lunes, 12 de abril de 2021

Los Gobiernos de España y de la UE deberían apoyar la suspensión de monopolios frente a la COVID en la Organización Mundial del Comercio: por ética y por eficacia.

La estrategia de la Unión Europea en relación con las vacunas frente a la COVID ha tenido algunos aspectos positivos, como la apuesta por la investigación, la compra conjunta, el apoyo al desarrollo de vacunas anticipando fondos con las compras anticipadas, y la distribución equitativa entre los 27 Estados Miembros, según población. Pero, en cambio, la estrategia ha fallado en su visión global, y en su enfoque ético.

 Al tratarse de una pandemia, que afecta a toda la humanidad, la Unión Europea debía haber apostado por una respuesta global, que protegiera a todos, y no solo a los ciudadanos de la UE. Como dice el Director General de la OMS: no superaremos la pandemia en ningún sitio, hasta que no la superemos en todos los sitios. Pero, además, desde un punto de vista ético, ¿cómo defender que el 13% de la población (UE, EEUU y otros cinco países ricos) hayamos reservado el 85% de las vacunas? (1) ¿Acaso hay seres humanos de primera y de segunda? ¿Somos de distintas especies? ¿No decimos que la salud es un derecho humano? Sin embargo, la UE ha cedido a las presiones de las grandes multinacionales, concediéndoles monopolios de explotación, y poniendo los intereses de sus ejecutivos y sus accionistas por delante de la salud de las personas y del interés general.

 

La vacuna, como otros medicamentos, tiene una “ventana de oportunidad” para ser eficaz. Según los epidemiólogos, en menos de un año el SARS-CoV-2 presentará variantes, con combinaciones de distintas mutaciones, que podrían escapar a la inmunidad generada por las actuales vacunas (2). Al ritmo actual de vacunación, y si las empresas cumplen sus contratos, la UE, EEUU y los países ricos habrán vacunado a toda su población antes de que acabe 2021. Pero la mayoría de países de América Latina y de Asia tardarán varios meses más, y la mayor parte de los países de África no completarían su vacunación, si lo consiguen, hasta mediados o finales de 2023. La ventana de oportunidad se habrá superado. El virus presentará nuevas variantes y tendremos que empezar otra vez: nuevas vacunas, nuevos confinamientos, la economía mundial a medio gas, pobreza, inseguridad... De hecho, la UE quiere reservar ya 1.800 millones de dosis de vacunas para 2022 y 2023 (3).

 

Esta situación excepcional, que nos ha tenido confinados, con mascarillas, sin poder llevar una vida normal en el último año, que ha causado casi 3 millones de muertes, y un reguero de dolor y de pobreza, requería una respuesta extraordinaria. Pero los gobiernos han respondido con el “business as usual”. Imaginemos que, hace un año, en abril de 2020, los gobiernos de la UE, de EEUU y de todo el mundo, se hubieran reunido para pensar: ¿cómo vamos a vacunar a toda la humanidad en 6 meses desde que se aprueben las vacunas?, en vez de ¿cómo voy a vacunar a mi país en 6 meses desde que se aprueben las vacunas?

 

Entonces, los gobiernos no hubieran dejado en manos de las empresas y de sus intereses comerciales dónde y cuánto producir (subcontratando o concediendo licencias voluntarias a las empresas que ellas decidían), y a qué precio (diez veces por encima de los costes, en promedio). Por el contrario, habrían acordado: identificar todas las fábricas capaces de producir vacunas en el mundo; suspender los monopolios de todas las tecnologías frente a la COVID (cuya investigación, además, se ha hecho mayoritariamente con fondos públicos) (4); acordar, o exigir, a las empresas titulares de las patentes que transfirieran la tecnología y conocimiento para la fabricación de las vacunas a la COVID-Technology Access Pool, C-TAP, de la OMS; realizar contratos de compra anticipada con las empresas para impulsar la fabricación de 60 millones de dosis diarias (suficientes para vacunar al 70% de la población mundial, con dos dosis, en seis meses); y fijar precio de coste, en torno a un euro por dosis, para que sea accesible a todos en todo el mundo. De esta forma, a finales de 2021 estaríamos terminando de vacunar a toda la humanidad.

 

Se ha demostrado en este año que las empresas no han cedido voluntariamente sus licencias para que se pueda vacunar a todo el mundo en seis meses. Se ha demostrado que fijan precios abusivos (y es muy probable que los suban todavía más). Se ha comprobado que, a día de hoy (11 de abril de 2021) mientras en EEUU se ha vacunado un 29% de la población, en Egipto, Namibia, Mauritania, Mali y muchos otros países, han vacunado al 0,1% de la población, o menos (5). Y hemos tenido que pagar diez veces más de lo que cuestan las vacunas, aún habiendo pagado previamente la I+D. Esta es la realidad. 

 

Se ha demostrado también que la cooperación, aquí, no es la respuesta. Ni de la UE, ni de España. El mecanismo COVAX, que recibe nuestras donaciones y compra vacunas para distribuir a los pobres, no es suficiente. Ni éticamente (ya que la vacuna es un derecho de la persona que la recibe y no un favor graciable de quien la ofrece), ni desde el punto de vista de la eficacia (de los 781 millones de dosis de vacunas administradas en el mundo, a día de hoy, COVAX solamente ha distribuido 38 millones de dosis, menos del 5%). 

 

Hay quien dirá que ahora ya no es útil suspender las patentes y los monopolios de las tecnologías frente a la COVID. Pero sí lo es. Cuanto antes mejor. Porque la pandemia sigue su curso. Cada día se siguen contagiando más de medio millón de personas. Cada día siguen muriendo 10.000 personas. Y, además, es previsible que vengan nuevas variantes, y nuevas pandemias. Por eso es preciso que nuestros gobiernos adopten una estrategia diferente. No deben dejar al arbitrio de los intereses comerciales de las empresas el volumen de fabricación, la distribución, y el precio de las vacunas. Los gobiernos deben asegurar que todos, en todo el mundo, tengan acceso a las vacunas y tratamientos que precisen, ahora y en el futuro. Es su responsabilidad. Y se puede lograr, con menos dinero del que vamos a gastar. La próxima oportunidad para apostar, de verdad, por la universalidad del acceso a las vacunas, la tienen en la reunión del Consejo ADPIC el 30 de abril, y los días 5 y 6 de mayo en el Consejo General de la Organización Mundial del Comercio, apoyando la propuesta de India y Sudáfrica. Es preciso un cambio de rumbo. Esta es la razón por la que miles de ciudadanas y ciudadanos europeos estamos promoviendo una Iniciativa Ciudadana Europea para que se garantice el derecho de todas las personas al acceso justo a las vacunas y los tratamientos. https://noprofitonpandemic.eu/es/

 


(1) https://www.unicef.org/supply/covid-19-vaccine-market-dashboard

(2) https://www.oxfam.org/es/node/16104

(3) https://www.reuters.com/article/us-health-coronavirus-eu-pfizer-idUSKBN2BW1VV

(4) https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2021.04.08.21255103v1

(5) https://www.bloomberg.com/graphics/covid-vaccine-tracker-global-distribution/

viernes, 2 de abril de 2021

Tratado frente a la pandemia, sí, pero no solo

(artículo publicado en El Obrero, 2 de abril 2021)

El pasado día 30 de marzo se publicó en la prensa una declaración de 25 Presidentes y Primeros Ministros, junto al Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Dr Tedros Adhanom Ghebreyesus, comprometiéndose a “una acción conjunta para una arquitectura sanitaria internacional más sólida”, y afirmando que “las naciones deben trabajar unidas para establecer un nuevo tratado internacional de preparación y respuesta ante pandemias”. Entre los firmantes están Pedro Sánchez, Ángela Merkel, Emmanuel Macron, Boris Johnson y el Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. El escrito acierta, en parte, en el diagnóstico y en las propuestas, pero, a mi juicio, se queda corto, pudiendo quedarse en otro ejercicio retórico, de distracción, o de descargo de conciencia. Me explicaré.

Por una parte, respecto a la situación actual, se dice que la pandemia de la COVID-19 es el mayor desafío de la comunidad mundial desde la década de 1940, tras la devastación de las dos guerras mundiales, y se señala que, frente a la pandemia “nadie estará a salvo hasta que todo el mundo lo esté”. En esto estoy de acuerdo. Pero, luego, añaden los mandatarios que se comprometen “a garantizar el acceso universal y equitativo a las vacunas… frente a esta pandemia y otras futuras”, y subrayan que “la inmunización es un bien público mundial y tendremos que ser capaces de desarrollar, fabricar y desplegar vacunas lo más rápidamente posible”. Resulta evidente que estas buenas palabras, que podríamos suscribir, no se corresponden con las decisiones tomadas por la Unión Europea (UE) y por sus Estados Miembros (EEMM) en el año que dura la pandemia. Por el contrario, en ese tiempo, la UE ha reservado más de 2.000 millones de dosis de vacunas para sus 450 millones de habitantes, mientras la mayoría de los países pobres no han podido abastecerse. A día de hoy se había vacunado el 8% de la población de la UE, mientras en Egipto, Mauritania, Gabón o Namibia se había vacunado menos del 0,1%. Esto no es equidad, se mire como se mire. Es una catástrofe moral, en palabras del Dr Tedros. En EEUU se habrán vacunado a más del 70% de la población este verano y en la UE antes de final de año. Pero, en muchos países de África, Asia y América Latina, hasta final de 2022 ó 2023, millones de personas con los mismos derechos humanos que nosotros, no se habrán vacunado. Si los habitantes de los países ricos tuvieran que recibir una dosis de refuerzo en 2022, o si aparece una variante que se escape a la inmunidad generada por las actuales vacunas, entonces los países pobres deberán seguir esperando.

 

En su declaración, los mandatarios indican que su respuesta para lograr “un acceso igualitario” a las vacunas y otras tecnologías frente a la COVID era el “Access to COVID-19 Tools (ACT) Accelerator”. Esta iniciativa, en la que participan la OMS y otras entidades, ha delegado en el “mecanismo COVAX” la responsabilidad de acelerar la fabricación, desarrollo y distribución de vacunas. COVAX es una iniciativa público-privada gestionada por la Alianza para las vacunas GAVI, que a su vez está impulsada por la Fundación Bill y Melinda Gates. Los gobiernos deberían saber que una vacunación equitativa no se conseguirá nunca con un enfoque de “cooperación” con los pobres, de donaciones, de acciones caritativas, de limosna: dar lo que nos sobra. Se conseguirá con un enfoque de derechos humanos, de justicia: recibir lo que nos pertenece. El mecanismo COVAX está apoyado por la federación de industrias farmacéuticas, porque no cuestiona el principal escollo real para la fabricación y acceso a los medicamentos a un precio justo, que son las patentes y los monopolios, y que es su principal fuente de beneficios abusivos. Por eso es imposible que, con este enfoque, la UE y sus EEMM logren la equidad en el acceso a las vacunas en el mundo. 

 

Se debe hacer mucho más, como se reconoce en la misma declaración. Para empezar, pueden y deben apoyar la propuesta que India y Sudáfrica presentaron en la Organización Mundial del Comercio en octubre de 2020 para suspender las patentes de vacunas y otras tecnologías frente a la COVID, mientras durara la pandemia. Propuesta que ya respaldan más de 100 países, incluido el Vaticano, y que está bloqueada por la UE y sus EEMM. Junto a esa decisión, la UE, EEUU y la OMS debían presionar a las empresas farmacéuticas a que cedieran el conocimiento y tecnologías necesarias para desarrollar las vacunas, teniendo en cuenta que la mayor parte de esos conocimientos se han desarrollado con inversión pública directa. Dicha cesión se haría a la COVID-Technology Access Pool, C-TAP, de la OMS. La OMS identificaría todas las fábricas del mundo que puedan producir vacunas y transferiría la tecnología necesaria. En 6 meses se podría estar empezando a fabricar 3 veces más de dosis de vacunas (20.000 millones de dosis anuales, frente a los 6.000 millones de dosis que se fabricarán este año, al ritmo actual). Dichas vacunas serían a precio de coste, con lo que, a mediados de 2022 estaría vacunada toda la población, con menos de la mitad del dinero que nos vamos a gastar para vacunar solo a los países ricos, y se podría hacer frente a dosis de refuerzo o a nuevas variantes y nuevas pandemias.

 

Porque, como reconocen los firmantes de la declaración, está muy claro que “habrá otras pandemias y otras grandes emergencias de salud, y ningún gobierno … podrá hacer frente por sí solo a esta amenaza. La cuestión no es si las habrá, sino cuándo”.  En este sentido, el Tratado que se propone, arraigado en la Constitución de la OMS, y sustentado en el Reglamento Sanitario Internacional, es muy interesante. Solo una respuesta multilateral tendrá capacidad de hacer frente a ésta y a futuras emergencias de salud. Sin embargo, esta propuesta exige un análisis más complejo.

 

Para que la OMS pueda desarrollar ese papel tiene que reforzarse. Eso supone aumentar el presupuesto, de los menos de 3.000 millones de dólares anuales actuales, a más de 5.000 millones, y, al mismo tiempo, prohibir la financiación privada del organismo, consolidando una financiación pública que garantice la independencia de la institución. En este momento, entre la Fundación Bill y Mellinda Gates, GAVI y otras entidades privadas, una sola persona particular puede influir en el 25% del presupuesto de la OMS. Así mismo, en la gestión de los programas de la OMS y de la UE, se debe huir de la llamada “colaboración público-privada” los “partnership”, y otras fórmulas similares surgidas al calor del neoliberalismo que demoniza la gestión pública e idealiza la gestión privada y que, inevitablemente, pone los intereses privados por delante del interés general. El mismo neoliberalismo que privatiza las ganancias y socializa las pérdidas, como en la Sareb, “el banco malo” creado en 2012, que en 2020 ha engrosado el déficit público en otros 10.000 millones de euros que tendremos que pagar los contribuyentes. El mismo neoliberalismo que ha diseñado los contratos de la UE con las empresas farmacéuticas para las vacunas COVID. Ahí vemos que la UE y otros países habiendo financiado el 90% de la investigación y el desarrollo de las vacunas, ceden la propiedad de las patentes y el derecho de monopolio a las empresas. Así, son éstas las que deciden cuánto y dónde fabrican (embudo a la fabricación mundial), a quién se las dan primero, y a qué precio. Los precios fijados son abusivos, en promedio diez veces por encima de su coste, pero, además, en caso de que haya reclamaciones por efectos adversos, los gobiernos (es decir, los contribuyentes) deberán pagar las indemnizaciones.

 

Por eso, no basta diseñar un Tratado de pandemias. Debemos ampliar el enfoque hacia el futuro. Se debe lograr un nuevo equilibrio entre el poder de las multinacionales y los grandes fondos de inversión, y el poder de los gobiernos democráticos. Hoy, ese balance está claramente dominado por la plutocracia del dinero cuyo objetivo es ganar más; es como un cáncer que, con la fuerza destructiva de la codicia es capaz de acabar con la humanidad. Si no se cambia ese equilibrio, los organismos multilaterales, como la OMS, no podrán estar al servicio de las personas, sino de las grandes empresas. En la primera mitad del siglo XX, con la presión del movimiento obrero en Europa, y con los gobiernos del presidente demócrata Franklin Delano Roosevelt en EEUU, se logró un nuevo equilibrio, que se traducía, por ejemplo, en un sistema fiscal más justo y progresivo, donde el tipo marginal de las rentas más altas se llegó a situar por encima del 70 y el 80%. Un modelo en el que, otro ejemplo, se aprobó en EEUU la separación de los bancos de depósito y de inversión de riesgo, con la ley Glass-Steagall, reduciendo el tamaño y el poder de las entidades financieras. Después de la segunda guerra mundial se crearon la ONU, y la OMS, y se fundó la UE, impulsando el multilateralismo democrático y la defensa de los derechos humanos. Pero en los años 80 del pasado siglo comenzó la revolución de los ricos, la financiarización de la economía, y los think-tanks que impusieron poco a poco el discurso neoliberal. Como signo, en 1999 se derogó la ley Glass-Steagall durante el segundo gobierno del presidente demócrata Bill Clinton. El mismo gobierno que se opuso a que Mandela quisiera aprobar un genérico para la medicación frente al SIDA en Sudáfrica. Después, en 2008, cuando estalló la crisis financiera, como los bancos eran “tan grandes que no se les podía dejar caer”, los rescatamos con dinero del contribuyente. Y, mientras, los mil-millonarios siguen aumentando su riqueza.

 

Es precisa una refundación de la OMS, pero es precisa también una refundación de la Organización de las Naciones Unidas. Las pandemias, los problemas de seguridad, la crisis del cambio climático, y la necesidad de una economía que respete el medio ambiente y logre una distribución más justa de la riqueza, reduciendo drásticamente la desigualdad, solamente se podrán lograr con un poder político multilateral, democrático, que pueda doblar el brazo a los mil-millonarios y a las grandes corporaciones. Solo así se podrá colaborar, de verdad, con el sector privado realmente productivo. Mientras tanto se tratará de parasitación, de aprovechar los recursos y decisiones públicas para beneficio privado. Un Tratado para hacer frente a pandemias puede ser un paso en la dirección de construir este multilateralismo democrático que reclama Federico Mayor Zaragoza. Pero no será suficiente si no se enmarca en una ambición real de los gobiernos por refundar y fortalecer un mecanismo público de gobierno en las Naciones Unidas, con capacidad de acordar normas justas (en materia fiscal, financiera, sanitaria, medioambiental, en las tecnologías de información y comunicaciones, etc.), y con la fuerza para hacerlas cumplir. 

martes, 30 de marzo de 2021

Todos merecemos protección frente a la COVID-19. Iniciativa Ciudadana Europea Right2Cure para el acceso a las vacunas y medicamentos https://noprofitonpandemic.eu/es/

Es necesario y justo garantizar el acceso y asequibilidad de las vacunas y medicamentos a todas las personas.

 (Charla presentada en el encuentro virtual con la Unión Democrática de Pensionistas de Madrid y de Castilla-La Mancha el 17 de marzo 2021).

 Estamos ante una encrucijada moral y de supervivenciasi no nos salvamos todos, no se salvará nadie. Esta tarde vengo a pediros apoyo para una Iniciativa Ciudadana Europea que quiere impulsar el acceso de todas las personas a las vacunas y tratamientos frente a la COVID: “Que nadie se lucre con la pandemia”. La iniciativa propone suspender los monopolios de las empresas farmacéuticas mientras dure la pandemia, para que las vacunas y los tratamientos lleguen a todas las personas, a tiempo, y con un precio justo.

 ¿Por qué le interesa este tema a la UDP y a sus asociados? Porque la pandemia ha afectado a nuestras vidas desde hace un año y sigue contagiando a 3.000 o 4.000 personas todos los días, y sigue habiendo familiares nuestros en la UCI y sigue matando…

Y también porque corresponde a vuestra Visión del mundo y de las cosas. En vuestra página web dice:

 La UDP quiere “construir una sociedad en que la solidaridad sea un objetivo primordial”. Y este tema de acceso a vacunas para todos tiene que ver mucho con la solidaridad y la justicia.

La UDP promueve “que todas las personas puedan disfrutar de jubilación sin preocupaciones materiales, asegurándoles atención a sus necesidades económicas, sanitarias, sociales, culturales, etc.” Y este tema de las vacunas, las patentes y los precios abusivos de las vacunas y los medicamentos tiene que ver muy directamente con la sostenibilidad de un sistema sanitario público viable y de calidad.

 Las vacunas, como los medicamentos que salvan vidas, deben ser un derecho, un bien público, no un bien privado para el lucro de unos pocos. Jonas Salk, descubridor de la vacuna de la polio, cuando le preguntaron ¿de quién era la patente de la vacuna? Dijo: de la gente, ¿se puede patentar el sol?

 

 ESTAMOS EN UNA ENCRUCIJADA Y EL CAMINO QUE TOMEMOS DEPENDE DE NOSOTROS: precios abusivos y acceso restringido, o acceso abierto y precios justos.

 Cuando se cumple un año de la pandemia vemos un triste panorama:

119 millones de personas contagiadas, 2.700.000 muertos, 

Confinamientos de países enteros, en todo el planeta, 

Parón de la economía, con millones de puestos de trabajo destruidos en el mundo, más probreza… 

Un problema que ha afectado más a los menos favorecidos, a los más débiles, también a los más mayores. La mortalidad en las residencias ha sido un efecto, en muchos casos, de discriminación por edad, edadismo, y de la falta de una dotación suficiente en la sanidad pública que es preciso corregir.

 Estamos ante un problema global, una experiencia excepcional. Requiere respuestas globales y excepcionales.

 Podemos tratar de resolver este problema todos juntos, o podemos optar por el sálvese quien pueda. Podemos optar por la justicia y la solidaridad, dar a cada uno lo que es suyo, o podemos beneficiar a una minoría con enormes ganancias, y para la mitad del planeta darles la limosna, dar las migajas que nos sobran, ponerlos al final de la cola.

 Nos jugamos la dignidad como seres humanos, nuestra conciencia ética, porque podemos salvar a millones de personas o mirar para otro lado y dejarles morir.

Y, más aún, si no reaccionamos, nos jugamos también nuestra vida, nuestra supervivencia: el futuro de la humanidad…

 

El acceso a las vacunas.

 Uno de los posibles medios para frenar y vencer a la pandemia son las vacunas. Gracias a una enorme inversión pública, de más de 20.000 millones de euros, se han descubierto y se están fabricando y administrando 14 vacunas diferentes, que parecen eficaces y seguras.

 El problema es que, aunque la investigación y desarrollo de las vacunas se ha hecho con dinero público, los gobiernos de la Unión Europea y de EEUU han dado el monopolio de fabricación y venta a unas pocas empresas farmacéuticas privadas, con las patentes de medicamento. Al tener el monopolio, son las empresas las que deciden dos cosas fundamentales: el precio, y la cantidad que van a fabricar.

 Las empresas y sus altos ejecutivos quieren obtener el máximo beneficio posible, es la ley de la selva, la ley del más fuerte. Pero los gobiernos deberían poner por delante el interés general. Y no está siendo así. Las empresas tienen mucha fuerza para presionar a los parlamentarios y los gobernantes, animándoles a seguir manteniendo los monopolios de las patentes, para que puedan seguir ganando mucho dinero. Cada uno de los altos ejecutivos de estas empresas han ganado en 2020 entre 10 y 100 millones de euros para sus bolsillos. Y quieren más. Y por eso, si un gobierno pretende retirar la patente, se oponen.

 Al poner precios altos a las vacunas, la ciudadanía, todas y todos nosotros, tenemos que pagar más de lo que sería justo. Algunos países no lo tienen, y se quedan sin vacuna. Otros lo tenemos, pero tenemos que gastar mucho más de lo que sería justo; un dinero que necesitamos para otras necesidades sociales.

 Por ejemplo, una vacuna que cuesta un euro la estamos pagando a 10 euros. Si en España, en promedio pagamos 10 veces más de lo que cuesta y compramos 100 millones de dosis, estaremos pagando 1.000 millones de euros por algo que cuesta 100 millones. Gastaremos 900 millones de euros de más. Es mucho dinero. Lo que gana un pensionista en un año, multiplicado por 54.000. La pensión de un año de 54.000 personas. No podemos tirar ese dinero, solo para que se enriquezcan unos pocos a quienes los gobiernos han dado el monopolio. 

 En una pandemia, donde está en juego la vida de todos, los monopolios de las patentes de vacunas y medicamentos deben estar prohibidos.

 Esto es lo que pide la Iniciativa Ciudadana Europea que hoy vamos a comentar y para la que os pedimos apoyo. No es una ocurrencia nuestra. Esto es lo que defiende el Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, lo que pide el Director General de la OMS, Dr Tedros, o la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, y muchos otros… Esto es lo que han pedido más de 100 gobiernos de países de ingresos bajos y medios, porque no pueden pagar las vacunas a esos precios. Pero los gobiernos de los países ricos, EEUU, Unión Europea y otros, se oponen.

 Los monopolios de vacunas provocan, además, otro problema, la escasez, la falta de suministro. Lo vemos también aquí, en España, cómo se retrasan y se suspenden las vacunaciones. En Israel ya han puesto 100 dosis por cada 100 personas, en Reino Unido 36, en EEUU 29, en Europa solamente 10, tres veces menos que en EEUU. ¿Por qué? Nosotros tenemos una buena red de atención primaria para administrar las vacunas, pero no hay bastantes, y las empresas las envían primero a quien paga más. Cuando la Unión Europea vio que parte de las vacunas que habían comprado se enviaban a otros países que pagaban más, decidieron bloquear las exportaciones, como han hecho en Italia con un envío destinado a Australia. Pero esa no es la solución. Nos podrían bloquear a nosotros las materias primas necesarias para producir las vacunas. La solución es quitar los monopolios y que se puedan fabricar vacunas en cualquier fábrica del mundo acreditada.

 Porque, si en Europa hemos puesto 10 dosis por cada 100 personas a mediados de marzo, en África hay muchos países en los que no han puesto una sola dosis y en promedio han puesto 0,05 por cada 100 personas. La desigualdad en el acceso a las vacunas es terrible. En España y Europa, si las empresas cumplen sus contratos, podremos estar vacunados a final de 2021. Pero en muchos países de África, América Latina y Asia, no se habrán vacunado hasta final de 2022 o 2023. Y habrán muerto decenas de miles de personas que podían haberse salvado. Cada día que pasa con el bloqueo de las patentes, morirán miles de personas. El obispo de Ciudad del Cabo califica esta situación de genocidio. Y no exagera. El Dr Tedros la califica de catástrofe moral. Y tiene razón. José Antonio Martín Pallín, que fue magistrado del Tribunal Supremo, la define como crimen contra la humanidad.

Pero, además, es un suicidio.

 Si no se vacuna a todos en todo el mundo, surgirán variantes. Mientras el virus circule, seguirá mutando. Y se mantendrá la pandemia y el bloqueo de la economía. 

Las vacunas, como otros tratamientos tienen lo que se llama “ventana de oportunidad”, si se pasa demasiado tiempo sin lograr la vacunación completa de la población, no vale, porque genera mecanismos de escape, porque pierde protección inmunitaria. Es lo mismo que cuando atendemos una persona con parada cardíaca, hay una ventana de oportunidad para hacer la Reanimación Cardiopulmonar. O en un cáncer, cuando se dice: llegamos tarde, porque ya había producido metástasis y ya no era operable, o en un enfermo de diabetes, que necesita la insulina en un momento dado… una ventana de oportunidad. Para las vacunas son unos 6 meses. Debemos producir y administrar las vacunas a toda la población mundial para frenar la pandemia. En EEUU tardarán 6 meses, en España un año, en el mundo más de 2 años. Llegaremos tarde.

 La Camara de Comercio Internacional calcula unas pérdidas de otros 9 billones de dólares en los próximos dos años si no se frena la pandemia en todo el mundo. Además, puede que alguna variante sea más letal y más contagiosa, y entonces, con este sistema de monopolios, no podremos reaccionar a tiempo: mientras se discute sobre dónde y quién fabrica, no pararíamos el virus y nos arrasaría. Y, desde luego, tenemos que estar preparados para futuras pandemias, que pueden ser más agresivas. Si respondemos de la misma forma, con los monopolios, estamos perdidos.

 Hay alternativasSuprimir las patentes y compartir el conocimiento. Sin monopolios, y obligando a todas las universidades y empresas a compartir la tecnología y el know how, la fórmula y el conocimiento, podríamos multiplicar por tres o cuatro la fabricación de vacunas. Si ahora tenemos una capacidad de 4.000 millones de dosis anuales y las empresas van a aumentar a 7.000 millones de dosis anuales a final de año, si se liberaran las patentes y se hiciera transferencia de tecnología, podrían ponerse a fabricar otras 200 plantas, con una capacidad de 20.000 millones de dosis anuales. En menos de un año se podría vacunar a todo el planeta.

 Y si el precio es el de coste, en vez de un precio abusivo, podríamos vacunar a todos y gastaríamos 4 veces menos de lo que vamos a gastar los países ricos para vacunar a nuestras poblaciones a precios abusivos. Pagaremos 58.000 Millones € por 5.800 millones de dosis en 2021. El sobreprecio es de 52.000 Millones €. Suficiente para pagar otros 12.000 Millones de dosis vacunar a todo el mundo y ahorrar 40.000 millones €.

 Hay alternativas, que permitirían vacunar a todo el mundo, con menos gasto. Y para que los gobiernos quieran aplicarlas tienen que sentir la presión de la gente, que contrapese la presión que hacen las grandes empresas farmacéuticas. 

 Los gobiernos de la UE dicen que las patentes son necesarias como incentivo para que las empresas, con esas ganancias, investiguen, pero la gran mayoría, más del 90% de la investigación de vacunas se ha pagado con fondos públicos. Y, más allá de la pandemia, el dinero que se da a las empresas con los sobreprecios por monopolios es 4 veces más de lo que gastan en investigación: en Europa se les dan 100.000 millones de euros anuales para investigación y gastan solamente 25.000 millones, el resto va a beneficios abusivos. Y de lo que gastan, la mayor parte son investigaciones no innovadoras, para aumentar los precios con pequeñas modificaciones. Las innovaciones las hacen las universidades y pequeñas empresas con dinero público.

 Los gobiernos de la Unión Europea dicen que la solución es que las empresas tengan el monopolio, porque son las que saben fabricar. Pero, a su vez, estas empresas sí que subcontratan a otras plantas para que fabriquen las vacunas. Aunque solo a las que ellas quieren; las demás lo tienen prohibido. Es decir, los gobiernos podrían obligar a que el conocimiento y la tecnología para hacer las vacunas se cediera no solamente a esas plantas que eligen las empresas, sino a todas las disponibles, para que vendieran a precio de coste. 

 Los gobiernos dicen que las empresas con el monopolio pueden ceder voluntariamente la licencia de fabricación a otras, pero no lo hacen. La OMS puso en marcha un repositorio, un mecanismo para reunir todas las tecnologías y conocimiento para fabricar vacunas y tratamientos, el COVID Technology Access Pool, o C-TAP, pero ninguna empresa ha llevado ahí sus tecnologías para la COVID. Ninguna.

 Los gobiernos dicen que, en todo caso, sin suspender las patentes con carácter general, un país podría suspender específicamente una patente, con lo que se conoce como licencia obligatoria. Pero cuando un país intenta hacerlo, la industria farmacéutica se opone, lo lleva a juicio y promueve presiones comerciales a través de los gobiernos de EEUU y de la UE.

Está en nuestra mano cambiar, está en nuestra voz, para convencer a los gobiernos. Nuestro silencio es cómplice. Por eso promovemos la Iniciativa Ciudadana Europea “Right2Cure” “Que no se lucren con la pandemia”. Habrá otras propuestas que también son válidas y que hemos de apoyar. Pero esta es una más, y es útil, y va en la buena dirección. 


¿QUÉ ES UNA INICIATIVA CIUDADANA EUROPEA?

  https://noprofitonpandemic.eu/es/

Un grupo de al menos un millón de ciudadanos de la UE puede pedir a la Comisión Europa que proponga un texto legislativo en alguno de sus ámbitos de actuación. El plazo de recogida de firmas es un año.

 Una amplia coalición europea formada por sindicatos de trabajadores de la salud, ONGs, grupos de activistas, asociaciones estudiantiles, asociaciones de profesionales sanitarios y expertos en salud iniciamos desde el 30 de noviembre una Iniciativa Ciudadana Europea. 

 ¿QUÉ PRETENDE ESTA INICIATIVA CIUDADANA EUROPEA? QUE NADIE SE LUCRE CON LA PANDEMIA. DERECHO A LA CURACIÓN Y LOS TRATAMIENTOS

 Visto el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) y, en particular, sus art 114, 118 y 168, pedimos liberar a las vacunas y medicamentos de las patentes. Frente a la pandemia, no podemos permitirnos que la población mundial quede desprotegida por los monopolios que crean las barreras económicas y la falta de suministro suficiente. 

 Esta iniciativa vinculante añade otra voz a la preocupación expresada por grupos de la sociedad civil, expertos en salud pública y líderes mundiales de que las vacunas y los tratamientos recientemente desarrollados podrían estar disponibles sólo para una pequeña parte de la población debido a las barreras financieras y logísticas.

 ¿Cuales son nuestras demandas?

  • Velar para que los derechos de propiedad intelectual, incluidas las patentes, no dificulten la accesibilidad o la disponibilidad de cualquier futura vacuna o tratamiento para la COVID-19.
  • Velar para que la legislación de la UE sobre los datos y la exclusividad comercial no limite la eficacia inmediata de las licencias obligatorias expedidas por los Estados miembros.
  • Introducir obligaciones legales para que los beneficiarios de los fondos de la UE compartan los conocimientos en materia de tecnología sanitaria, la propiedad intelectual y/o los datos relacionados con la tecnología sanitaria de COVID-19 en un fondo común de tecnología o patentes.
  • Introducir obligaciones legales en materia de transparencia de las contribuciones públicas, los costos de producción y las cláusulas de accesibilidad, y asequibilidad combinadas con licencias no exclusivas para los beneficiarios de los fondos de la UE.   

 

ANTES DE LA PANDEMIA YA TENÍAMOS EL MISMO PROBLEMA

 El problema de falta de acceso a medicamentos no es solamente en la pandemia.

 En el mundo, 2.000 millones de personas, una de cada 4, no puede comprar el medicamento que necesita, y 10 millones de personas fallecen cada año por esta causa…

 En España, 1,5 millones de personas, muchos de ellos pensionistas, no pueden comprar el medicamento que le han recetado en la sanidad pública, por los copagos o por medicamentos desfinanciados, con 100% de copago.

 Los precios tan altos de los nuevos medicamentos provocan retrasos en su autorización y financiación pública, y racionamientos. Por otro lado, algunas empresas provocan el desabastecimiento de medicamentos menos caros, que ya no tienen patente, y sacan otros nuevos, sin mayor beneficio terapéutico, pero mucho más caros.

 Los beneficios abusivos de la industria farmacéutica, por los sobre-precios que obtienen gracias a los monopolios de las patentes, les dan mucho poder, y parte de ese dinero, más de 30.000 millones de euros en la UE, lo dedican a marketing, para fomentar el consumo de medicamentos caros. Esto condiciona una sobreprescripción, y polimedicación, con numerosos efectos adversos, sobretodo en personas mayores.

 Los altos precios y el consumo innecesario tienen como consecuencia un exceso de gasto farmacéutico: De suponer un 15% sobre el gasto sanitario público total, ahora es casi un 30%. Este dinero se detrae del resto del presupuesto, necesario para personal, equipamiento, infraestructura, que se va deteriorando.

 Con parte de esos beneficios excesivos las empresas farmacéuticas presionan a los gobiernos para que las cosas sigan igual. En 1994 lograron que se generalizara la aplicación de las patentes de medicamentos, con el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio, los ADPIC. 

 Muchos médicos y profesionales sanitarios se oponían a las patentes de medicamentos, entendiendo que los conocimientos en medicina se deben compartir sin barreras para beneficio de los pacientes. Son bienes públicos. Advertían que las patentes supondrían una barrera al acceso a los medicamentos para millones de personas, porque los monopolios provocarían el aumento de precios. Así fue y así está siendo desde entonces. Falta de acceso, exceso de gasto público y enormes beneficios para las empresas, 8 veces más sobre volumen de ventas que la media del sector industrial, en comparación homogénea.

 La justificación para darles este monopolio sobre el medicamento era que así ganarían más y podrían invertir más en investigación. Mejores medicamentos para los pacientes. Esto se ha demostrado falso. 3 cuartas partes del dinero que les damos a través de sobreprecios para investigar lo desvían a beneficios abusivos, y solo una cuarta parte va a investigación. Esa cuarta parte no va a medicamentos innovadores, sino a medicamentos “yo también”, con ninguna o con pequeñas mejoras y precios 10, 100 o 1000 veces más altos que medicamentos equivalentes. El 75% de la innovación real, como en el caso de las vacunas, la han pagado fondos públicos directos.

 ¿Por qué los gobiernos no paran este abuso? Porque no saben, no pueden o no quieren. Porque no saben, equipos que llegan a un gobierno y tienen muchos asuntos, no son expertos en la materia, conocen lo que dice la industria, lo que hacen los demás, lo que se viene haciendo en España, y siguen la rutina… Porque no pueden: conocen que la industria está abusando de los precios, que está obteniendo enormes beneficios, tratan de cambiar algo, pero la industria presiona en contra, plantea pleitos en los tribunales, recurre a los organismos internacionales, amenaza con retirar sus plantas del país, organiza campañas en contra en medios de comunicación, plantea represalias comerciales en otros sectores de la economía… y el gobierno decide frenar sus intentos de cambio. Porque no quieren: se alinean con los intereses de la industria, son parte de su mismo entramado, puertas, gratificaciones por diferentes servicios, pago de campañas electorales, como en EEUU, etc. 

 No es fácil el cambio. Pero es posible.

 En el tema de vacunas hemos visto algunos avances importantes durante la pandemia: fondo global para financiación pública de la investigación; investigación abierta y cooperativa (solidarity); ayuda a la fabricación (compras anticipadas), aunque no se hayan exigido licencias abiertas y transferencia de tecnología; algo más de transparencia, con la publicación de algunos contratos, aunque sean contratos tachados; en algún caso precios de coste, aunque en general precios abusivos…; compra conjunta y distribución en proporción a la población en países de la UE… enfoque que debería ser de ámbito mundial; amenaza de usar el art 122 del TFUE para imponer licencias obligatorias; … Son avances, son cosas positivas. Pero con la Big Pharma hemos topado, amigo Sancho. Ha faltado la decisión de suprimir las patentes y apoyar la propuesta de India y Sudáfrica en la Organización Mundial del Comercio (OMC), para aumentar la fabricación al máximo y poner precios de coste, llegando a tiempo a vacunar a todo el mundo. Sin embargo, las reuniones de la OMC siguen en abril y el problema de los monopolios no se ha resuelto, hay que seguir luchando.

 

NECESIDAD DE MOVILIZACIÓN…. Iniciativa Ciudadana Europea (ICE)

 Todos merecemos protección frente a la COVID-19

Es necesario garantizar el acceso y asequibilidad de las vacunas y medicamentos a todas las personas. ¿acaso es imposible?

 Mi amigo el cura Aurelio, de Talavera de la Reina, advierte de dos pecados muy comunes:

            Pecado de pensar y decir “no es posible cambiar nada

            Pecado de pensar y decir “que lo cambien otros, los políticos, los que mandan

            No debemos mirar hacia otro lado, tenemos que asumir nuestra responsabilidad…

            Tenemos que hacer que cambie, y podemos hacerlo. Si no lo hacemos nosotros, no lo va a hacer nadie por nosotros….

 

Vacunas para todos en todo el mundo. Si no termina la pandemia en todo el mundo no termina en ningún lugar del mundo, porque ya vimos cómo llegó en apenas unas semanas desde Wuhan. El mundo es global, la movilidad de las personas y los bienes hace que los contagios sean muy fáciles y muy rápidos. Las pandemias vendrán cada vez con más frecuencia, y pueden ser peores, mucho peores. La respuesta de los países tiene que ser global e inmediata.

 Si todas las organizaciones ciudadanas y sociales, como UDP MADRID, UDP CLM, UDP ESPAÑA, …; CON UGT, CON CCOO, CON CERMI, con los Estudiantes, con sociedades de salud pública, con asociaciones de vecinos, piden a sus afiliados que firmen la ICE, los gobiernos tendrán que reaccionar… Así que mucho ánimo y sumaros a la ICE por vacunas para todos en todo el mundo.

 

¿CÓMO PUEDES AYUDAR? 

  • FIRMA ONLINE la iniciativa desde web: Right2Cure
  • ÚNETE como organización, asociación, o colectivo al Comité de la Iniciativa #Right2Cure en España escribiendo al mail de contacto: right2cure.spain@gmail.com

 


 

jueves, 11 de marzo de 2021

El remdesivir, las vacunas y la COVID-19.

En pleno debate de las vacunas he recibido la respuesta del Portal de Transparencia sobre la compra de remdesivir por el gobierno de España. 

Recordemos que el remdesivir es un medicamento que se usó para otras infecciones, no es nuevo. La investigación que sirvió para la autorización de uso del remdesivir para la COVID-19 la pagó el gobierno de EEUU. Esa investigación dijo que el medicamento no disminuía la mortalidad, pero sí podía disminuir algo los días de hospitalización en los pacientes más graves. Al mismo tiempo, la OMS hizo una investigación para ver la eficacia de este tratamiento para la COVID y no encontró ningún beneficio. Sin embargo, la Agencia del Medicamento de EEUU aprobó este tratamiento para la COVID, y también la Agencia Europea del Medicamento. Trump lo presentó en rueda de prensa en la Casa Blanca como el primer medicamento eficaz para la COVID en todo el mundo.

Andrew Hill y cols., de la Universidad de Liverpool, en un estudio publicado en el Journal of Virus Erradication el pasado 9 de abril 2020, estima la media de coste por dosis, en el caso del Remdesivir, en 0,93 $, que en euros supone 0,83 €. Un tratamiento necesita 6 viales, 4,98€. Con un beneficio podría fijarse un precio de 6 €. Según la contestación que he recibido del Portal de la Transparencia de la Administración General del Estado, a través del Ministerio de Sanidad (escrito de 5/3/2021 de la Directora del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria), el precio que hemos pagado en España ha sido de 345 € por vial, y 2.070 € por tratamiento, en el marco del acuerdo de compra conjunta de la Unión Europea FWC Nº SANTE/2020/C3/048. 


Hemos comprado 75.000 viales, y hemos gastado 28.875.000 €, cuando deberíamos haber pagado solo 75.000 €. Es como pagar un kilo de arroz a 345 €. Un tremendo abuso.

 

El Reino de España ha comprado a este precio abusivo. Al mismo tiempo, el gobierno de Hungría, a finales de 2020, aprobó la aplicación de una licencia obligatoria (suspensión de la patente y autorización para la fabricación de un genérico). Pero la asociación de industrias farmacéuticas norteamericanas y la cámara de comercio de EEUU, han escrito al Gobierno de EEUU denunciando esta decisión en el Informe Especial 301, que sirve para aplicar presión comercial a los gobiernos, para que cambien sus políticas. https://www.keionline.org/35558 . ¿Por qué no plantea el gobierno de España licencia obligatoria? ¿No debería apoyar a Hungría en la UE y sumar fuerzas para exigir precios a coste? ¿No debería promover la aplicación de licencias obligatorias por todos los países europeos?

 

Igual que la industria farmacéutica presiona, nosotros podemos presionar. Lo mismo en la cuestión de las vacunas. Es urgente suspender las patentes de todas las tecnologías (vacunas, tratamientos, diagnósticos) COVID mientras dure la pandemia. Se debe exigir transferencia de know how y tecnología para desarrollar los productos. Permitir fabricación en todas las plantas disponibles (multiplicando por 3 la capacidad de fabricación de vacunas, para poder vacunar a todo el mundo en un año). Exigir precio de coste de fabricación, y no precios abusivos 5, 10 y 20 veces por encima de los costes, con beneficios abusivos de miles de millones de euros. Si alguna empresa ha realizado gastos de investigación que se puedan acreditar, se le deben compensar desde el fondo COVID de la Unión Europea. Es lo que piden el Secretario General de Naciones Unidas y el Director General de la OMS, solicitando apoyo a la propuesta de India y Sudáfrica en la Organización Mundial del Comercio para la suspensión de las patentes y el apoyo a la COVID-Technology Access Pool (C-TAP).

 

¿Qué podemos hacer? Está en nuestra mano cambiar, está en nuestra voz. Nuestro silencio es cómplice. Por eso promovemos la Iniciativa Ciudadana Europea “Right2Cure” “Que no se lucren con la pandemia”. Habrá otras propuestas que también son válidas y que hemos de apoyar. Pero esta es una más, es útil, y va en la buena dirección. 


Anímate a sumarte firmando en esta página web:

 

https://noprofitonpandemic.eu/es/

martes, 16 de febrero de 2021

¡Sí se puede!

(Artículo publicado en la Revista de la Asociación por un Acceso Justo al Medicamento, número Cero, febrero 2021).

Cuando decíamos que diez millones de personas mueren cada año por falta de acceso a los medicamentos, muy pocas personas prestaban atención. Cuando decíamos que las patentes y los monopolios en medicamentos “matan” porque, casi inevitablemente, se produce un abuso de posición dominante que sube los precios, suponiendo un sobre-gasto para los pacientes y sistemas de salud, y dificultando el acceso a medidas preventivas y curativas, muchos pensaban que exagerábamos. Cuando decíamos que había una alternativa viable, con un Convenio Internacional, que creara un Fondo Global para financiar la investigación, y garantizara la comercialización a precio de coste de medicamentos, separando así los precios de los costes de investigación y quitando la coartada para fijar precios abusivos, casi todos pensaban que era una utopía.

 

Entonces llegó el SARS-CoV-2. Vimos como en apenas unas semanas, el virus que había contagiado a los primeros humanos en Wuhan, llamaba a la puerta de nuestras casas en todo el mundo y el 11 de marzo de 2020, la OMS declaraba pandemia. La evolución de la COVID-19 podía ser grave en muchos casos y provocar la muerte. Muchos sistemas sanitarios se vieron colapsados. Muchos países tuvieron que ordenar confinamientos domiciliarios y restricciones importantes a la actividad económica y los contactos sociales. El impacto en disminución de empleo y de rentas a lo largo de 2020 ha sido tremendo.

 

Además de en las necesarias medidas de salud pública, de protección social y de reactivación económica, muchas esperanzas para superar la pandemia se depositaron en las vacunas. Aunque fragmentada, la respuesta de la comunidad científica ha sido extraordinaria. Con financiación mayoritariamente pública, se han desarrollado decenas de líneas de investigación y las primeras vacunas se comenzaron a administrar a finales de 2020. En los últimos días de enero, a raíz de retrasos en el programa de vacunación en diferentes países, hemos leído criticas a la Comisión Europea. Se dice que no se ha negociado bien, y que, como consecuencia, los programas de vacunación en la Unión van más retrasados que en EEUU o en Reino Unido. Sin embargo, yo pienso que este proceso ha mostrado muchas cosas positivas. Señalaré algunas.

 

-La Agencia Europea del Medicamento parece haber sido más rigurosa en sus análisis de la efectividad y la seguridad de las vacunas que la FDA o la agencia británica. Esto no es malo. Garantizar la seguridad de un medicamento es fundamental.

-En apenas tres meses la UE recaudó 16.000 millones de euros en un fondo COVID, para apoyar la investigación y desarrollo de distintas medidas. La UE y sus estados miembros (EEMM) han invertido más de 8.000 millones de euros en investigaciones de tecnologías y medicamentos frente a la COVID. Un “fondo global europeo”, que parecía imposible, está aquí.

-Los EEMM aceptaron que la Comisión negociara en nombre de los 27 para una compra conjunta. Esto es muy positivo. Imaginemos que hubiera negociado cada uno por su lado. Se han obtenido precios mejores que en EEUU o en RU, aunque, a pesar de ello, hayan sido por encima del coste de fabricación e investigación.

-La distribución de las vacunas entre los países ha sido por volumen de población. De manera que estamos recibiendo cada país un número de dosis proporcional, permitiendo aplicar unas prioridades de vacunación comunes: profesionales sanitarios, personas mayores en residencias, cuidadores, etc. Si no hubiera habido compra conjunta, la desigualdad de acceso hubiera sido inevitable, como lo es con el resto del mundo con menos ingresos.

-La Unión Europea y los EEMM han apoyado a las empresas adelantando dinero para el desarrollo de las vacunas, la instalación de capacidad de producción, la compra de materiales, etc. Más de 3.000 millones €. De esta forma ha habido una financiación pública de la investigación y fabricación de las vacunas que ha acelerado su disponibilidad, logrando que, en menos de un año desde el comienzo de la pandemia, estemos vacunando. Esto es muy positivo. El problema principal es que no se ha acompañado de la exigencia de la titularidad pública de los derechos de propiedad intelectual y de la garantía de licencias no exclusivas.

-En uno de los contratos, con Astra Zeneca, se establece un precio por coste. Es lo razonable y exigible, aunque parecía utópico. Sin embargo, faltaría la comprobación de los costes, el descuento de las ayudas públicas, y la garantía de que no se van a subir cuando quiera la empresa.

-Finalmente, transparencia. No la ha habido en las negociaciones, ni en los contratos, que son confidenciales por la exigencia de la industria. Pero, gracias a la presión social, hay tres que se han publicado, el de Curevac, el de Astra Zeneca y el de Sanofi-GSK, aunque con tachones y partes ocultas.

 

Como vemos, hay aspectos en la respuesta de la UE a la COVID muy positivos. También cabe señalar la resolución del Parlamento Europeo de 10 de julio 2020

 que animaba a la Comisión a exigir, en todas sus convocatorias para financiación e inversión, que los productos finales tuvieran licencias no exclusivas, y a apoyar la iniciativa de la OMS “COVID-Technology Accesss Pool” (C-TAP) para que las empresas y países compartieran las licencias y patentes de tecnologías y medicamentos frente a la COVID. Pero, precisamente este tema, la exigencia de licencias no exclusivas, no se ha llevado a la práctica en las negociaciones de la Comisión con las empresas, dejándoles el monopolio. La pandemia nos ha mostrado también, muy claramente cosas que se deben y se pueden cambiar.

 

Al mantener las patentes y monopolios de la industria, son las empresas las que pueden fijar los precios, y exigir precios varias veces por encima de lo que han gastado en investigación y de lo que han gastado en fabricación. Por otro lado, las empresas deciden cuánto producen (capacidad de sus plantas y de las plantas con quienes decida subcontratar) y a quién distribuyen primero (en función, seguramente, de quien pague más). Así, hemos visto cómo Astra Zeneca, que debía entregar a la UE 100 millones de dosis en el primer trimestre, redujo su envío a 40 millones de dosis, al parecer porque había derivado parte del producto a otros países (que quizá pagaban más por dosis). De la misma forma, el 15 de febrero, Moderna anuncia que reducirá sus envíos esta semana. Al ritmo actual de vacunación tardaríamos más de dos años en vacunar al 70% de la población en la UE. El enfado de la Comisión y los Gobiernos ha sido sonoro. El ministro belga de salud, Frank Vandenbroucke, dijo: “Ellos tienen el monopolio, y nosotros somos totalmente dependientes”. Exacto. Pero el monopolio, señor ministro, se lo dan y se lo pueden quitar los gobiernos. Esta es la razón del excesivo poder de la industria para imponer sus condiciones, el monopolio. Por eso, el Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, en el calor del debate, escribió a los presidentes de Austria, República Checa, Dinamarca y Grecia el pasado 28 de enero: “…si no se encuentran soluciones satisfactorias…debemos explorar todas las opciones… incluyendo un posible recurso al artículo 122 del TFUE”. Según asesores jurídicos del Consejo este artículo permitiría “forzar a los fabricantes de vacunas a compartir sus patentes u otras licencias, permitiendo aumentar rápidamente la producción”.  Lamentablemente no avanzó en esta dirección, pero, al menos, pensó en ello. A la vista de estas acciones llevadas a cabo por la Unión Europea y los países miembros, con aspectos muy positivos, pero con una carencia fundamental en el tema de las patentes, podemos insistir en nuestras propuestas, que hace apenas un año parecían utópicas:

 

-Crear y consolidar un Fondo Global para la financiación de investigación de medicamentos, mediante un Convenio Internacional. Este fondo permitiría fijar prioridades de investigación en función de necesidades de salud, desarrollar investigación abierta y cooperativa, y asegurar la transferencia de tecnología en todo el proceso y en los resultados finales. 

-Eliminar los medicamentos y productos sanitarios del acuerdo sobre los ADPIC, prohibiendo el uso de patentes en medicamentos y vacunas. 

-Crear y consolidar plataformas de ensayos clínicos no comerciales, que permitan desarrollar investigaciones independientes (como el ensayo Solidarity de la OMS sobre medicamentos COVID), menos expuestas a los sesgos de diseño, interpretación y publicación que los patrocinados por empresas con ánimo de lucro.

-Crear y consolidar plataformas públicas para el desarrollo y, en su caso, fabricación de medicamentos y otras tecnologías, de ámbito nacional, europeo y mundial. La propuesta del Health Emergency Response Authority de la Comsión Europea puede ser un primer paso, pero debería ser una plataforma gobernada por los países, no por las empresas.

-Realizar contratos con empresas para desarrollo de medicamentos, vacunas y otros productos (“compra anticipada”), pero reservando para la institución pública la patente y los derechos de propiedad intelectual de todo el proceso (mientras no se prohíban), de tal manera que todos los productos tengan licencia no exclusiva y se vendan a precio de coste.

 

En tanto se avanza en un cambio de modelo global, en el momento presente de la pandemia, la Unión Europea y sus países miembros pueden hacer algo más. Pueden forzar a las empresas a liberar las patentes (expropiándolas / comprándolas), concediendo licencias no exclusivas para que las vacunas se puedan fabricar en todas las plantas acreditadas y vender a precio de coste. Por ejemplo, en todas las plantas de la red fabricantes de vacunas de países en desarrollo (DCVMN) y en otros muchos. Si la capacidad utilizada hoy es de 10.000 millones de dosis anuales, se podría duplicar, o incluso triplicar, en pocos meses. De esta forma se permitiría vacunar a todas las personas en todos los países en un plazo más breve. Si no lo hacemos, podremos vacunarnos en los países ricos antes de que acabe 2021, pero en los países pobres solo se habrá vacunado un 10-20%. Además de la inmoralidad de esta decisión (mantener los monopolios de las patentes retrasando el acceso a las vacunas), la pandemia seguiría bloqueando la economía mundial, y las mutaciones del virus podrían resultar en variantes más agresivas, para las que las actuales vacunas no protejan. Nadie estará a salvo mientras no estemos todos a salvo. Lo repite el Secretario General de Naciones Unidas y lo repite el Director General de la OMS: suprimamos las patentes durante la pandemia. Esta es la propuesta que llevan India, Sudáfrica y otros países a la Organización Mundial del Comercio (OMC). En febrero y marzo hay nuevas reuniones en la OMC. La UE y sus EEMM deberían aceptar esta propuesta. Y deberían forzar a las empresas a compartir toda la tecnología frente a la COVID en la C-TAP. Al mismo tiempo, las vacunas disponibles globalmente deberían asignarse en proporción a la población de cada país, en todo el mundo, con las mismas prioridades de vacunación.

 

En la pandemia el tiempo son vidas. El retraso en el acceso a las vacunas son muertes que se podían haber evitado. Si suspendiéramos las patentes COVID y transferimos la tecnología a todas las empresas capaces de fabricar vacunas, podríamos vacunar a todo el planeta en un año. Si no lo hacemos, ¿quién será responsable de las muertes y la destrucción económica que cause esta enfermedad a partir de entonces? ¿No deberíamos calificar esas muertes de crimen contra la humanidad? De momento, a 3 de febrero, los países ricos tenemos contratadas 4 dosis de vacuna por persona para 2021. En los países pobres han contratado 1 vacuna para cada 10 personas. ¿Qué pasará si hace falta otra dosis de refuerzo, o si algunas vacunas no funcionan? ¿Cuándo terminarían de vacunarse? Y, ¿qué pasará si viene otra pandemia con más letalidad? ¿Seguiremos con el modelo de monopolios y en manos de lo que quieran fabricar las empresas? Es preciso liberar toda la capacidad de producción mundial, y comercializar todas las vacunas de todas las empresas a precio de coste. No hacerlo así es un robo y un asesinato.

 

¿Y qué podemos hacer nosotros? Como hemos visto, la pandemia ha abierto algunos caminos que parecían imposibles, tanto en las Instituciones, como en el debate social y en medios de comunicación, pero hemos de consolidar esos cambios. Por eso un grupo de organizaciones de la sociedad civil impulsa la Iniciativa Ciudadana Europea “Right2Cure”, derecho a curar, no permitamos el lucro con la pandemia https://noprofitonpandemic.eu/es/ . La Asociación por un Acceso Justo al Medicamento (AAJM) apoya la iniciativa. Necesitamos firmar un millón de europeos para que se apruebe. Esto sí podemos hacerlo. Por eso animamos a todos a que se sumen a esta iniciativa, para impulsar el cambio y lograr vacunas para todos, en todo el mundo. Hace un año decían que las propuestas de la AAJM eran imposibles, pero hoy estamos viendo que ¡sí se puede!

 

jueves, 4 de febrero de 2021

¿VACUNAS SÓLO PARA RICOS?, se preguntaba el Dr Manuel Oñorbe hace siete años.

[Texto escrito por el Dr. Manuel Oñorbe en 2014, publicado en el libro “Crisis (esta crisis) y Salud (nuestra salud)”, que analizaba los efectos de la crisis financiera mundial en los sistemas de salud. Una advertencia profética para esta nueva crisis mundial]

Desde que comenzaron a dar sus primeros pasos a finales del siglo XVIII, las vacunas fueron consideradas patrimonio de toda la humanidad. Con sus luces y sus sombras, estas últimas, fundamentalmente, en el acceso de las poblaciones de las naciones más pobres a programas universales de inmunización y en el desarrollo de la investigación sobre vacunas, que ha primado siempre las enfermedades que afectaban a los países desarrollados, las vacunas han conseguido extraordinarios avances en el control e incluso erradicación de algunas enfermedades que desde siempre diezmaron las poblaciones; la erradicación de la viruela del planeta es el más brillante ejemplo de esto. 


En España, como en casi todos los países con un cierto nivel de desarrollo socioeconómico, las vacunas que se consideraban necesarias por los técnicos sanitarios, eran financiadas por el Estado, fuese central o posteriormente autonómico. 


La situación empieza a cambiar cuando aparecen nuevas vacunas más allá de las tradicionales (viruela, polio, difteria, tétanos, tosferina), la triple vírica la primera, que según informan desde la industria farmacéutica requieren ingentes inversiones de investigación que hay que rentabilizar. Pasamos de una situación en que en 1980 la vacuna de la poliomielitis que compraba el Ministerio de Sanidad para toda España salía a menos de 1 peseta, a otra situación, la de hoy en que por ejemplo la vacuna contra el neumococo que no está incluida en los calendarios de vacunaciones cuesta más de 300 euros en la farmacia (las 4 dosis) que es el único sitio para abastecerse de ella, ahora que con 13 cepas parece más necesaria (situación paradójica que requeriría algún estudio y explicación, la del porqué la Comunidad de Madrid incluyó en su calendario a principios del actual siglo la vacuna del neumococo contra 7 cepas no predominantes en España en base a sus “estudios epidemiológicos” y contra el criterio de todas las Comunidades Autónomas y el Ministerio de Sanidad, y unos años después, cuando la vacuna ya cubre 13 cepas y entre ellas las predominantes la saca del calendario). 

Otra de las nuevas vacunas objeto de polémica es la del papiloma, que sí se introdujo en calendario para determinados grupos después de grandes presiones y debates. 


Varias son las vacunas que los fabricantes, y grupos de profesionales en ciertos casos, están intentando que sean incluidas en calendarios, pero la crisis ha cortado muchos de esos intentos. Para las mismas, los laboratorios procuran a toda costa reproducir el escenario de la vacuna del neumococo, y que se puedan vender libremente en farmacia, que ya se encargarán sus campañas de venderlas a profesionales y población. 


Un tema también importante de los últimos tiempos en lo referente a vacunas es el aumento de la desconfianza de los ciudadanos y de los profesionales debido a los manejos que a nivel mundial se han visto en las ultimas crisis, vacuna contra la gripe aviar, tamiflú, vacunas contra la gripe A y contra la gripe estacional, etc. La varicela es el último ejemplo de estas estrategias. La campaña que actualmente se está llevando a cabo para introducirla en la primera infancia ha alcanzado límites claramente intolerables. 


Así pues las vacunas, que como decíamos al principio eran un logro de toda la humanidad, se han convertido en un negocio y como tal las reglas han cambiado. Las nuevas vacunas (y poco a poco también las viejas) son para países ricos, y dentro de ellos, como consecuencia de la crisis y la falta de dinero, para los que puedan permitírselo. Y este camino se va ensanchando. Si las vacunas fuesen patrimonio de la humanidad como en sus primeros pasos y no un negocio se acabaría el problema; las costosísimas investigaciones que arguye la industria podrían ser asumidas por organismos internacionales o tener un justiprecio y no depender del marketing y las inversiones en promocionarlas. La evidencia científica se impondría y no haría falta acudir a Carl Sagan (Si quieres salvar a tu hijo de la polio puedes rezar o puedes vacunarle). 

 

Manuel Oñorbe

sábado, 23 de enero de 2021

Pfizer / BioNTech vaccine: With a simple change in the product information sheet, € 3,120 million more per year in profit?

It is possible that I have the wrong information, because if not, it's difficult to understand it.

 

The Pfizer / BioNTech vaccine, Comirnaty, is supplied in 2.25 ml vials, from which the doses are drawn. When the North American drug agency, the FDA, approved this product, the technical characteristics presented by the company specified that 5 doses of vaccine could be extracted from each vial. The same number of doses per vial was specified in the authorization of the European agency, the EMA.

 

Pfizer / BioNTEch signed contracts with different countries and with the European Union, at a price per dose. Apparently € 12 per dose in the contract with the EU. As each vial had 5 doses, the price per vial was € 60.

 

As the vaccine began to be administered, the nurses and pharmacists found that if they used 1ml syringes they could extract up to 6 doses, since the dead space of each syringe wasted less product. This finding was very positive, since, with the same number of vials, more vaccinations could be achieved. (Keep in mind that this is not always the case, it depends on the availability of 1ml syringes and the skill of the professionals. In many cases, only 5 doses can be obtained).

 

The Pfizer company, according to press information, mobilized its managers to take steps at the FDA and the EMA, with one objective: that the product information sheet would say that the vial contains 6 doses, instead of 5 (1). Some officials of these agencies would be reluctant, but finally, the persuasion of the company achieved that on January 6 at the FDA and on January 8 at the EMA the technical data sheet was changed (2).

 

The intention of the company could be beneficial: with the same production effort it managed to get more people vaccinated. This would imply that the price per vial of 2.25 ml would be maintained at € 60, since the cost of production was the same, thus indirectly reducing the price per dose. However, it seems that the company wants to maintain the price per dose, with which, with the simple change of the technical data sheet, the price per vial becomes € 72, 20% more.

 

If Pfizer / BioNtech expected to invoice 260 million vials x € 60 in 2021, that is, € 15,600 million per year, with this simple change of product information sheet, they will invoice 260 million vials x € 72, that is, € 18,720 million: € 3,120 million more per year, without additional product. It would seem logical that the governments of the EU countries are happy that the vials can provide 6 doses, because they will speed up vaccination. But it would also seem logical that they would require the company to maintain the price per vial, since nothing has changed in terms of the effort to produce these vials.

 

The news that we know does not go in this direction. Apparently, the company wants to raise the price of 20% per vial, although they do not change anything. And, in addition, they are going to reduce the number of vials sent to each country each week, to adjust to the number of doses that, supposedly, can be extracted. In other words, vaccination would not be accelerated either.

 

How to qualify this operation, in times of pandemic and suffering of so many?

 

In another post, I explained that the price of € 12 per dose was 1,765 times higher than the cost of production, including manufacturing and research (€ 0.68). The logic of the company in view of a new business opportunity is impeccable: take advantage of it. What is inexplicable is that governments allow it.

 

It is time to demand that vaccines and treatments against COVID have a cost price. Public investment in research and aid in the development and manufacture of these products has been massive. In a pandemic situation, monopolies that raise prices on a whim and limit the volume of production, delaying access for millions of people, are inadmissible. EU Member States’ governments should support the initiative of India and South Africa in the World Trade Organization (to suspend the application of IP rights for COVID technologies), and promote the WHO' C-TAP initiative.

 

(1)

https://www.nytimes.com/2021/01/22/health/pfizer-vaccine.html

(2)

https://www.ema.europa.eu/en/news/extra-dose-vials-comirnaty-covid-19-vaccine