viernes, 20 de marzo de 2026

SALUD MENTAL Y DIGITALIZACIÓN. RIESGOS Y OPORTUNIDADES.

(artículo publicado en Cuadernos de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha, número 2, marzo 2026.


Resumen


La introducción de la digitalización y las redes sociales en los últimos años del siglo XX y primer cuarto del siglo XXI impacta en la salud mental, pudiendo contribuir a generar diversos problemas. Por otro lado, la digitalización también influye y condiciona las formas de prestación de la atención a la salud mental. Es importante investigar estas cuestiones y debatir estrategias para minimizar los riesgos y aprovechar las oportunidades de la digitalización.


1.Introducción

No podemos saber si cuando Philip K. Dick publicó su novela Minority Report en 1956 imaginaría que en 2025 su ficción ya era una realidad. En la novela, Dick describe una policía “preCrimen”, que arresta a los sospechosos antes de que puedan cometer el delito, gracias a una máquina conectada a tres “mutantes precoginitivos” que predicen dichos crímenes. Hoy, como veremos más abajo, esa “máquina predictora” son los programas de inteligencia artificial alimentados con las bases de datos de la red, y ya están funcionando.

Desde que en los años 40 del siglo XX aparecieran los primeros computadores hasta hoy la digitalización ha cambiado el mundo. Entendemos por digitalización la transformación de información en datos electrónicos que pueden ser manejados por computadores. Las computadoras (máquinas electrónicas que utilizan conjuntos de instrucciones, llamados programas, para realizar tareas manejando bases de datos digitalizados), internet (la red de millones de ordenadores conectados entre sí electrónicamente), los teléfonos móviles, las apps (programas y conjuntos de programas), las redes sociales (plataformas tecnológicas para compartir nuestro perfil, nuestros datos y nuestras opiniones a través de comentarios o posts, y la Inteligencia Artificial (grupos de programas o algoritmos que simulan varias funciones mentales), están presentes y son mediadores o protagonistas en casi todos los ámbitos de nuestra vida y, por lo tanto, en la salud mental y en las formas de atención a la salud mental. La velocidad de su desarrollo e implantación es impresionante. A día de hoy, según el Informe Global Digital Trends, el número total de usuarios de teléfonos inteligentes supera los 5.240 millones de personas en el mundo (Vaquero 2024; Moreno 2025), lo que supone un 64% de la población mundial. Conectados simultáneamente. 

Vivimos en un entorno digitalizado “que parece ciencia ficción”: la mayoría de las personas llevamos el teléfono móvil permanentemente, estamos “conectados” y “geolocalizados”. Recibimos varios mensajes al día y nos sentimos (casi) obligados a contestar de inmediato, a cualquier hora de la mañana o de la tarde. Lo mismo ocurre con las llamadas telefónicas. Si no se contesta te pueden preguntar, preocupados: ¿te ha pasado algo? A través de internet realizamos búsquedas de información, visitamos museos, realizamos video-conferencias, consultamos el tiempo, hacemos y enviamos fotos, realizamos transferencias bancarias, etc., etc. Pronto desaparecerá el dinero físico y pagaremos todo con el móvil. A día de hoy sería difícil pensar en un mundo des-digitalizado. Esta realidad ha impactado en nuestra vida, en muchos casos para bien, y en otros para mal. En este texto comentaré dos impactos de la digitalización. Primero, en la salud mental. Después en los programas de atención a la salud mental. El tema es muy complejo, de manera que aquí comentaré algunos datos y tres ejemplos para animar al debate.


2.¿Cómo afecta la digitalización a la salud mental?

El promedio de tiempo que la población está conectada a las redes es de 2 horas y 21 minutos al día (Moreno 2025). En los jóvenes entre 13 y 17 años el tiempo de conexión diario promedio aumenta a las siete horas (Vaquero 2024). Se ha duplicado desde antes de la pandemia de la COVID-19. Muchos estudios señalan los riesgos de la sobre exposición a las pantallas y las apps para la salud mental: exposición a contenido sexual o violento, ciber acoso, presión para participar en actividades violentas o ilegales, lenguaje de odio, efecto burbuja, información falsa, etc., pudiendo afectar a la salud mental (adicción, baja autoestima (comparación / competitividad), soledad y privación social, depresión, ansiedad, insomnio, fragmentación de la atención y alteraciones en el aprendizaje, autolesiones, afectación de la maduración emocional y cognitiva, ideas suicidas e intento de suicidio, etc.) (Allcott 2020, APS 2018, Chang A 2015, Heidt J 2024, McCrae 2017, Przybylski 2017, Ra 2018, Riehm 2019, Sumner 2021, Swedo 2020). Ciertamente, algunos de estos estudios tienen limitaciones: son estudios de asociación, no de causalidad; valoran el tiempo de conexión (auto declarado), pero no las actividades desarrolladas. Por otro lado, algunos de estos autores señalan que ciertas actividades en redes sociales pueden tener efectos positivos: estimular creatividad, aprendizaje, soporte social, promoción de salud, etc. La clave, según ellos, estaría en estimular un uso positivo, crítico, ya que la limitación o restricción del uso es prácticamente imposible. 

El uso de tecnologías digitales, pantallas de ordenadores y teléfonos móviles comienza en edades tempranas. Así, Brushe y colaboradores mostraron cómo en niños de 12 a 36 meses de edad, el aumento de tiempo de pantalla suponía disminución del tiempo de conversación con sus padres, pudiendo afectar al desarrollo del lenguaje y el aprendizaje (Brushe 2024). Por su parte, Bhutani y colaboradores revisaron 16 estudios que analizaban el impacto del uso de pantallas en el desarrollo del lenguaje de niños menores de 12 años (Bhutani 2024); de esos estudios 9 encontraron un impacto negativo, cinco no encontraron impacto significativo y dos encontraron un efecto positivo. En el conjunto de estudios “parece que los efectos negativos del tiempo de pantalla superan a los positivos”.

En 2022 Mental Health Europe publicó un Informe sobre Digitalización en Salud Mental (MHE 2022). “La tecnología digital -decía- ha pasado a formar parte de nuestra vida profesional y personal, así como de nuestros sistemas sanitarios. Aparecen riesgos y oportunidades. Se necesitan regulaciones para minimizar los impactos negativos y estimular los resultados positivos”. 

Una revisión de la literatura llevada a cabo por Eddy Ives y colaboradores (Eddy 2025), evaluó el impacto de las pantallas y las redes sociales en la salud mental. “Se sugiere una asociación entre el uso excesivo de tecnologías digitales, especialmente las redes sociales, y la presencia de síntomas ansioso-depresivos y conductas autolesivas en la población infantojuvenil”.


¿Aumenta la prevalencia de problemas de salud mental con la digitalización?

Lo cierto es que, en los últimos años, la prevalencia de los problemas de salud mental ha aumentado en la población general y, sobre todo, ha aumentado en la población infanto-juvenil. Por ejemplo, en EEUU la población afectada por problemas depresivos ha aumentado un 40% desde 2009 hasta 2019; y entre 2007 y 2018 las tasas de suicidio en jóvenes de 10-24 años aumentaron en EEUU un 57% (The US SG 2021).

En España, en cuanto a la población general, la prevalencia ajustada por edad de problemas de salud mental era de 33% en 2022, frente a un 24,5% en 2016, con un aumento del 35% (aunque en 2022 hubo un ligero descenso respecto a 2021) (Ministerio de Sanidad 2025). En menores de 25 años la prevalencia registrada de problemas de salud mental ha aumentado sensiblemente: por ejemplo, los trastornos de la ansiedad pasaron de un 16,3% en 2016 a un 32,8% en 2022, lo que supone un amento del 101%.

El Barómetro Juvenil 2023 de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD 2023) mostraba un aumento de la incidencia de problemas de salud mental en el último año del 109%: en 2017 era un 28,4% y en 2023 fue de 59,3%. Por otra parte, casi la mitad de los jóvenes (48,9%) declara haber tenido ideaciones suicidas en algún momento de 2023. Según FAD “hay una emergencia de la salud mental en España” y las desigualdades y la precariedad disparan los problemas de salud mental en la juventud.

Una de las consecuencias graves de los problemas de salud mental es el suicidio, especialmente en jóvenes y en personas mayores. Varios estudios relacionan el aumento de la tasa de suicidios con el uso de redes sociales (The US SG 2021) (sin olvidar que también influyen otros factores) (Reeves 2010). 


¿En qué medida impacta el uso de redes sociales tiene que ver con el aumento de problemas de salud mental?

La Presidenta de la Comisión Europea anunció una investigación sobre los impactos de las redes sociales en el bienestar, así como medidas sobre el diseño adictivo de los servicios online y un plan contra el ciber acoso (Centola F). El Cirujano General de EEUU, en su informe anual, advertía de “alarmante aumento en la prevalencia de ciertos problemas de salud mental”. Y añadía “muy a menudo los jóvenes son bombardeados con mensajes a través de las redes sociales que erosionan su sentido de valía, diciéndoles que no son suficientemente guapos, suficientemente populares, suficientemente listos, o bastante ricos” (The US SG 2021). “Mientras las plataformas tecnológicas han mejorado nuestras vidas en muchos aspectos … para muchas personas pueden tener efectos adversos”. El informe también constata que la pandemia de la COVID-19 aumentó el estrés en los jóvenes y los efectos negativos del uso de redes.


-Primer ejemplo: utilización de páginas web de contenido negativo y salud mental.

En octubre de 2022, Andrew Walker, el Forense de North London, emitió un Informe en el que analiza el suicidio de Molly Rose Russell, que sufría depresión, y su relación con los efectos negativos de contenidos en internet (Walker 2022). Molly tenía 14 años y parecía una chica normal y saludable. Comenzó con síntomas depresión y se suscribió a una serie de páginas web online. Algunas de estas páginas no deberían haber sido accesibles a una niña de 14 años. A través de estas páginas accedió a imágenes, textos y contenidos que hablaban de auto-agresión, suicidio, y pensamiento negativo. En algunos casos se daba un contenido romántico a estos contenidos, normalizándolos. En otros, se desanimaba a consultar con personas que podrían haber ayudado. “Es muy probable que estos contenidos afectaran negativamente la salud mental de Molly, contribuyendo a su muerte”. El forense subraya que: no había separación en las plataformas para niños o adultos; no había verificación de edad; los algoritmos facilitaban contenidos similares y anuncios; los padres no tenían acceso a este material previamente. En consecuencia, recomienda que el Gobierno revise estas cuestiones y establezca un panel independiente para supervisar estos temas en la red. Así mismo, reclama más auto-regulación a las plataformas tecnológicas.


3.¿Cómo afecta la digitalización a la atención a la salud mental?

Ya desde los años 70 del siglo pasado comenzaron a digitalizarse las historias clínicas. En principio se recogían unos pocos datos; poco a poco se fueron haciendo programas más complejos que permiten recoger toda la información relevante, además de las pruebas complementarias (análisis, imágenes, etc.), generando grandes Bases de Datos sanitarias. En España, por nuestra forma de organización política, las Bases de Datos son autonómicas, aunque el Ministerio y las CCAA han creado un sistema de conexión que permite compartir la información más significativa. En la Unión Europea se ha definido un Espacio Europeo de Datos Sanitarios que permitirá utilizar la información para “uso primario” (prestar atención sanitaria a los pacientes en cualquier lugar de Europa, pudiendo acceder a los datos clínicos), y para “uso secundario” (para realización de estudios, investigación, y otros usos comerciales). Estos sistemas presentan importantes riesgos de vulneración de la confidencialidad y de utilización para fines que no son los autorizados por el paciente. En salud mental puede generar importantes problemas de estigmatización y discriminación. Otras aplicaciones de la digitalización son las recetas electrónicas o la teleconsulta, así como numerosas apps de entidades públicas y privadas. 


Chatbots generales.

Según la revisión realizada por Zao-Sanders, donde se analiza cómo utiliza la gente y para qué la Inteligencia Artificial generativa y los chatbots (programas que simulan una conversación con un ser humano), se encontró que el uso más común ya es la terapia, superando al trabajo y la creatividad (Zao 2025). En un estudio sobre el uso de ChatGPT como herramienta psicoeducacional en salud mental, Maurya y colaboradores encontraron que ChatGPT ofrecía respuestas empáticas, acciones razonables y sugerencias útiles (Maurya 2025). Y subrayaban que la herramienta insiste en que se consulte a un profesional cuando sea necesario. Para otros autores, en cambio, los riesgos del uso de chatbots son importantes: refuerza el egocentrismo, las ideas paranoides, la dependencia emocional, con tendencia al sobre diagnóstico, un enfoque individualista sin tener en cuenta determinantes sociales de la salud y exceso de medicamentalización, además de presentar problemas de privacidad y protección de datos (Perez Soler 2025).


-Segundo ejemplo: Chatbot, ¿facilitador del suicidio?

Recientemente, The Guardian reportó un caso de adolescente que cometió suicidio relacionado con el uso de ChatGPT en internet (Booth 2025). Según la reclamación judicial, al parecer Adam Raine se suicidó después de meses de conversación con ChatGPT, con quien discutió métodos de suicidio en varias ocasiones. OpenAI admitió que la seguridad del chatbot puede degradarse en conversaciones largas.

  

Chatbots específicos. Los “terapeutas” de la IA. 

Se estima que existen entre 10.000 y 20.000 apps de salud mental en el mercado. Se comercializan para diagnosticar y tratar depresión, ansiedad, trastorno bipolar, insomnio y otros problemas de salud mental. Pueden complementar los recursos personales, con supervisión. Ahora bien, estudios recientes revelan que las IAs pueden ser empáticas y útiles, pero también pueden generar ansiedad y contribuir a la soledad y a la dependencia emocional (Fang 2025). En concreto, un estudio de la Universidad de Brown señala que los chatbots de IA para salud mental violan sistemáticamente los estándares éticos (Brown 2025), por ejemplo, al reforzar las creencias negativas de los usuarios respecto a sí mismos y a otros. Por otro lado, varios estudios muestran que las apps de salud mental no crean valor para personas con problemas de salud mental, y pueden empeorar su situación. Señalan que el fundamento científico de esas apps es débil. Y, en su mayoría, no están sometidas a regulación y no asumen responsabilidades por los resultados potencialmente negativos (Gross 2024).

Sin duda el uso del Big Data, estas grandes bases de datos, y de programas informáticos puede tener aspectos positivos: mejorar el uso de recursos, diseñar programas de apoyo, teleconsulta, acceso a información y soporte, monitorización, etc. Pero los aspectos negativos son muy grandes: hackeo de historiales clínicos; discriminación de personas con problemas de salud mental; intervenciones no deseadas sobre personas afectadas; biologización del trastorno mental; categorización y venta de los perfiles de los usuarios a diferentes empresas, etc. Debería haber un debate público sobre estas cuestiones


Rastreadores de la red con predicciones de patología.

Algunas plataformas detectan perfiles de riesgo suicida y avisan a la policía o a los servicios de emergencia, poniendo en marcha intervenciones que, en ocasiones, son inapropiadas, pudiendo generar abusos o violación de los derechos humanos. Se plantea así un problema importante, con relevantes aspectos éticos (Bossewitch 2022). Las personas deberían autorizar expresamente la participación en estos macro-seguimientos, y deberían poder optar por rechazar esta participación y las autoridades sanitarias deberían supervisar el rigor científico y la garantía del respeto a los derechos humanos.


-Tercer ejemplo: rastreando la Red para predecir riesgos en salud mental.

En febrero de 2021 un internauta alertó a la Ciber policía de Mumbay (India) sobre un joven de 21 años que había colocado un post sobre suicidio en su perfil. La policía rastreó la dirección del ordenador (IP) y localizó al joven en pocas horas. Al parecer estaba deprimido por haber perdido a su madre, porque su madrastra le maltrataba, y por el fallecimiento reciente de su padre durante la pandemia. La policía, de acuerdo con la legislación del país, aconsejó al joven y lo condujo al hospital Nair para recibir tratamiento psiquiátrico. Era la novena actuación de la Ciber policía en casos similares en los últimos seis meses.

En algunos casos estos programas de predicción pueden hacer más daño que beneficio (Bossewitch 2022). En todo caso, deberían regularse y supervisarse por las autoridades sanitarias. En efecto, el uso de grandes bases de datos digitalizados y programas informáticos con interés comercial puede llevar a problemas de discriminación (acceso a empleos, entrada en el país, alquiler de vivienda, obtención de un crédito, contratos de seguros médicos, etc.).

Otros programas de vigilancia automatizada a través de la red pretenden detectar y predecir cuando una persona puede pasar a ser violenta (Bellio 2025; Metcalf 2025). En concreto, se han utilizado específicamente en personas con problemas de salud mental (Cheng 2023; Dobbins 2024). Se puede combinar con geolocalización. Recuerda demasiado a la novela de Philip K. Dick,The Minority Report, que citaba al principio, y tiene enormes implicaciones éticas, por la posible introducción de sesgos, violación de la intimidad, intervención sin consentimiento informado, etc. 

Un último apunte sobre los riesgos de la digitalización y el uso de la Inteligencia Artificial es la evidencia de que la IA puede “enfermar” introduciendo comportamientos no previstos por el programador. Según Ben-Zion y colaboradores, un diálogo con contenido estresante puede generar ansiedad en la IA afectando a su comportamiento y amplificando sus sesgos (Ben Zion). En un futuro próximo, con el desarrollo de la Inteligencia Artificial General, donde el ordenador se programe a sí mismo, este riesgo aumentará.


4.¿Cómo podemos minimizar los riesgos y aumentar los efectos positivos de la digitalización en salud mental? 

Son temas importantes que debería abordar el debate público para animar a las autoridades a desarrollar una adecuada regulación que garantice: privacidad; responsabilidad empresarial (por el impacto negativo de los sistemas digitalizados); seguridad; no discriminación y equidad; control humano de la tecnología; responsabilidad profesional de los diseñadores de programas y algoritmos; transparencia; promoción del interés público, el bien público y los derechos humanos (derecho a la intimidad, a la dignidad, a la autonomía y la toma de decisiones, etc.).

“El valor social y público de los datos debería orientarse a los determinantes de una buena salud mental: desarrollo económico equitativo, apoyo directo cuando sea necesario; evitar prácticas discriminatorias, exclusión y marginalización; mejorar la calidad de los cuidados y los servicios; y otras medidas para mejorar el bienestar social” (Bossewitch 2022). En el ámbito europeo deberíamos ser muy cuidadosos con la creación y utilización del Espacio Europeo de Datos Sanitarios, para que realmente esté al servicio de la ciudadanía y no al servicio de grandes multinacionales.

Salud Mental Europa propone aplicar un enfoque de derechos humanos al proceso de digitalización de nuestras sociedades. Es preciso desarrollar programas de psicoeducación sobre la utilización equilibrada y responsable de las tecnologías digitales en toda la sociedad. Es importante fomentar las actividades físicas y sociales fuera del entorno digital, e implantar estrategias de control de tiempo de pantalla.

Por otro lado, conviene tener en cuenta que, con demasiada frecuencia, la introducción de tecnologías digitales puede querer enmascarar la falta de dotación de los servicios persona-persona, las redes de atención sanitaria y social, la dotación de personal y de tiempo para ofrecer una atención oportuna y suficiente, los programas sociales de apoyo, las intervenciones en los determinantes de la salud, etc. Es decir, el enfoque interpersonal y social.

De ahí que resulte fundamental y prioritario mejorar los servicios sanitarios y sociales, así como los diferentes programas de salud para atender problemas de salud mental (OECD 2025). “Cerca de dos tercios de personas con problemas de salud mental no tienen acceso a la atención que necesitan”. En España, un 50% de las personas que van al psicólogo tienen que hacerlo por la sanidad privada (o a través de chatbots). La dotación de profesionales de salud mental en España es la mitad de la que correspondería por población en un país avanzado. Aplicando la Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud con medios suficientes se podría mejorar sensiblemente la calidad de la atención, disminuyendo el sufrimiento por enfermedad mental y posibilitando una vida autónoma y satisfactoria: Mejorar la dotación, la formación de personal y sus condiciones de trabajo, la accesibilidad (física y temporal), la continuidad de la atención, la coordinación entre servicios y programas, el apoyo a las familias, y la formación de las familias, educadores y empleadores. Así mismo, reducir la desigualdad y discriminación por raza, lugar de nacimiento, renta, identidad sexual, etc. (Kourgiantakis et al 2025); reducir el uso de sustancias, incluyendo medicación inadecuada; y reducir la utilización de tecnologías digitales (tiempo de pantalla), mejorando al mismo tiempo la utilización de estos dispositivos.

En el reto de mejorar la salud mental y el uso de las tecnologías informáticas todos podemos aportar algo (The US GS 2021): Las personas (a lo largo de la vida), las familias, el ámbito educativo, el ámbito laboral, los servicios y los profesionales sanitarios, los servicios y profesionales de los servicios sociales, la prensa, las plataformas tecnológicas, las asociaciones de pacientes, las Administraciones Públicas (Local, Regional, Nacional e Internacional).

En este sentido, teniendo en cuenta el desarrollo acelerado de la digitalización, la Inteligencia Artificial, las grandes bases de datos, etc., y el control de las mismas por grandes multinacionales de las plataformas tecnológicas (mundo occidental), o por el poder político totalitario (China), sería importante que los países promovieran pactos internacionales e instrumentos de control multilaterales para tratar de reorientar los usos de la digitalización en todos los ámbitos de la vida y, en concreto, en la salud mental y la atención a la salud mental. Estos pactos deberían tener como objetivo la defensa de los derechos humanos de las personas, el interés social y el bien público.


REFERENCIAS

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https://iris.who.int/server/api/core/bitstreams/31714489-1345-4439-8b37-6cbdc52e15ca/content

Zao-Sanders M. How people are really using Gen AI in 2025. Harvard Business Review. April 2025





miércoles, 25 de febrero de 2026

Frente a una nueva pandemia (que vendrá) seguiríamos igual.

Según la Nota informativa de Third World Network, en relación con la 5ª reunión del Grupo de Trabajo Intergubernamental (IGWG5), llevada a cabo en la sede de la OMS en Ginebra entre el 9 y el 14 de febrero, los países del Norte, con la Unión Europea de forma destacada, se oponen a un sistema de Acceso a Patógenos y Distribución de Beneficios (PABS) equitativo y justo (“OMS: la UE retrocede en los compromisos del acuerdo sobre la pandemia e ignora evidencias y precedentes". Third World Network, 20 febrero 2026).


Recordemos que en mayo de 2025 la OMS alcanzó un acuerdo para hacer frente a futuras pandemias (Emergencias de Salud Pública de Importancia Internacional). Como ya analizamos en AAJM, ese acuerdo era muy insuficiente y, además, su entrada en vigor se demoraba un año hasta que se aprobara el anexo sobre el sistema PABS.

Pues bien, durante estos meses, los países ricos, incluyendo la UE, están tratando de imponer un sistema PABS injusto. Así, la cesión (por los países en desarrollo) de patógenos con potencial pandémico, y de los datos de secuencias genéticas, sería obligatoria; pero la firma de contratos de las empresas (y países desarrollados) receptores de la información para garantizar una distribución equitativa de las posibles vacunas, tratamientos o medios diagnósticos, sería voluntaria. Es decir que no se les podría obligar a ceder licencias, ni a transferir tecnología, ni a facilitar reservas estratégicas en todas las regiones. Es una propuesta desequilibrada que no facilita la gobernanza global para hacer frente a futuras pandemias (que vendrán antes que después), y consolida las desigualdades estructurales actuales.

Conviene insistir en la necesidad de un cambio de modelo para la investigación, desarrollo y distribución de vacunas, tratamientos y medios diagnósticos. El modelo actual basado en patentes y derechos de propiedad intelectual, que conceden monopolios de producción y distribución a las empresas, genera enormes beneficios para unos pocos y deja sin acceso a medicamentos a millones de personas. Lo mismo ocurrirá en futuras pandemias.

La I+D de medicamentos y vacunas, como ya propuso la OMS hace años, como recordó el Panel de Alto Nivel de acceso a medicamentos de la Secretaría General de la ONU en 2016, y como vienen insistiendo diferentes organizaciones y analistas, como Dean Baker, debería financiarse mediante un fondo global, fijando las prioridades de investigación según las necesidades de salud, facilitando licencias abiertas y transferencia de tecnología, propiciando la fabricación en diferentes regiones y garantizando la distribución a precio de coste-plus. Con el sistema actual de monopolios la sociedad paga más de 4 veces todo lo que las empresas dicen que gastan en I+D. Son precios abusivos que los gobiernos no son capaces de controlar, que sangran a los sistemas públicos de salud y a los pacientes, y que provocan por un lado falta de acceso a medicamentos necesarios y por otro lado sobre medicación y efectos adversos evitables.

La pandemia de la COVID-19 y el acuerdo sobre pandemias de 2025 eran una ocasión para revisar el modelo de forma radical. No se hizo. Los países ricos (presionados por la Big Pharma) impusieron su veto. Tampoco se logró incluir en el acuerdo lo que muchos líderes nacionales defendían en plena pandemia: “En situación de pandemia se deben suspender automáticamente los derechos de propiedad intelectual; toda vacuna, tratamiento o medio diagnóstico será accesible a todos, en condiciones de igualdad, a precios de coste, etc.”. Pero cuando se discutió el acuerdo de pandemias habían pasado varios años y la presión social no era tan fuerte. Finalmente, al acuerdo solo incorporó la obligación de que los países (pobres) facilitaran los patógenos con potencial pandémico a la OMS para que pudieran acceder a esta información todas las partes interesadas (países y empresas), y, a cambio, los países y empresas (ricos) se obligaban a garantizar el acceso real a los resultados de posibles investigaciones, vacunas, tratamientos y diagnósticos, a los los países que hubieran facilitado los patógenos. El acuerdo logrado por la OMS en 2025 era un acuerdo cicatero, muy insuficiente. Pero, aún así, los países ricos han estado resistiéndose a asumir estas obligaciones en el anexo PABS, por la presión de las grandes empresas farmacéuticas que no quieren renunciar a sus enormes beneficios, ni siquiera en una pequeña parte. Quieren tener todo el control. 

Entristece ver a los líderes de los países europeos dejar de lado los valores que decimos defender, equidad, justicia, solidaridad, y ceder una y otra vez a los intereses de los grandes poderes económicos (Hay que decir que hay algunos gobiernos dentro de la UE que están defendiendo un cambio de la posición oficial). Lo paradójico de esta postura es que, en caso de una nueva pandemia de alta contagiosidad y alta letalidad, nadie estará a salvo, y la única manera de superar el reto será compartiendo entre todos y de verdad el acceso a la información, a los tratamientos y las vacunas. Por eso, desde aquí, insistimos una vez más en que el cambio de modelo en la I+D de medicamentos es cada vez más necesario.



viernes, 30 de enero de 2026

Crisis sanitaria y Nuevo Modelo de Financiación ¿una oportunidad?


(texto publicado en InfoLibre)

Hace cuarenta años se aprobó la Ley General de Sanidad (LGS). La Constitución y las leyes reconocen el derecho a la protección de la salud. Para hacer efectivo este derecho la LGS creó el Sistema Nacional de Salud (SNS), de cobertura universal, con un amplio abanico de prestaciones, financiado a través de impuestos, y gestionado de forma descentralizada. Desde 1986 hasta 2010 el SNS mejoró decididamente en calidad de servicios y en valoración social. La sanidad pública española ha sido y todavía es un gran logro de nuestro país. Sin embargo, desde 2010, como consecuencia de la crisis financiera y la gestión de dicha crisis, se produjeron recortes en el gasto sanitario público iniciando un proceso de deterioro que no ha parado hasta hoy. La encuesta de 40dB publicada en enero de 2026 pregunta “¿cómo evalúas el funcionamiento de la sanidad pública en tu Comunidad Autónoma?” y solo el 42,4% contesta que Bien o Muy Bien (1). Coincide con el Barómetro Sanitario del Ministerio de Sanidad, de noviembre de 2025 (2), donde solo un 48,5% pensaban que funcionaba Bien o Muy Bien, mientras que en 2010 era un 74% de la población quien valoraba positivamente el Sistema Sanitario. Por su parte, el Barómetro del CIS de diciembre 2025 (3) alerta de que la sanidad es el tercer problema que más preocupa personalmente a los españoles, señalado por un 21,5% de la población (detrás de los problemas económicos que son señalados por un 30,7% y de la vivienda, que señala un 27,9% de la población). Conviene recordar que en 2010 la sanidad ocupaba el sexto lugar en los problemas que más preocupaban personalmente a la ciudadanía, y era señalado solo por un 3,5% de la población (4).

La encuesta de 40dB muestra también que la mayor parte de la población, un 67,5% prefiere un modelo público de sanidad y que se fortalezca la sanidad pública. También una mayoría, 58,7%, opina que se destinan pocos recursos a sanidad. Y llevan razón.

Tengamos en cuenta que para poder financiar los diferentes servicios públicos (sanidad, educación, fuerzas de seguridad, servicios sociales, infraestructuras, etc.) se necesita recaudar el dinero suficiente para ofrecer el nivel de calidad que puede permitirse cada país. El primer paso, por tanto, es la política fiscal: de quién y cuánto se recauda. El segundo paso es cómo se distribuyen esos fondos entre las diferentes administraciones (central, autonómica, local) para poder cumplir sus respectivas competencias y obligaciones. Y el tercer paso debería ser comprobar que se están cumpliendo adecuadamente esas competencias. Sería bueno abordar los tres aspectos de forma coherente: una reforma que construya un sistema fiscal progresivo (para cumplir el artículo 31 de la Constitución Española); un acuerdo de financiación autonómica suficiente y justo; pero también un mecanismo de control que permita garantizar que el dinero se gasta adecuadamente para cumplir las competencias y obligaciones respectivas.

El nuevo modelo de financiación propuesto por el Gobierno de España supondría inyectar 21.000 millones de euros más a las CCAA (5). Esta cantidad se sumaría a lo que ya se ha ido incrementando la financiación en los últimos siete años respecto a los siete anteriores, que, según el Ministerio de Hacienda ascendería a 300.000 millones de euros (6). Estos recursos deberían permitir recuperar las dotaciones suficientes para prestar un servicio sanitario de calidad “blindando la universalidad de la sanidad pública” (7). 

En efecto, según estas cuentas, el Gobierno de España facilitaría a las CCAA los recursos para poder cumplir con la gestión de las competencias sanitarias. Pero ¿qué significa “cumplir” y “blindar” la sanidad pública? ¿Cómo lo medimos y quién lo mide? ¿Qué estándares son exigibles, y por quién? ¿Qué pasa si, aún disponiendo de recursos, una CCAA no garantiza la calidad en la atención sanitaria en tiempo y forma adecuada? ¿Qué pasa si se debilitan los centros públicos y se favorecen los privados? ¿Qué pasa si se gestiona de forma ineficiente, por ejemplo, el gasto farmacéutico? Esto es lo que está realmente ocurriendo. Frente a ese deterioro progresivo e incontrolado, hemos de fortalecer la sanidad pública definiendo con claridad y sencillez los estándares de calidad de los servicios y fijando las condiciones para alcanzarlos: tiempo de demora para la atención; tiempos de resolución para los diferentes tipos de problemas; estándares de personal de los centros públicos (dotación, cualificación, remuneraciones suficientes, estabilidad, reconocimiento, condiciones de trabajo); instalaciones adecuadas; tecnología apropiada; y un mecanismo de evaluación permanente del funcionamiento del SNS, con sistemas de corrección, local, regional, y nacional, que incluyan, en caso extremo, la aplicación del artículo 155 de la Constitución (en virtud del cual el Gobierno de España podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a la CCAA al cumplimiento forzoso de sus obligaciones, protegiendo el interés general).

Por todo ello entendemos que, cuarenta años después de aprobada la Ley General de Sanidad sería muy conveniente una Refundación del SNS. Enfrentamos un problema de primera magnitud y se requiere una respuesta acorde con el desafío: cambios sociales, demográficos, epidemiológicos, profesionales, tecnológicos... Para ello es necesario un Ministerio de Sanidad más fuerte, así como una estructura de coordinación (federal) más potente y ejecutiva del Sistema Nacional de Salud (Consejo Interterritorial y Agencias vinculadas), para impulsar y desarrollar una política de personal sólida, así como el mantenimiento y actualización de las infraestructuras apropiadas, que permitan un acceso universal y en tiempos y condiciones adecuados, el refuerzo de la salud pública, de la atención primaria y de la atención al sufrimiento psíquico, y el control y reducción radical de gasto farmacéutico. Solo así podremos blindar, de verdad, un sistema sanitario público de calidad, para toda la población española, resida donde resida, que recupere el aprecio de la ciudadanía por su excelente desempeño. La discusión del nuevo modelo de financiación autonómica, con el importante incremento de recursos que supondría, es una oportunidad para lograr la recuperación y fortalecimiento del SNS, ligando la asignación de recursos al cumplimiento de estándares de personal sanitario, así como de calidad y accesibilidad de la atención sanitaria. Si en lugar de eso nos echamos la culpa unos a otros (gobierno central a gobiernos autonómicos y viceversa) no resolveremos el problema y la sanidad pública continuará deteriorándose, gota a gota. 


(1) Encuesta 40dB enero 2026.

https://elpais.com/sociedad/2026-01-12/la-mayoria-de-la-poblacion-cree-que-hay-que-reforzar-la-sanidad-publica-aunque-suponga-subir-impuestos.html

(2) Barómetro Sanitario. Ministerio de Sanidad. 3ª Oleada 2025. Noviembre.

https://www.cis.es/es/estudios/barometro-sanitario-2025-tercera-oleada-?chartType=bar&cuestionario=18010&muestra=26369&pregunta=657578&variable=1094813

(3) Barómetro CIS diciembre 2025. https://www.cis.es/es/w/avance-de-resultados-del-estudio-3536-bar%C3%B3metro-de-diciembre-2025-

(4) Barómetro CIS diciembre 2010. Barómetro CIS diciembre 2025. https://www.cis.es/es/w/avance-de-resultados-del-estudio-3536-bar%C3%B3metro-de-diciembre-2025-

(5) Hacienda propone un nuevo modelo de financiación.

https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/hacienda/paginas/2026/090126-modelo-financiacion-comunidades.aspx

(6) Ministerio de Hacienda. Deuda. Transferencias.

https://www.hacienda.gob.es/ca-es/prensa/noticias/noticiaspdf//21.pdf#:~:text=aut%C3%B3nomas%20habr%C3%A1n%20recibido%20300.000%20millones%20de%20euros,propuesta%20%E2%80%9Chist%C3%B3rica%E2%80%9D%20que%20dotar%C3%A1%20%E2%80%9Cde%20m%C3%A1s%20autonom%C3%ADa

(7) Blindaje de la sanidad pública.

https://diariofarma.com/2025/09/03/el-gobierno-fija-el-blindaje-de-la-universalidad-del-sns-como-prioridad-de-los-pge-2026


viernes, 26 de diciembre de 2025

El Barómetro Sanitario de Noviembre enciende la luz roja.

 No deberíamos seguir mirando hacia otro lado. La sanidad pública está en peligro y no hay una respuesta contundente ni desde el Gobierno de España ni desde la mayoría de las CCAA.


El Barómetro Sanitario de noviembre, elaborado por el CIS para el Ministerio de Sanidad, muestra algunos datos muy preocupantes y enciende una luz roja: por primera vez, son más los que piensan que el sistema sanitario funciona mal que los que opinan que funciona bien (1). Así, cuando se pregunta a la ciudadanía su opinión sobre el sistema sanitario en nuestro país, más de la mitad, un 50,2%, opina que funciona mal o necesita cambios fundamentales, mientras que solo un 48,5% piensan que funciona bien o bastante bien. En cambio, en 2010 un 74% de la población valoraba bien o muy bien el sistema sanitario. En estos años la valoración positiva ha ido bajando más de 25 puntos. El deterioro es evidente, de tal forma que la sanidad es el tercer asunto que más preocupa personalmente a los españoles (2). Este descrédito tiene mucho que ver con los tiempos de espera para recibir atención sanitaria (diez días en Atención Primaria; cuatro meses en Atención Especializada). Y estos retrasos se traducen en que cada vez son más personas las que acuden a la sanidad privada. En efecto, al haber retrasos en la atención dentro de la sanidad pública, más personas se hacen un seguro privado. En este Barómetro Sanitario un 31% dicen tener este tipo de seguro, cuando en 2010 eran la mitad. Se está privatizando de facto la financiación sanitaria, que descansa cada vez más en el bolsillo de los pacientes.

En este sentido, otro síntoma preocupante recogido en el Barómetro Sanitario, y que muestra las carencias del sistema, es la dificultad que tienen muchas personas para pagar los medicamentos (copagos, medicamentos no financiados): en los últimos doce meses, un 5,6% de la población dejó de tomar un medicamento que les habían recetado en la sanidad pública porque no se lo pudieron permitir por motivos económicos. Supone unos 2,5 millones de personas. No son pocos. Y esta barrera al acceso a su tratamiento se genera al mismo tiempo que estamos pagando precios exorbitados por los nuevos medicamentos. En efecto, la sanidad pública gasta más de 10.000 millones de euros anuales en precios excesivos de medicamentos: más que de sobra para hacer que nadie quede sin el medicamento que necesita y para mejorar sensiblemente la dotación de profesionales. Además, ese exceso de beneficio de la industria farmacéutica se utiliza en parte para influir en los propios sanitarios presionándoles para que receten más, y medicamentos más caros, lo que, unido a la falta de tiempo para otras intervenciones no farmacológicas, conduce a un consumo innecesario de medicamentos que se estima en un 30%.

Desde los recortes producidos a partir de la crisis financiera de 2008-2010, la sanidad perdió un 20% de sus recursos y mientras tanto la demanda sanitaria ha crecido. Estas carencias producen un deterioro que debe corregirse cuanto antes. Pero no es solo cuestión de más recursos. Además, es precisa una reordenación del sistema sanitario, con un refuerzo de la coordinación y de los instrumentos que garanticen la universalidad y la calidad de la atención. Se deben potenciar las capacidades del Ministerio de Sanidad para que pueda ejercer sus funciones, como la Alta Inspección. Se debe mejorar el desempeño del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, con capacidad de decisión efectiva y estructuras de apoyo para compartir recursos (compras conjuntas, evaluación de servicios, sistemas de información, recursos humanos, etc.). Es preciso fortalecer la Salud Pública, la Atención Primaria y la atención a la Salud Mental. Es necesaria una reformulación completa de la política farmacéutica. Se deben completar las plantillas, adaptándolas a las nuevas necesidades y a los derechos de los trabajadores, dotar de estabilidad a los profesionales, y ofrecerles condiciones atractivas para su desempeño, incluyendo una formación continuada no ligada al patrocinio de la industria. Y también es necesario evitar la privatización y la fragmentación de la gestión y la provisión de la Atención Sanitaria. Muchas de estas medidas se aprobaron en julio de 2020 por el Congreso de los Diputados en el Dictamen para la reconstrucción económica y social, con un amplio respaldo parlamentario, y son perfectamente viables (3).

Es fundamental que el Gobierno de España lidere una ambiciosa estrategia de reconstrucción del Sistema Nacional de Salud, con un programa integral, de corto, medio y largo plazo, que vuelva a lograr el aprecio de la población hacia su sanidad pública. Sin duda el momento político es muy complicado y puede resultar tentador echarse las culpas unos a otros y centrarse en otros temas. Pero conviene tener presente que un extraordinario logro social de varias generaciones, nuestro Sistema Nacional de Salud, está hoy realmente en peligro.

(1) Barómetro Sanitario, tercera oleada 2025. Noviembre. https://www.cis.es/es/estudios/barometro-sanitario-2025-tercera-oleada-?cuestionario=18010&muestra=26369&pregunta=657578&variable=1094813&chartType=bar
(2) Barómetro CIS diciembre 2025. https://www.cis.es/es/w/avance-de-resultados-del-estudio-3536-bar%C3%B3metro-de-diciembre-2025-

(3) Dictamen para la reconstrucción social y económica. https://www.congreso.es/docu/comisiones/reconstruccion/153_1_Dictamen.pdf




La sanidad pública se deteriora. ¿Puede hacer algo el gobierno de España?

En el Pleno del Congreso de los Diputados del pasado 12 de noviembre, el Presidente Sánchez denunció la corrupción inmoral de la privatización de servicios públicos que 

“… se sufre a diario. En las listas de espera … y los hospitales masificados…, y en los bolsillos de millones de hogares”. Ponía un ejemplo: “Este es el milagro privatizador de la Comunidad de Madrid: una sanidad que se apaga poco a poco, mientras brillan las cuentas de resultados de las empresas privadas…”. Y añadía: “El patrón es claro. El PP se dedica a debilitar y vender la sanidad pública. Lo que quieren es que los servicios se degraden y las listas de espera se alarguen más allá de lo humanamente aceptable, hasta que a la ciudadanía no le quede más remedio que irse a una clínica privada, pagada con los impuestos de todos, o con el dinero de su propio bolsillo” (1). La pregunta es: ¿el gobierno de España no puede hacer nada frente a esta situación? Es cierto que la gestión sanitaria está transferida a las comunidades autónomas (CCAA), que hoy el PP gobierna en la mayor parte de éstas, y que deben responder de su mala gestión. Pero conviene recordar también que el sistema de financiación, el catálogo de prestaciones, la política de medicamentos, la coordinación y planificación general de la sanidad, la alta inspección y otras funciones importantes del Sistema Nacional de Salud (SNS) son competencia del gobierno y del Parlamento de la Nación.

El SNS, después de casi cuarenta años desde su creación, ha rendido un excelente servicio a la sociedad. Ha contribuido a lograr un buen nivel de salud de la población y un alto grado de cohesión social, ofreciendo una cartera de servicios completa, que incluye la salud pública, la atención primaria, la atención hospitalaria, los medicamentos y otros servicios complementarios. Pero desde 2010 se detecta un deterioro progresivo, con peor valoración de la población, y con aumento del número de personas que debe recurrir a la sanidad privada (un 25,9% de la población ya tiene seguro privado).

Sin duda parte de ese deterioro tiene que ver con las decisiones de algunos gobiernos autonómicos del PP que apuestan por la gestión privada de los servicios sanitarios. Pero la mayor parte de ese deterioro se debe a los recortes que se realizaron en 2010-2014, que no se han recuperado; a un aumento de la demanda por envejecimiento de la población; a un gasto ineficiente en medicamentos por sobre precios abusivos; y a dificultades de coordinación entre el Gobierno de España y los gobiernos de las CCAA, incluyendo la capacidad de control y garantía de calidad para asegurar una atención sanitaria equitativa en todo el SNS. Es decir, la sanidad pública española, además de la orientación privatizadora de gobiernos del PP, tiene problemas de financiación y problemas estructurales (de coordinación y de gobierno), que requieren un replanteamiento a fondo (2). Por tanto, la salvación del SNS no depende solamente de una mejor gestión de las CCAA, depende, también, del liderazgo del gobierno de España, asegurando, por un lado, la financiación suficiente en el nuevo modelo de financiación autonómica y, por otro lado, favoreciendo una gestión más eficiente con los cambios estructurales precisos.

En cuanto a los recursos necesarios, según el Ministerio de Hacienda, los ha habido: “durante los siete años de Gobierno de Pedro Sánchez, las comunidades autónomas habrán recibido 300.000 millones de euros más que en los siete años anteriores” (3). Además, el Estado asume una deuda de 83.252 millones que pesaba sobre las CCAA. Esto habría supuesto 54.714 millones de euros anuales más para las mismas. Por otro lado, los recortes de la sanidad pública realizados en 2010 y años siguientes se estiman en 20.000 millones de euros anuales. Quiere decir que, en los últimos años, se han transferido a las CCAA recursos suficientes para haber podido recuperar el gasto sanitario público y responder a las necesidades de atención actuales. Pero, sin embargo, mientras la sanidad pública continuaba su lento proceso de deterioro, esos recursos se han destinado a otros fines. Esta cuestión debería resolverse en la propuesta de reforma del sistema de financiación autonómica (anunciada por la ministra de Hacienda el pasado 17 de noviembre) (4): el Gobierno de España y el Parlamento de la Nación deben asegurar que en el nuevo modelo la sanidad recibe los recursos necesarios y equitativos en todas las CCAA (instaurando los mecanismos de reparto, los controles de ejecución y los sistemas de corrección que se precisen).

En lo referido a los cambios estructurales nos referimos a la necesidad de refundar el SNS, dotándole de mayor capacidad de gobierno, reforzando el ministerio de sanidad y convirtiendo el Consejo Interterritorial del SNS en un órgano de carácter federal que pueda adoptar decisiones vinculantes, y se dote de unidades cualificadas (agencias o similares) que le permitan establecer estándares de calidad (incluyendo dotación suficiente de personal y tiempos máximos de espera), así como optimizar los sistemas de compras y fijación de precios (especialmente de medicamentos), los sistemas de información, la coordinación en la prestación de servicios, los sistemas de evaluación, la formación continuada de personal y la exigencia de unos mecanismos de remuneración adecuados. El SNS (gobierno de España y de las CCAA), debe garantizar el acceso a servicios sanitarios públicos de calidad en cualquier lugar del territorio nacional, contemplando la posibilidad de recuperar, de forma excepcional, la gestión de los servicios transferidos en caso de incumplimiento de las obligaciones de la CCAA, para evitar el deterioro de la sanidad pública y el sufrimiento de los pacientes. Muchas de estas medidas requieren el acuerdo de la mayoría de los grupos políticos y de los gobiernos nacional y autonómicos. Parece imposible, pero es absolutamente necesario, y cada vez más urgente, si queremos consolidar y mejorar el SNS.


Referencias

(1)

https://www.infolibre.es/politica/sanchez-denuncia-oposicion-destructiva-corrupcion-inmoral-privatizacion-servicios_1_2096337.html

(2)

https://elpais.com/opinion/2023-01-25/el-sistema-nacional-de-salud-necesita-una-refundacion.html

(3)

https://www.hacienda.gob.es/ca-es/prensa/noticias/noticiaspdf//21.pdf#:~:text=De%20hecho%2C%20durante%20los%20siete%20a%C3%B1os%20de,las%20CCAA%20durante%20la%20etapa%20del%20Gobierno

(4)

https://elpais.com/economia/2025-11-17/hacienda-presentara-a-principios-de-2026-una-propuesta-de-reforma-del-sistema-de-financiacion.html






Los que se fueron.

Los que se fueron ¿dónde están?

Estas mujeres, estos hombres tan queridos

que con su sola presencia nos daban alegría.

Sus brazos, sus corazones abiertos

te hacían sentir seguro, como en casa.

Su buen humor, su compromiso solidario,

su amor por la vida 

nos daban aire y luz.

Pero ahora que se han ido

¿dónde están?

¿acaso pueden no estar en ninguna parte?

¿acaso han dejado de ser definitivamente,

y tan solo nos queda la pena

y su recuerdo?


Sin embargo, yo siento su huella en mí.

Su sonrisa me alienta.

Su palabra (imaginada, recreada en mí)

me inspira y me conforta.

Porque lo que ha sido no puede dejar de ser

y seguirá siempre vivo en el amor

(aunque de otra manera).

Al principio el corazón no deja de llorar,

no quiere aceptar la despedida

¡es tan injusta!

Después, de a poco, el alma se sosiega

(cada cual tiene un modo de sentir)

y su presencia nos acompaña de mil formas,

porque, en realidad, no se han ido.


En el silencio

su abrazo nos acoge

nos serena:

tranquilo, que no pasa nada.

Y al día siguiente la vida continúa en mil colores

y nosotros 

seguimos vivos en ellos y con ellos

navegando unidos en el viento.


Un abrazo y mucho ánimo siempre.


Fernando Lamata, diciembre 2025.


SÍ, ES POSIBLE LA PAZ.


No cumplirás más de seis años, Hind Rajab.


He oído tu voz pidiendo ayuda

tu voz de niña inocente

que suplicaba auxilio desde algún lugar

en el norte de Gaza.


Tus tías y tus primos yacían muertos

a tu lado, dentro del coche golpeado por la metralla.

Seguían disparando 

y tú, con tu voz de niña asustada

gritabas pidiendo ayuda:

“¡Me están disparando!”


Después de varias horas

las autoridades israelíes autorizaron el rescate.

La ambulancia estaba ya muy cerca.

Y entonces los soldados dispararon

y os mataron a todos.


Y solo se escuchó el terrible silencio de la muerte.


¿Cómo puede el ser humano matar a sangre fría

a una niña inocente?

¿Acaso suponen que es una futura asesina?

¿O es que creen que no es humana

sino un insecto dañino y peligroso?


Las guerras son injustas siempre:

en cualquier lugar, en cualquier época del tiempo.

El humano se convierte en salvaje sin entrañas

y todo lo arrasa y lo destruye.

Pero el humano también es capaz de construir la paz.

Lo hemos visto aquí, en España:

guerra tras guerra a lo largo de los siglos.

La maldición cainita reclamando muerte,

una y otra vez.

Pero fue posible la paz.

La construimos nosotras y nosotros:

escuchando, cediendo, perdonando

buscando acuerdos justos y enterrando el rencor.

Reconociendo la cara del hermano en cualquier ser humano.

Sabiendo que juntos podemos caminar más lejos.

Defendiendo la alegría y la esperanza

contra viento y marea.

La paz siempre es frágil, pero

sí, sin duda es posible la paz,

siempre que tú y yo nos empeñemos.