Conferencia impartida el 8 de abril 2026 en el ciclo organizado por la Asociación de Vecinos de Barrio Polígono San Antón de Albacete
Mi intervención se referirá a la encrucijada en la que, a mi juicio, se encuentra el SNS.
El derecho a una sanidad pública universal y de calidad.
El derecho a la atención sanitaria pública no cayó del cielo por casualidad. El derecho a la sanidad pública, como otros derechos sociales, fue fruto de la lucha de muchas mujeres y hombres, de la lucha del movimiento obrero a finales del Siglo XIX y primera mitad del Siglo XX. Parte de la plus-valía, que era fruto del trabajo de todos y que acaparaban los capitalistas, se recuperó por los trabajadores en forma de mejores salarios, cuotas patronales de seguridad social e impuestos a la riqueza y el beneficio, con los que se financiaron los servicios públicos. Después de la segunda guerra mundial estos derechos sociales se fueron consolidando en diferentes países. Pero el capital y los grandes empresarios no quedaron conformes y a finales del siglo XX iniciaron una contraofensiva para volver a quedarse con lo que, en justicia, pertenece a toda la sociedad. El pensamiento neoliberal entiende que la atención sanitaria es un problema de cada uno que cada cual debe resolver como pueda.
Un amigo muy querido está recuperándose en el hospital de Talavera. Ha sufrido una enfermedad que se lo hubiera llevado por delante si no interviene a tiempo el servicio de salud. Me dice:
“Fernando, haz lo que esté en tu mano para seguir defendiendo la sanidad pública. Sin sanidad pública las personas que no tenemos medios no tendríamos atención sanitaria. Yo no estaría vivo”. Mi amigo tiene razón. La salud y la atención sanitaria pública son un derecho humano necesario para llevar una vida digna y creativa. Pero ese derecho no es irreversible. Debemos defenderlo día a día.
Hace unos meses el Consejo Económico y Social, formado por las organizaciones sindicales y empresariales más representativas, presentó un informe titulado “El Sistema Sanitario: situación actual y perspectivas para el futuro”. En sus conclusiones se dice: “El sistema sanitario constituye un vector de cohesión social y crecimiento económico que atraviesa un momento crítico, en un contexto en el que confluyen importantes desafíos existentes hace décadas, a los que se añade la necesidad de incorporar las lecciones aprendidas de la pandemia y hacer frente a nuevos retos…” (pág 257). El momento crítico que denunciaba el CES continua y se agrava.
El SNS cumplirá 40 años dentro de unos días. La LGS se aprobó el 25 de abril de 1986 con un objetivo principal, la universalidad de la atención sanitaria, el reconocimiento del derecho de todas las personas a una sanidad pública de calidad. Ernest Lluch consiguió negociar con unos y con otros, fuera y dentro del gobierno, y al final la Ley se aprobó, con el voto en contra de Alianza Popular (hoy PP). Poco a poco se fue construyendo el SNS que logró un excelente desempeño y unos excelentes resultados.
Fijémonos que hoy España ha logrado alcanzar la EVN más alta de la UE y una de las más altas del mundo. Así, la EVN en España es de 84 años mientras la media de la UE es de 81,5 años y la media mundial es de 73,5.
Después de 40 años desde su creación, y a pesar de la difícil situación actual, el SNS en conjunto sigue siendo un buen sistema de salud. Sus rasgos principales son:
-Cobertura universal: derecho a la atención sanitaria a todos los españoles y a los extranjeros residentes en España.
-Prestaciones completas: amplio abanico de prestaciones, de salud pública, atención primaria, urgencias, hospitalización, medicamentos, etc.
-Financiación Pública mayoritaria, a través de impuestos.
-Gestión descentralizada a cargo de las CCAA
-Gestión mayoritariamente directa, integrada y pública.
-Con una importante actividad de diagnóstico y tratamiento:
1 millón de Consultas diarias en medicina familiar y enfermería de Atención Primaria.
265.500 consultas diarias con especialistas hospitalarios.
11.000 Ingresos en hospitales públicos al día y 10.000 intervenciones quirúrgicas.
17 Trasplantes diarios; siendo el primer país del mundo en trasplantes de órganos.
En resumen, el SNS salva cada día miles de vidas en toda España. No es poca cosa.
Sin embargo, la sanidad pública viene experimentando un deterioro progresivo a raíz de la crisis financiera de 2008 y la gestión de dicha crisis, deterioro que se agravó después de la pandemia de la COVID-19, por la sobrecarga y el desbordamiento de un Sistema que seguía y sigue tocado. Pero ese deterioro tampoco cayó del cielo, tuvo y tiene unos responsables que conviene analizar.
La crisis financiera, los recortes, y el deterioro del SNS.
Es importante recordar que la crisis económica de 2008-2015 fue provocada por las grandes corporaciones financieras que ofrecieron hipotecas basura para lograr enormes beneficios, hasta que estallaron las burbujas especulativas, paralizando la economía y amenazando con la quiebra en cadena de los bancos, comenzando con el Lehman Brothers en 2008. Los gobiernos, presionados por los grandes poderes económicos causantes de la crisis, trataron de frenar esa avalancha destinando enormes fondos públicos, es decir, de todos nosotros, a rescatar a dichas entidades financieras. Para conseguir esos fondos, los gobiernos tuvieron que endeudarse, en nuestro nombre, con las mismas entidades financieras a las que rescataban (endeudamiento que todavía estamos pagando). A continuación, la Comisión Europea exigió a los países recortes en el gasto público (para poder hacer los rescates a los bancos). Como consecuencia, en el SNS, y en otros servicios públicos, se cancelaron contratos de interinos, no se cubrían las bajas, no se cubrían las jubilaciones, se redujeron las plantillas y hubo recortes importantes en la inversión en equipamiento e infraestructuras.
Estos recortes produjeron el deterioro de los servicios y de la calidad de los mismos, con un aumento considerable de los tiempos de espera, que todavía continua. En resumen, los más ricos habían conseguido trasvasar recursos que son de todos a beneficios abusivos de unos pocos afectando directamente a la sanidad.
Listas de Espera.
Veamos algunos datos de ese deterioro. Comenzaremos por las Listas de Espera.
En atención primaria, según el Barómetro Sanitario, la media de días de espera, si no es atendido en el día o al día siguiente de su solicitud, pasó de 3,5 días en 2010 a 9,15 días en 2025, casi tres veces más.
En consultas externas, el tiempo medio de espera pasó de 53 a 105 días, el doble.
En cirugía programada, de 65 a 126 días, el doble.
También aumentó el tiempo de espera para pruebas diagnósticas, con lo cual, el tiempo para resolver un problema de salud, en no pocas ocasiones, puede superar el año. Este retraso en la atención supone incertidumbre para el paciente y su familia, sufrimiento innecesario, alargamiento de las bajas laborales y, en no pocas ocasiones, complicaciones o agravamiento que se podían haber evitado.
El aumento de la espera se debe, fundamentalmente, a un desajuste entre oferta y demanda.
Es necesario y es posible abordar este tema con un enfoque integral y con los recursos precisos. De esa forma se puede lograr un tiempo reducido de espera acorde con las necesidades.
Personas con seguro sanitario privado.
Al mismo tiempo que se deterioraba la sanidad pública con el aumento de los tiempos de espera se incrementó el número de personas con un seguro privado, desde el 12,4% en 2014 a un 32,6% en 2024. Se ha duplicado. Fundamentalmente para “sortear” la lista de espera de diagnósticos y algunos procedimientos quirúrgicos menos graves. Es el mejor indicador del deterioro de la sanidad pública. Si la sanidad funciona la gente no paga un seguro privado.
Como consecuencia: La valoración del sistema sanitario público ha empeorado. Antes de aprobar la Ley la mayoría de la población pensaba que la sanidad pública funcionaba mal o muy mal. Ya en 1992 las personas que opinaban que funcionaba bien o muy bien superaron el 50%. En 2010 ya suponían un 74%, frente al 25% que pensaban que funcionaba mal o muy mal. Con los recortes y el aumento de las listas de espera la valoración bajó hasta 2015, luego empezó una recuperación. Pero la pandemia supuso una sobrecarga para el sistema que rompió todas las costuras de unas estructuras ya debilitadas. En 2025 las personas que piensan que funciona mal o muy mal suman el 47,3%. Y en el último barómetro, de noviembre de 2025, ya superaban el 50%, mientras solo un 48,5% pensaba que funciona bien o muy bien.
Por primera vez desde que comenzó la reforma sanitaria, las personas que opinan que funciona mal o muy mal habían superado el 50%. Los caminos volvían a cruzarse, pero esta vez en la dirección equivocada.
Aspectos clave que inciden en el deterioro de la sanidad.
Para abordar posibles alternativas hemos de analizar el problema en profundidad. Me centraré en dos aspectos importantes: la financiación de la sanidad y el gobierno del sistema.
La financiación del SNS.
Como consecuencia de la codicia de los más ricos que provocó la crisis económica de 2008, el gasto sanitario público (GSP) se redujo entre 2010 y 2014 de forma importante afectando al personal, y a las infraestructuras. Una herida muy profunda. En 2015 comenzó una lenta recuperación, hasta que en 2022 el GSP superó ligeramente, en euros constantes, el GSP de 2009. Pero para ese entonces las necesidades de atención habían ido aumentando progresivamente. La población había crecido un 4%. Pero, sobre todo, la población mayor de 65 años, que consumimos más recursos sanitarios, creció un 20%. Y las tasas de prevalencia, ajustadas por edad, de patologías como algunos cánceres, o los problemas de salud mental, y otras, habían crecido más del 30%.
Más tarde, el aumento de la demanda por la pandemia de la COVID, a la que los profesionales sanitarios respondieron con eficiencia y valentía, bloqueó la atención a otros procesos, agudizando los desequilibrios del sistema.
En definitiva, hoy sería preciso incrementar los recursos destinados a sanidad pública en, al menos un 20-30% para atender a las necesidades actuales. Más de 20.000-25.000 millones de euros anuales. Es preciso situar el GSP en relación con el PIB en las cifras de los países europeos más avanzados, en todo caso en la media de la Euro Área. Al menos un punto y medio más en relación con el PIB.
Tengamos en cuenta que para poder financiar los diferentes servicios públicos (sanidad, educación, fuerzas de seguridad, servicios sociales, infraestructuras, etc.) se necesita recaudar el dinero suficiente para ofrecer el nivel de calidad que puede permitirse cada país. El primer paso, por tanto, es la política fiscal: de quién y cuánto se recauda. El sistema fiscal español tiene un margen de crecimiento de 4 puntos de PIB anuales (60.000 millones de euros), aumentando la aportación de las grandes corporaciones y las grandes fortunas, para situarse en la media de los países europeos. El segundo paso es cómo se distribuyen esos fondos entre las diferentes administraciones (central, autonómica, local) con un modelo de financiación autonómica justo para costear las competencias transferidas. Y el tercer paso debería ser comprobar que se están cumpliendo adecuadamente dichas competencias con los estándares de calidad exigibles.
Por ejemplo, en los últimos años se han transferido más recursos económicos a las CCAA, pero no se han destinado a la sanidad pública a pesar de su deterioro.
Los primeros traspasos de recursos para hacer efectiva la competencia sanitaria, a Cataluña, Andalucía y otras, se realizaron con carácter finalista. Se calcularon los recursos y los presupuestos que se estaban destinando en ese momento a sanidad, y se transfirieron a la Comunidad Autónoma para esa finalidad.
Sin embargo, en 1996 se aprobó un modelo de financiación autonómica con el traspaso de “cestas de tributos”, comenzando con el 30% del IRPF. Y en 2001 y 2009 se aprobaron nuevos acuerdos, con la cesión de 50% del IRPF, 50% del IVA, 58% de impuestos especiales, y otros tributos. La cuantía de los tributos cedidos y de los fondos complementarios debía ser suficiente para cubrir las necesidades de financiación de la sanidad y los otros servicios transferidos (educación, dependencia, etc.). Pero ya no eran finalistas.
Cada CCAA elabora sus presupuestos a partir de los ingresos previstos, y el parlamento autonómico los aprueba. Y cada gobierno autonómico es responsable de su ejecución. Es cada CCAA la que decide cuánto destina a sanidad pública, cuánto a gestión sanitaria privada, qué plantillas aprueba, con qué salarios, qué instalaciones construye y cómo las mantiene, etc., etc. El nuevo modelo de financiación autonómica, que se está discutiendo, debería garantizar que el dinero que es para sanidad pública va realmente a este fin y sea suficiente para garantizar la calidad y la equidad.
No es solo cuestión de recursos: la coordinación, la cohesión y la eficiencia del SNS.
Pero no es solo cuestión de más recursos. Además, es precisa una reordenación del sistema sanitario, con un refuerzo de la coordinación y de los instrumentos que garanticen efectivamente la universalidad y la calidad de la atención. Hay problemas estructurales del propio SNS que debemos solucionar. Podríamos decir que nuestro país es una estructura política Federal, sin estructuras de gobierno federales.
Cuando se aprobó la Constitución decidimos que la estructura del Estado se organizaría en un gobierno central y unas CCAA que se irían conformando a partir de las provincias vecinas. Así se crearon 17 Comunidades y dos ciudades autónomas. La propia Constitución determinaba una serie de competencias que podrían ser asumidas por las CCAA, entre otras, la sanidad. Por eso, cuando se discutió la Ley General de Sanidad, hubo un importante debate entre quienes defendían un Servicio Nacional de Salud (como el subsecretario Pedro Sabando), continuación del Instituto Nacional de la Salud, con una gestión integrada, bajo una jerarquía de gestión para todo el territorio nacional, y quienes, como el Ministro Ernest Lluch, defendían que en nuestra Constitución solamente encajaba un Sistema Nacional, con la gestión sanitaria transferida, y con mecanismos de cohesión y coordinación que garantizaran un trato igual para todos.
En los primeros años, los mecanismos de coordinación fueron suficientes. El Ministerio tenía una inercia importante de gestión integrada. El Insalud mantuvo, hasta 2002, la competencia sobre la asistencia sanitaria de 10 CCAA y disponía de unos Servicios Centrales de planificación, evaluación, e inspección, que permitían una homogeneidad en la mitad del territorio. Y sus esquemas de trabajo (en Atención Primaria, reforma de Salud Mental, conciertos, etc.) se tomaban como referencia en las CCAA transferidas. Pero, con el tiempo, la capacidad de coordinación y liderazgo del Ministerio de Sanidad se ha desdibujado.
Cada CCAA, a lo largo de los años, y en función de sus prioridades, ha ido perfilando su Servicio Regional de Salud. El aspecto positivo es que la autonomía permitió dar un impulso a la sanidad pública en toda España, sobre todo, en las CCAA que disponían de menos recursos, como Castilla-La Mancha. El aspecto no tan positivo es que los distintos Servicios Regionales han ido divergiendo, en parte por la financiación (gasto sanitario público per cápita con diferencias de hasta 40% entre una y otra), en parte por las orientaciones políticas (más gestión integrada o más gestión concertada), o la eficiencia en la gestión (con diferencias en tiempos de espera de más de tres veces entre una y otra CCAA). Al mismo tiempo, el Ministerio de Sanidad ha perdido fuerza y capacidad de ser referente. Su función de coordinación y fomento de la cohesión se ve debilitada progresivamente. La Alta Inspección está infra desarrollada, y el Ministerio no tiene capacidad real de verificar si se está garantizando la igualdad de trato y de atención en todo el SNS, y no tiene recursos para tomar medidas correctoras.
Por su parte, el Consejo Interterritorial del SNS es un organismo sin capacidad de tomar decisiones mediante voto vinculante, para que sean ejecutivas en todo el SNS. No hay un gobierno federal de la sanidad, cuando el modelo competencial es federal. El Consejo es más un mini-parlamento, pero no es un órgano ejecutivo. El Consejo Interterritorial debería contar con estructuras que permitieran, por ejemplo, disponer de sistemas de información eficaces, realizar compras conjuntas, evaluar la calidad y seguridad de los servicios, control público de las bases de datos informatizadas, políticas de personal homogéneas, grandes inversiones, etc., etc. Debería ser capaz de vertebrar el SNS.
Dejar que las cosas sigan igual no es bastante.
La inercia no es bastante para sostener el SNS. No aguanta. Porque enfrente hay intereses poderosos, económicos y políticos, que presionan continuamente con un marketing organizado de miles de millones de euros para privatizar la sanidad como en EEUU: Compañías de Seguros, entidades financieras, Farmaindustria, redes de hospitales privados, y potentes Fondos de Inversión multinacionales, quieren obtener otros 100.000 M€ anuales más de nuestros bolsillos. Porque la ciudadanía pagaría más y recibiría menos. Así, en EEUU, que es el modelo que quieren implantar, con sanidad mayoritariamente privada, el gasto sanitario es el doble que en España, pero para grandes enfermedades el paciente no puede pagar, para muchos medicamentos no puede pagar… Entonces se endeuda y se arruina. Es la primera causa de quiebra familiar. Y la EVN es de 5 años menos que en España.
El tablero de juego no es neutral; en este momento hay líderes políticos, como Trump, que están poniendo en riesgo la democracia y los derechos humanos. Unos líderes al servicio de las grandes corporaciones y sus propios intereses económicos. Es la política del nuevo populismo autoritario-liberal convertida en un show repleto de mentiras disfrazadas con medias verdades.
La sanidad pública, como otros derechos sociales, y como la propia democracia está en riesgo por los intereses económicos globales de unos pocos, y por decisiones políticas cómplices.
Cuando en 2004 le preguntaron a una de las personas más ricas del mundo si es verdad que se había terminado la lucha de clases, Warren Buffet contestó: desde luego que no, la lucha de clases existe, pero esta vez la hemos empezado nosotros, los capitalistas, y la vamos ganando. Pocos años después estalló la Crisis financiera de 2008. Como hemos visto, la crisis no penalizó a los más ricos por su brutal enriquecimiento, sino que trasladó los costes del desastre a los trabajadores y las clases medias, con recortes en servicios públicos, congelación de salarios, despidos y cierre de empresas. El capitalismo financiero global, a través de los Gestores de Fondos de Inversión y de las grandes corporaciones, como BlackRock, State Street, Vanguard, Fidelity, etc., tiene cada vez más fuerza, y en muchas ocasiones supera las capacidades de respuesta de gobiernos locales, nacionales o regionales.
No es suficiente con culpar a las CCAA gobernadas por el PP.
Me llamó la atención cuando en el Pleno del Congreso de los Diputados del pasado 12 de noviembre, el Presidente Sánchez denunció la corrupción inmoral de la privatización de servicios públicos que “… se sufre a diario. En las listas de espera … los hospitales masificados…, y en los bolsillos de millones de hogares”. Y añadía: “El patrón es claro. Allí donde gobierna la derecha, con el apoyo de la ultraderecha, debilitamiento y venta de la sanidad pública. Lo que quieren es que los servicios se degraden, que las listas de espera se alarguen más allá de lo humanamente aceptable, hasta que a la ciudadanía no le queda más remedio que irse a una clínica privada pagada con los impuestos de todos o con el dinero de su propio bolsillo”. Y, a su vez, en la misma comparecencia, el Presidente afirmaba que en los últimos siete años se habían transferido 300.000 millones de euros más “para financiar los servicios públicos que están en manos de las CCAA”.
La pregunta que yo le haría al Presidente es: ¿el gobierno de España no puede hacer nada frente a esta situación? Es cierto que la gestión sanitaria está transferida a las comunidades autónomas (CCAA), que hoy el PP gobierna en la mayor parte de éstas, y que deben responder de su mala gestión. Pero conviene recordar también que el sistema de financiación, el catálogo de prestaciones, la política de medicamentos, la coordinación y planificación general de la sanidad, la alta inspección y otras funciones importantes del Sistema Nacional de Salud (SNS) son competencia del gobierno y del Parlamento de la Nación.
La salvación del SNS no depende solamente de una mejor gestión de las CCAA, depende, también, del liderazgo del gobierno de España, asegurando, por un lado, recursos suficientes en el nuevo modelo de financiación autonómica y, por otro lado, favoreciendo un gobierno del Sistema más eficiente con los cambios estructurales precisos.
La encrucijada: ¿seguimos a la deriva o refundamos el SNS?
Estamos en una encrucijada. Hay varios caminos posibles. Seguir como estamos, dejando que avance la privatización en la financiación y la gestión de la sanidad, o reforzar el sistema sanitario público, reforzar y consolidar el SNS refundándolo para corregir sus insuficiencias y afrontar los retos de futuro. Es preciso tomar un rumbo acertado. Y, si nos lo proponemos, es posible.
A mi juicio ese proyecto debería comprometer actuaciones en 5 áreas:
1.Mejorar el gobierno del sistema, la coordinación y la eficiencia. Reforzar el MS en su función de coordinación y fomento de la cooperación, con dotación de medios suficientes. Reforzar el Consejo Interterritorial del SNS con capacidad técnica y decisiones vinculantes.
2.Financiación pública suficiente para garantizar un sistema Universal, y unas prestaciones completas y de calidad.
Destinar a sanidad pública 20.000-25.000 M€ anuales más; aumentando el GSPúb al 8,5-9% del PIB. Distribución a CCAA mediante modelo de financiación que puede (deseablemente) ser finalista para la sanidad (al menos en los fondos adicionales) y, en todo caso, establecer objetivos de calidad, estándares de recursos y de resultados, y sistemas de control y corrección, incluyendo si es preciso la aplicación del art 155 de la Constitución, que permite al Gobierno central adoptar medidas necesarias para forzar a una CCAA a cumplir sus obligaciones legales (como es el derecho efectivo a una atención sanitaria de calidad y equitativa).
3.Recursos Humanos adecuados a la necesidad, bien formados, y con una organización del trabajo eficaz y eficiente. Que puedan hacer frente al aumento de la demanda, con tiempos de espera reducidos, y tiempos de atención por paciente adecuados al problema de salud. Personal bien retribuido, con formación sin patrocinio de la industria, con incentivos para poder cubrir todas las necesidades en los diferentes horarios. Y un sistema de incompatibilidades y prohibición de puertas giratorias, con los estímulos laborales apropiados.
4.Política farmacéutica eficiente. Reducir precios abusivos en medicamentos para ahorrar 11.500 M€ anuales (equivalente a más de 100.000 profesionales sanitarios). Reducir sobre-diagnóstico y sobre-prescripción (20-30%). Asumir el control de la formación continuada y las prioridades de investigación. Desarrollar una Plataforma pública de investigación y otra Plataforma pública de fabricación y compra (para terapias avanzadas, medicamentos esenciales, y reserva estratégica).
Y reducir progresivamente los copagos hasta su eliminación y fomento de la educación sanitaria.
5.Gestión mayoritariamente pública de los recursos sanitarios. Reforzar las inversiones y la contratación de personal en los centros públicos. Eliminar las concesiones y conciertos de varios años de duración con la sanidad privada, ya que se convierten en productos financieros y ponen en riesgo la estabilidad del SNS. Utilizar conciertos de forma excepcional, con centros sin ánimo de lucro preferentemente, y con un fuerte control público. Integrar al personal de Muface, Isfas y Mugeju en el sistema general. Y suprimir las desgravaciones fiscales de las pólizas de seguros sanitarios privados de empresa o particulares.
Muchas de estas medidas se aprobaron en julio de 2020 por el Congreso de los Diputados en el Dictamen para la reconstrucción económica y social, con un amplio respaldo parlamentario (incluyendo en este caso al PP), y son perfectamente viables. Así mismo, el Informe del Consejo Económico y Social, citado anteriormente, (al que se sumaron los empresarios), recoge muchas de estas propuestas. Dicho informe, propone el marco de un nuevo pacto social por la sanidad pública que implique a todas las fuerzas políticas y a todos los sectores de la sociedad.
Es fundamental que el Gobierno de España, con una perspectiva progresista, lidere una ambiciosa estrategia de reconstrucción del Sistema Nacional de Salud, con un programa integral, de corto, medio y largo plazo, que vuelva a lograr el aprecio de la población hacia su sanidad pública.
Sin duda el momento político es muy complicado, pero conviene tener presente que un extraordinario logro social de varias generaciones, nuestro Sistema Nacional de Salud, está hoy realmente en riesgo de desmontaje progresivo.
Hace falta impulsar la refundación del SNS con movilización social en cada lugar, en cada región, en cada país, y en toda Europa.
¿Qué podemos hacer nosotros?
Es posible que mi diagnóstico sobre el SNS esté equivocado o sea exagerado. Pero si estoy en lo cierto, deberíamos reaccionar antes de que sea demasiado tarde.
Y sin embargo no es fácil por varias razones:
Las diferentes orientaciones y prioridades de los partidos políticos.
La inercia del modelo autonómico y las pulsiones independentistas o confederales de algunas autonomías dificultan la construcción de modelos de coordinación más fuertes, así como la asignación finalista de recursos y sistemas de control y corrección eficaces.
Otra razón es que el deterioro de la sanidad es progresivo, pero es lento. No hay una sensación de desmontaje radical, una sensación de urgencia. Y la reacción de muchas personas es la de buscarse la vida.
El que puede paga una consulta privada o un seguro, el que no, va a urgencias del hospital, y si acaso, intenta buscar algún amigo sanitario para que le eche una mano. Pero muchos no tienen conciencia del peligro de desmontaje de la sanidad pública.
Al mismo tiempo, influye la presión política y mediática de los intereses privados en sanidad, las constantes acciones de lobby y la propaganda a todos los niveles para promocionar los seguros y la sanidad privada, mientras se cuestiona y desprestigia a la sanidad pública.
Y, además, lógicamente, hay otros problemas que los gobiernos deben afrontar, como la vivienda, el empleo, las guerras, o las infraestructuras ferroviarias, y la sanidad no parece tan urgente, y por eso se adoptan medidas parciales, aisladas e insuficientes.
Entonces ¿Cómo llamar la atención de los gobiernos y animarles a que aborden esta cuestión de forma integral y decidida?
Es preciso desarrollar y reforzar una confluencia de fuerzas progresistas con Plataformas locales, autonómicas y nacional, que diseñen una serie de acciones de incidencia política para animar al gobierno de España y los gobiernos autonómicos a poner en marcha la refundación del SNS. Para que sitúen esta refundación como una prioridad.
Probablemente las organizaciones con más posibilidad real de movilizar a la ciudadanía sean las centrales sindicales mayoritarias. Tienen una estructura fuerte y buenos equipos técnicos. Y una base de afiliados importante. Seguramente de ahí debería partir la toma de conciencia colectiva y el esfuerzo de movilización, como ya ocurriera en los comienzos del movimiento obrero y la lucha por los derechos sociales.
Desde esta base se pueden promover Plataformas en defensa de la sanidad pública, como las que impulsa la FADSP, sumando a asociaciones vecinales, como la del Polígono San Antón, asociaciones de consumidores, profesionales sanitarios, organizaciones de jubilados, el CERMI y las asociaciones de personas con discapacidad, las mareas blancas y otras...
En este sentido, destacar que en los últimos dos años ha habido un aumento de movilizaciones en defensa de la sanidad pública (frente al aumento de listas de espera y deterioro de la calidad de los servicios): en Andalucía, Madrid, Murcia, Galicia, Aragón o Castilla y León. Falta vertebrar y estructurar esos movimientos.
Cada una y cada uno de nosotros, en nuestro ámbito, podemos hacer algo. Lo primero es tomar conciencia del problema, y luego, en la medida de nuestras posibilidades, participar en las acciones en defensa de la sanidad pública que se vayan planteando.
A veces parece imposible que se puedan cambiar las cosas. Pero en muchos momentos hemos demostrado que sí es posible cambiar. Hemos visto cómo se podía crear un sistema sanitario público, y cómo se podía mejorar sensiblemente la sanidad de la población en España por delante de otros países con mayor poder económico. Estoy convencido de que juntos podemos.
Se atribuye a Eduardo Galeano la frase: Muchas personas pequeñas, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo. Pues yo estoy de acuerdo, muchas personas pequeñas, como nosotras y nosotros, haciendo cosas pequeñas, cada una en nuestro ámbito, podemos cambiar el mundo. Así que mucho ánimo y adelante.
Referencias.
OECD. Mortalidad evitable (prevenible y tratable). 2023.
https://www.oecd.org/en/publications/health-at-a-glance-2025_8f9e3f98-en/full-report/avoidable-mortality-preventable-and-treatable_e2e21c0b.html
Barómetro Sanitario, tercera oleada 2025. Noviembre. https://www.cis.es/es/estudios/barometro-sanitario-2025-tercera-oleada-?cuestionario=18010&muestra=26369&pregunta=657578&variable=1094813&chartType=bar
Barómetro CIS diciembre 2025. https://www.cis.es/es/w/avance-de-resultados-del-estudio-3536-bar%C3%B3metro-de-diciembre-2025-
Dictamen para la reconstrucción social y económica. https://www.congreso.es/docu/comisiones/reconstruccion/153_1_Dictamen.pdf
https://www.infolibre.es/politica/sanchez-denuncia-oposicion-destructiva-corrupcion-inmoral-privatizacion-servicios_1_2096337.html
https://elpais.com/opinion/2023-01-25/el-sistema-nacional-de-salud-necesita-una-refundacion.html
https://www.hacienda.gob.es/ca-es/prensa/noticias/noticiaspdf//21.pdf#:~:text=De%20hecho%2C%20durante%20los%20siete%20a%C3%B1os%20de,las%20CCAA%20durante%20la%20etapa%20del%20Gobierno
https://elpais.com/economia/2025-11-17/hacienda-presentara-a-principios-de-2026-una-propuesta-de-reforma-del-sistema-de-financiacion.html
Barómetro CIS diciembre 2010. Barómetro CIS diciembre 2025. https://www.cis.es/es/w/avance-de-resultados-del-estudio-3536-bar%C3%B3metro-de-diciembre-2025-
Hacienda propone un nuevo modelo de financiación.
https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/hacienda/paginas/2026/090126-modelo-financiacion-comunidades.aspx
Ministerio de Hacienda. Deuda. Transferencias.
https://www.hacienda.gob.es/ca-es/prensa/noticias/noticiaspdf//21.pdf#:~:text=aut%C3%B3nomas%20habr%C3%A1n%20recibido%20300.000%20millones%20de%20euros,propuesta%20%E2%80%9Chist%C3%B3rica%E2%80%9D%20que%20dotar%C3%A1%20%E2%80%9Cde%20m%C3%A1s%20autonom%C3%ADa
Blindaje de la sanidad pública.
https://diariofarma.com/2025/09/03/el-gobierno-fija-el-blindaje-de-la-universalidad-del-sns-como-prioridad-de-los-pge-2026
SATSE. Financiación finalista
https://www.satse.es/notas-prensa/-/v/85301/financiacion-finalista-sanidad
Andreu Mas Colell. Financiación autonómica.
https://elpais.com/espana/catalunya/2024-09-08/andreu-mas-colell-no-hay-que-pensar-tanto-en-la-financiacion-de-las-autonomias-sino-de-la-sanidad-y-la-educacion.html