir, les convencen de que la mejor manera “para todos” es privatizar el conocimiento científico, a través de patentes, y conceder monopolios de explotación de las vacunas, como “bienes privados”, porque así, según afirman, se incentivará la investigación, aunque lo que realmente ocurre es lo contrario. Los monopolios permiten fijar precios abusivos y limitan la capacidad de producción de vacunas mundial, por lo que no hay vacunas para todos, pero se maximizan las ganancias de los monopolistas. En este escenario, los países más ricos acaparan las vacunas, compitiendo a ver quién es el que tiene más proporción de población vacunada con dos dosis, y quién va a ser el que antes vacune antes con la tercera dosis. Conviene insistir: mientras estos países han vacunado a más del 50% de sus poblaciones, millones de personas en países de bajos ingresos todavía no han recibido la primera dosis. Miles de profesionales sanitarios, personal de riesgo, personas vulnerables y mayores están sin vacunar en esos países, cuando la UE ya ha reservado la 3ª, 4ª 5ª y 6ª dosis, a precios abusivos. No es inevitable. Es una opción.

 

El Dr Tedros plantea una solución urgente: aumentar las donaciones voluntarias a través de COVAX. Pero esto no ha funcionado. Hasta ahora se han administrado menos del 5% de dosis totales a través de COVAX, porque las empresas venden a los que pagan precios más altos, y los países con altos ingresos acaparan las dosis. También plantea una solución a medio plazo, la suspensión de patentes, la transferencia de tecnología al Fondo para acceder a tecnologías COVID de la OMS (C-TAP), y el aumento de la producción mundial. Pero el mismo Dr Tedros constata que, aunque la mayoría de países apoyan esta propuesta, un pequeño número, que ya han vacunado a la mayoría de sus poblaciones, se opone, sobre la base de que es más rápido usar licencias voluntarias. Podría ser más rápido, teóricamente, si las empresas quisieran, pero no han querido, por lo que, en los últimos 12 meses, no se ha cedido la tecnología a la C-TAP de la OMS y, a través de ella, a todas las empresas que podrían fabricar vacunas. Es un hecho. Esta fórmula de cesión voluntaria tampoco ha funcionado.

 

¿Cuál es la alternativa? Los países (incluida la Unión Europea y EEUU) podrían llegar a un acuerdo urgente para se haga la cesión obligatoria de tecnologías COVID, con las compensaciones que sean razonables (inversión realizada, auditada; beneficio industrial en la media del sector industrial), lo que permitiría duplicar la producción. Entretanto, la producción actual de vacunas se podría distribuir a los países con menores tasas de vacunación, a precio de coste de fabricación. Una distribución equitativa global, lo mismo que se ha podido hacer en el seno de la Unión Europea. Estas decisiones permitirían acabar con la pandemia. Pero no se tomarán, porque la Unión Europea seguirá bloqueándolas, presionada por los grupos de poder económico. Para cambiar el equilibrio de fuerzas hace falta tiempo. Hace falta hacer visibles estas injusticias, hace falta que la muerte de Alesha, y la muerte y el dolor de miles, no nos dejen indiferentes, y hace falta crear conciencia de que hay alternativas, de que es posible una respuesta ética y, además, eficiente. Son muchas iniciativas que vienen impulsando ese cambio, The People’s Vaccine, la Iniciativa Ciudadana Europea “Right2Cure”, Médicos sin Fronteras, Health Action International, Knowledge Ecology International, Salud por Derecho, No es Sano, Asociación por un Acceso Justo al Medicamento, Plataforma de afectados por la Hepatitis C, medicusmundi, la propia OMS, la Secretaría General de Naciones Unidas y otras muchas.

 

El cambio es posible. Y depende de cada una de nosotras y nosotros. Paso a paso.

 

viernes, 6 de agosto de 2021

Dilemas morales en la COVID-19: Europa se desentiende de la petición de la OMS para una moratoria sobre la tercera dosis, y desoye la petición de más de 100 países para que apoye la suspensión de patentes

La OMS plantea un dilema moral a los países de altos ingresos, como los de la Unión Europea: les pide a los países ricos, que ya han vacunado a más del 50% de su población (incluyendo sanitarios, personal en riesgo y población más vulnerable) una moratoria en sus planes para la administración de una tercera dosis, al menos hasta el final de septiembre, para que se pueda vacunar, al menos, al 10% de la población de todos los países del planeta.

 Si, además de vacunarnos con las dos dosis que ya tenemos compradas, hacemos otra compra para una tercera o una cuarta dosis, en una situación de escasez de dosis global las empresas tenderán a vendernos a nosotros a precios más caros (10, 20 veces por encima de los costes de fabricación) en vez de vender a los países de bajos ingresos a precios más baratos, por lo que tendrán que seguir al final de la cola, como ya ha ocurrido.

https://www.politico.eu/article/who-calls-for-moratorium-on-booster-vaccines/

 

Según la OMS, los países ricos hemos puesto ya 100 dosis por cada 100 habitantes, “mientras, en países de bajos ingresos solamente se han podido administrar 1,5 dosis por cada 100 habitantes, debido a la falta de suministros”. ¿Es esto justo?

 

Hungría, Alemania, y Francia, ya han anunciado planes para administrar una tercera dosis. Los gobiernos nacionales quieren responder a su ciudadanía ofreciendo la mejor protección posible. Pero la Agencia Europea del Medicamento no recomienda (todavía) esa tercera dosis. Los estudios científicios no son precisos respecto a la pérdida de protección de las actuales vacunas. Y, sin embargo, las empresas cuentan con vender esa tercera dosis, y muchas más, a los países de altos ingresos. Y piensan hacerlo, además, subiendo los precios.

 

Si defiendo que las personas que viven en Castilla-La Mancha o en Madrid, tengan el mismo derecho a vacunarse que en Cataluña o en Galicia, porque todos somos españoles; si defiendo que cualquier persona en España tenga las mismas oportunidades de vacunarse que en Italia o en Holanda, y que no dependa de la renta de cada país, porque todos somos europeos… de la misma manera defiendo que todas las personas del planeta tengan las mismas oportunidades para vacunarse, porque todos somos seres humanos, con la misma dignidad y derechos. Por otro lado, conviene recordar que, si no nos salvamos todos no se salva nadie. Si no se termina la pandemia en todos los países no se termina en ninguno.

 

Sin embargo, la Unión Europea resuelve este dilema moral desoyendo la petición de la OMS y diciendo que es una cuestión de cada país. 

https://elpais.com/sociedad/2021-08-05/europa-desoye-la-peticion-de-la-oms-para-ayudar-a-los-paises-mas-pobres-retrasando-la-tercera-dosis-de-la-vacuna.html

 

La pandemia no es un asunto de un país. La fabricación de vacunas y su distribución no es asunto de un país ¿O acaso la UE no ha reservado ya 1.800 millones de dosis para 2022 y 2023?https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/ip_21_2548

 

Si el número de vacunas estuviera limitado por mandato divino y no hubiera posibilidad de fabricar más vacunas, el dilema moral de ponernos nosotros la tercera, por si acaso nos protege, mientras otros no tienen ni siquiera la primera, podría ser difícil para el gobierno de la UE que tiene responsabilidad sobre su población, y tiene dinero para comprar. Pero el asunto es que el número de vacunas podía ser mucho mayor, y el precio podría ser mucho más accesible, 1€ en vez de 20€, y eso sí depende de la Unión Europea y de los gobiernos europeos. Aquí se nos plantea otro dilema, que han formulado la OMS y más de 100 países del planeta en la Organización Mundial del Comercio, liderados por India y Sudáfrica. ¿Deben los gobiernos del mundo (singularmente EEUU, China, UE) ponerse de acuerdo para: 1) que los resultados de la Investigación y los conocimientos (el know how) para fabricar todas las tecnologías frente a la COVID (vacunas, medicamentos, diagnósticos, etc.) sean compartidos en un depósito común coordinado por la OMS (Depósito de Tecnologías COVID de la OMS, C-TAP); 2) que se distribuyan esas tecnologías a todas las empresas acreditadas en el mundo para la fabricación de las mismas; 3) que se apoye a esas empresas mediante compras anticipadas para acelerar la producción de las vacunas y productos necesarios para todos; 4) que se garantice el precio de venta a precio de coste; 5) que se distribuya de forma equitativa (en función de necesidad, personas en riesgo, personas vulnerables, conjunto de la población) a toda la población mundial. O deben seguir: 1) cediendo a unas pocas empresas farmacéuticas el monopolio de fabricación de unos productos cuya investigación y desarrollo se ha pagado con fondos públicos; 2) dejando que decidan cuánto producen y a qué empresas subcontratan; 3) dejando que fijen los precios de venta, 1000% o 2000% por encima de los costes de fabricación; 4) permitiendo que decidan a quién venden sus productos, priorizando al mejor postor; 5) favoreciendo que obtengan beneficios globales abusivos de más de 50.000 millones de euros en 2021, por encima de los costes de fabricación e I+D.

 

Frente a este otro dilema moral, la Unión Europea se inclina por mantener los monopolios de las vacunas, bloqueando la propuesta de India y Sudáfrica, 

https://eeas.europa.eu/delegations/world-trade-organization-wto/102517/european-union-statements-general-council-meeting-27-28-july-2021_en

Como consecuencia de este bloqueo, se impide o retrasa el acceso a la vacuna a millones (por precios abusivos y producción limitada), manteniendo el virus en circulación y contemplando inermes la aparición de nuevas variantes, y la (supuesta) pérdida de capacidad defensiva de las vacunas, lo que “obliga” a tener que usar una tercera dosis, que pronto será una dosis anual, con la cronificación del problema y la amenaza permanente de nuevos brotes y nuevos confinamientos. La Comisión Europea argumenta que somos muy solidarios porque se han exportado más de 500 millones de dosis desde la Unión Europea. Lo que no dice es que las exportan las empresas monopolísticas, al elevado precio que ellas fijan y, principalmente, a países de rentas altas que son el mejor postor, no a los millones de personas de países de rentas bajas. Dice que la UE y sus Estados Miembros han donado a COVAX 3.200 millones de euros para apoyar una distribución equitativa. Pero ese mecanismo, orientado de acuerdo con los intereses de la industria farmacéutica, no cuestiona los monopolios y no funciona. Con ese dinero se podían haber comprado 3.000 millones de dosis a precio de coste. Pero hasta julio COVAX ha administrado solo 180 millones de dosis. Dice también la UE que la producción de dosis está aumentando, y es verdad. Pero lo que también es verdad es que en muchos países africanos solamente se ha vacunado al 1% de la población. Para haber vacunado a la misma proporción de población en todo el mundo deberíamos haber fabricado el doble de dosis. Así habríamos evitado miles de muertes y la aparición de nuevas variantes. Significa poder fabricar y administrar 12.000 millones de dosis en 6 meses. Y para ello no se puede esperar a que las empresas con monopolio decidan hacer acuerdos de licencia voluntaria y subcontratar, fijando precios abusivos.

 

La Unión Europea, siguiendo el discurso de las grandes empresas farmacéuticas, dice que suspender los monopolios no resuelve nada. Por supuesto que hay que hacer, además, la transferencia de tecnología. Los gobiernos tienen poder para exigir esa transferencia, más aún cuando la I+D se financió (y se seguirá financiando) con dinero público. Se puede y debe hacer, y cuanto antes se haga, mejor. Las empresas titulares del monopolio han subcontratado con otras empresas la fabricación de las vacunas, y la transferencia de tecnología se ha hecho de tal manera que entre 3 y 6 meses desde el acuerdo ya estaban fabricando. Esta pandemia va alargarse, pero vendrán otras más letales. Y no podemos empezar a discutir si es razonable mantener los monopolios frente a problemas globales de salud. Tiene que ponerse en marcha un mecanismo automático de supresión de patentes, transferencia de tecnología a C-TAP, fabricación con toda la capacidad mundial, distribución equitativa, etc. 

 

Los dilemas morales ante los que se ha enfrentado Europa, hasta el momento, se han saldado con un “sálvese quien pueda”, acaparamiento de vacunas a precios abusivos, beneficios exorbitantes para unas pocas empresas y sus altos directivos, y limosna, donando unas cuantas dosis a países pobres, para tranquilizar la conciencia. Este gobierno europeo no ha estado a la altura moral de lo que exigen los tiempos. Estas decisiones, además de quebrar el principio de justicia, de vulnerar el derecho de todos los seres humanos a la salud, van también en contra de los intereses de los europeos. Nos deja en manos de unas multinacionales cuyo objetivo, lógicamente, es obtener la máxima ganancia, y esa no es forma de combatir una pandemia, ya que la ineficiencia en la gestión tiene unos enormes costes económicos y sociales para toda la ciudadanía. Los gobiernos tienen que tomar el mando y decidir en beneficio de todos y no solo de unos pocos. Si queremos terminar cuanto antes con la pandemia de la COVID-19, y para hacer frente a futuras pandemias, la Unión Europea tiene que resolver sus dilemas morales en la dirección contraria a la que ha tomado hasta ahora. Ahora bien ¿Cómo animar al gobierno de la UE a que cambie de posición, frente a la presión de las grandes empresas y su enorme capacidad de influencia, financiada con los sobre-precios que les pagamos por los medicamentos? Solamente una conciencia social, una convicción mayoritaria de que las cosas pueden y deben ser de otra manera, lo conseguirá. Iniciativas como las adoptadas por People’s vaccine, Intermón Oxfam, la Iniciativa Ciudadana Europea Right2Cure, Médicos sin Fronteras y otras, van ayudando a crear esa conciencia y nos animan a creer en otra Europa que recupere su dignidad moral frente al resto de la humanidad.

lunes, 4 de junio de 2018

Encrucijada

España, esta tierra
tan diversa, tan maravillosa,
se juega hoy en este pulso
su futuro.

Si el mezquino egoísmo
de unos pocos
quiere seguir robando
a nuestra costa
¡Ya está bien! ¡Ya basta!

Esta encrucijada encierra
una oportunidad
para tomar impulso
y abrir horizontes
a una mayor justicia
y a la convivencia 
entre distintos.

Hoy el verdadero patriotismo
es tender puentes entre hermanos,
no dividir
sino sumar fuerzas
en un proyecto común.

Lo que hoy importa
es fortalecer la democracia
y llenar de vida
una Constitución
donde quepamos todos.

A partir de ahí
construyamos el futuro
sin líneas rojas
con lealtad
sin trampas
sin atajos
para que todas y todos
podamos vivir con dignidad
aquí y ahora.

Fernando Lamata


viernes, 10 de febrero de 2017

El copago quiebra el principio de solidaridad: hace que paguemos dos veces, con los impuestos y en el momento del uso.

LA FINANCIACIÓN DE LA SANIDAD PÚBLICA Y LOS COPAGOS

Si hablamos de sanidad pública, queremos decir que una persona tiene derecho (titularidad) a  unas prestaciones de calidad y seguridad adecuada, financiadas públicamente (entre todos, en función de la renta y la riqueza, a través de sistemas impositivos progresivos, en los que paga más el que más tiene) y libres de pago en el momento del uso. Si te reconocen el derecho (tarjeta sanitaria) a un catálogo amplio de prestaciones, pero debes pagar 100% por todas ellas, eso no es sanidad pública. Es sanidad privada.

La sanidad pública quiere decir que todos pagamos, a través de impuestos, y que recibimos la atención sanitaria sin pagar en el momento de la utilización de los servicios.

El copago quiebra el principio de solidaridad. Es una privatización de parte de la atención sanitaria. El paciente paga en el momento del uso (además de haber pagado ya sus  impuestos). Paga dos veces. De esta manera paga más veces el más enfermo, el que más veces necesita utilizar la sanidad. Suelen ser los más mayores. Suelen ser las personas en condiciones más precarias (con más riesgos para la salud en el trabajo, por las condiciones de vivienda más insalubres, con salarios que no cubren necesidades, etc.). Se pueden hacer exenciones, excepciones, topes etc. a los copagos. Pero el copago siempre es una barrera al acceso para los que no tienen recursos. ¿Dónde está el límite del copago?: en la fuerza que haga el conjunto de la sociedad para oponerse.

Se suele decir que el copago tiene dos finalidades pricipales: disminuir el gasto público aumentando la financiación privada (“recaudación”), o reducir el consumo innecesario.

Si lo que se pretendiera no es ahorrar gasto público y transferirlo a los pacientes, sino que se quisiera “moderar el consumo innecesario”, porque se supone que la prescripción está mal indicada, hay que saber que el copago reduce igual el uso de la prescripción necesaria y de la supuestamente innecesaria. No es una buena manera de evitar el uso innecesario. Las personas con más renta seguirán haciendo uso necesario (y también innecesario si lo venían haciendo) y las personas con menos renta usarán menos el servicio, necesario o no. Puede que, además, al poner barreras al uso de un determinado servicio o medicamento, el problema de salud se agrave, y se deba utilizar otro servicio más complejo o más caro (urgencias, hospitalización, etc.).

Sabemos que a veces hay una presión excesiva, un deseo de consumo excesivo. Pero la mayor parte de las personas no quieren que les operen de algo innecesariamente, o hacerse un TAC innecesariamente, o tomar una medicina que no les hace falta. La mayor parte siguen el consejo del médico. Por tanto ahí está la clave: garantizar unas condiciones de trabajo adecuadas para los médicos, número de profesionales adecuado, formación y motivación, etc. Apoyo a los profesionales sanitarios en su trabajo y educación sanitaria desde la escuela a la población para un uso responsable de los servicios y para desarrollar hábitos de vida saludables.

Se ha argumentado que el copago que había era injusto porque había pensionistas que cobraban más que muchos trabajadores en activo y no parecía razonable. Desde luego que no lo era, pero la solución no consistía en poner copago a los pensionistas, subir el copago a los activos de rentas más altas y quitárselo a los de rentas más bajas. La solución, si el copago no tenía fin recaudatorio, era quitar el copago a los activos de rentas más bajas, no ponérselo a los pensionistas ni subírselo a nadie, sino reducirlo a todos progresivamente, porque todo copago es injusto.

Pero es que el copago, aunque se predique otra cosa por el gobierno que lo aplica, se usa principalmente para recaudar de los pacientes, porque los Ministerios de Hacienda no pueden / quieren corregir la insuficiencia financiera de los presupuestos públicos. El porcentaje de ingresos públicos sobre PIB en España es siete puntos menos que en la eurozona, supone 70.000 millones de euros menos de recaudación. El fraude fiscal, lo que no pagan los más ricos, nos cuesta una cantidad similar, ¡equivalente a todo el gasto sanitario público del país! Ahí está el problema de la financiación y no en el gasto sanitario que es escaso. Se debe aumentar la eficiencia en el uso de los recursos en todos y cada uno de los centros sanitarios, en cada nivel del sistema. Pero no a costa de desvirtuar la sanidad pública haciendo que el paciente pague dos veces. Eso es, literalmente, privatizar (aunque sea parcialmente) la sanidad.


FINANCIACIÓN PRIVADA Y COPAGOS EN EUROPA

Se dice que en otros países europeos hay más copagos. Y es verdad. Pero parte de esos copagos los recuperan luego los pacientes de sus seguros de empresa, que normalmente desgravan. Es decir, los pagan los contribuyentes.

¿Qué proporción pagan los ciudadanos europeos de su bolsillo (copagos, sanidad pública no cubierta, servicios no suficientes en calidad o tiempo de acceso…)? Esto se expresa en Gasto Sanitario Público o Privado sobre el Gasto Sanitario Total.

Comparación gasto sanitario público y privado países seleccionados UE (datos correspondientes a 2014 o último disponible).

GSP/h
%GSP/PIB
%GSP/T
%GSPriv/T
Alemania
3.326
9.3
84,63
15,37
Austria
3.002
7,79
75,88
24,12
Bélgica
2.887
8
77,58
22,42
España
1.419
6,3
69,79
30,21
Francia
2.817
8,7
78,65
21,35
Holanda
3.002
9,62
87,6
12,4
Reino Unido
2.744
7,84
79,58
20,42
Suecia
4.140
9,32
83,37
16,63





Fuente: Eurostat database

De manera que, aunque en otros países europeos hay copagos en farmacia y en diferentes servicios, lo cierto es que el gasto que debe financiar privadamente cada persona (vía copagos o vía seguros privados) es bastante mayor en España, como se observa en el cuadro: 30,21% frente a 12,4% en Holanda.

Se trata de ver el esfuerzo proporcional que hacen los pacientes, con gasto personal (además de sus impuestos). España debería financiar más proporción de la sanidad con financiación pública y no lo contrario (aumentar la cobertura pública de las prestaciones). Hemos de aumentar la financiación pública, no la privada.

Tampoco parece que los copagos disminuyan a largo plazo el consumo y el gasto. Por ejemplo, en Francia o en Austria hay copago para la hospitalización, que no hay en España, y sin embargo la utilización hospitalaria es mayor: 10,9 altas anuales por 100 habitantes en España, 17,9 en Francia y 27,5 en Austria. Los sistemas sanitarios son muy complejos y muchos factores intervienen a la vez. Por ejemplo, la forma de pago a los médicos (por acto en vez de por tarjeta), la forma de pago a hospitales (por procesos en vez de por contrato programa), la ausencia de “puerta de entrada” en primaria, etc., van a condicionar aumento de frecuentación, aunque pongan copago.

La industria farmacéutica suele estar a favor de los copagos. De esta forma quita presión al sistema público para que pueda aceptar los nuevos medicamentos con altos precios, y transfiere la financiación de medicamentos antiguos a los pacientes, mediante copagos o desfinanciación completa (100% de copago). De esta manera, las ventas totales pueden seguir creciendo. Es entendible que la industria tenga esta estrategia, pero no es una buena estrategia para los pacientes y el conjunto de la sociedad.

También se dice que el copago farmacéutico ha existido en España desde siempre, y se ha mantenido con todos los gobiernos. Es verdad que había copagos en España, pero se habían ido reduciendo conforme se universalizaba la sanidad. Cuando empieza a formarse la sanidad pública a principios del siglo XX, casi toda la atención era privada. No había cobertura con financiación pública y el médico, el hospital y los medicamentos se los pagaba el que podía, particularmente. Solamente la beneficencia para los pobres se financiaba con dinero público. Se puede decir que para una persona que fuera a la sanidad privada, el “copago” era del 100%. Poco a poco se fue ampliando la cobertura pública, es decir, se fueron reconociendo “prestaciones” financiadas con dinero público (cotizaciones sociales, impuestos), a los “titulares” de esos derechos. En España se fue reconociendo el derecho a grupos de trabajadores de determinados sectores, y se fue ampliando progresivamente. Se fueron ampliando también las prestaciones: hospitalización quirúrgica, consulta médica y de enfermería, visita a domicilio, consulta de especialidades ambulatorias, más tarde hospitalización médica, después salud mental, etc. Es decir, impulsamos un proceso de ampliación de los titulares del derecho y de las prestaciones cubiertas con financiación pública 100% con el fundamento del derecho a la salud de todas las personas y de la solidaridad para sostener ese derecho. Es decir, un proceso de “reducción de copago”. Ese proceso se invierte con el RD 16/2012. Este es el problema. El copago (con finalidad recaudatoria) abre una brecha en el principio de solidaridad.


EFECTOS ADVERSOS DE LOS COPAGOS

Algunos autores, como Beatriz González, Jaume Puig-Junoy, Santiago Rodríguez,  entienden que los copagos han de orientarse sobretodo a disminuir el consumo innecesario, y han hecho propuestas interesantes intentando mejorar su diseño y aplicación [1]. Pero normalmente la intencionalidad de los gobiernos al aumentar los copagos es reducir gasto público y transferir más esfuerzo a los pacientes. Por eso, tratar de perfeccionar el copago, haciendo que sea menos injusto y más orientado a la moderación del consumo innecesario, que es una finalidad loable, puede convertirse en argumento para ser usado en la dirección contraria: consolidar y aumentar los copagos con finalidad recaudatoria.

En todo caso, los copagos (tengan la intencionalidad que tengan) producen “efectos adversos” como señalan los mismos autores [2]. Cito:

-Después de 2008 varios países europeos han reformado al alza sus copagos en salud. Como consecuencia,  se ha producido un traslado de costes públicos a privados y ha aumentado la proporción de individuos con gasto privado sanitario catastrófico.
-Existe evidencia de que el efecto recaudatorio –simple cost-shifting o impuesto sobre los enfermos crónicos- resulta contraproducente porque aumenta la utilización de otros servicios (urgencias y hospitalizaciones) por causa de reagudizaciones y complicaciones.
-Tanto el gasto sanitario y farmacéutico como el copago se concentran de forma muy importante en una proporción reducida de individuos que están más enfermos, de forma que entre un 5-10% de la población concentra más del 50% del copago.
-Los copagos aplicados en nuestro país después de 2012 han reducido tanto el consumo de medicamentos menos necesarios como de los más necesarios (por ejemplo, antidiabéticos) y han reducido la adherencia a tratamientos efectivos en pacientes que han sufrido el primer infarto.
-Un copago redistribuye la carga financiera hacia el paciente, pero no reduce el consumo de los medicamentos, o apenas, tras un impacto inicial a corto plazo.

En efecto, la contra-reforma del RD 16/2012 tuvo “efecto recaudatorio”: el gasto privado en productos farmacéuticos y otros productos médicos perecederos, entre 2011 y 2014, aumentó en 1.540 millones de euros (Sistema de Cuentas de Salud), mientras disminuía el gasto público en recetas.Y tuvo también efecto disuasorio indiscriminado: el Barómetro Sanitario de 2015 muestra como un 4% de la población “en los últimos 12 meses dejó de tomar algún medicamento recetado por un/a médico/a de la sanidad pública porque no se lo pudo permitir por motivos económicos”.

A la vista de los “efectos adversos” del copago, si lo que queremos es disminuir el consumo innecesario pueden usarse otras medidas, algunas señaladas por los autores citados más arriba [2]: “ayudas a la prescripción, receta electrónica, auditorías de la prescripción, promoción de la competencia con los biosimilares, precios de referencia ampliados a grupos terapéuticos, subastas de genéricos con un diseño adecuado, evaluación dinámica de la innovación basada en la eficacia…”. No financiar lo que no sea eficaz. Aumentar la dotación de profesionales de manera que puedan dedicar tiempo suficiente a los pacientes. Fomentar la educación sanitaria y la promoción de salud. Divulgar los precios de los medicamentos y de otros tratamientos. Reducir drásticamente la presión que ejerce la industria farmacéutica a través de marketing, reducir los precios de los medicamentos y destinar esos recursos a financiar la formación y la investigación de forma independiente de la industria.

La introducción o aumento de copagos (aunque estuvieran pensados para moderar el consumo innecesario) tiene importantes riesgos y rompe la solidaridad en la financiación. Para mejorar la financiación sanitaria es preferible impulsar una fiscalidad progresiva que recaude un porcentaje del PIB similar a los países de la eurozona (7 puntos más de PIB) y luchar frontalmente contra el fraude fiscal (otros 6-8 puntos de PIB).

Si los copagos fueran inevitables las propuestas de los autores para mejorar el copago [1 y 2] son acertadas. Pero los copagos no son inevitables. Por eso creo que la pregunta no debe ser “¿cómo diseñar mejor el copago?”, sino “¿es realmente el copago la mejor herramienta para moderar el consumo sin causar efectos indeseables mayores?”. Mi posición, a la vista de las evidencias disponibles, es que no se deberían introducir nuevos copagos y se deberían reducir progresivamente los actuales.



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Nota: Algunas referencias interesantes con datos sobre copagos en diferentes países y con alguna propuesta.

[1] Beatriz González, Jaime Puig-Junoy, Santiago Rodríguez Feijoó. Copagos sanitarios. Revisión de experiencias internacionales y propuestas de diseño. Fedea Policy Papers. Fedea 2016.
[2] Jaume Puig-Junoy, Beatriz González López-Valcárcel. ¿Por qué es necesario revisar el actual sistema de copago farmacéutico? Nada es gratis. 3/2/2017
[3] Documento del MSSSI: Los sistemas sanitarios en los países de la UE.
[4] WHO Collaborating Center for pharmaceutical pricing and reimbursement policies
[5] Encuesta de HOPE sobre copagos